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76 En la muerte de Juan Pablo II DOMINGO 3 4 2005 ABC ESCRITOS Juan Pablo II ha escrito 14 encíclicas dirigidas a los fieles católicos, que abordan todos los aspectos significativos de la vida cristiana, desde la pobreza a las relaciones entre fe y razón, pasando por la defensa de la vida Un Pontificado prolijo de doctrina POR JUAN FERNÁNDEZ- CUESTA J. B. Juan Pablo II ha sido prolífico en muchos aspectos, uno de ellos el de escritor. Algunos de sus críticos llegaron incluso a afirmar que el Vaticano parecía una fábrica de producción literaria. Sin embargo, todo este trabajo no ha sido en vano. El Papa sabía que estaba influyendo no sólo en el presente, sino también en el futuro, pues su doctrina queda ya incorporada al patrimonio de la Iglesia. En total, han sido 13 las encíclicas de su Pontificado, que han abordado muy diversos temas, desde la pobreza a la relación entre fe y razón. Redemptor Hominis 4 de marzo de 1979 En esta primera encíclica, Juan Pablo II traza las líneas fundamentales de su Pontificado, recalcando el misterio de la Redención realizado en Cristo e invitando al hombre a la comunión con Dios como camino de realización personal. Cristo es el centro de la historia y con su redención ha arrastrado al hombre hasta hacerlo hijo de Dios. La Iglesia tiene, por tanto, una única misión: hacer que todo hombre pueda encontrar a Cristo. Y en esta actividad misionera, que se cumple en la historia, la Iglesia no puede ser detenida por nadie La Iglesia, promete Juan Pablo II en la Redemptor hominis no puede abandonar al hombre Para cumplir su tarea ha de transmitir íntegramente la fe, impulsar la participación eucarística y acercar a los fieles al sacramento de la penitencia. Con esta encíclica, quizá la más personal, la que le urgía antes que nada poner en circulación para que todos los católicos pudieran saber cuál era su pensamiento, el Santo Padre intentó vencer los recelos que había provocado su elección. Desde el Renacimiento, Dios había sido presentado como un rival del hombre hasta el punto de que algunos filósofos y teólogos llegaron a pensar que era necesario suprimir a Dios de las motivaciones humanas para que el hombre pudiera ser verdaderamente libre y autónomo. El Papa quiso con esta encíclica mostrar cuál iba a ser su camino: Cristo volvía a estar en el centro del interés del hombre. Estaba como Dios, pero también como hombre, pues de ambas naturalezas disfrutaba. Estaba, sobre todo, como redentor del hombre, alguien a quien el hombre no debía temer. Dives in Misericordia 30 de noviembre de 1980 Para Juan Pablo II, las computadoras no han programado aún la misericordia y, sin ella, el mundo está abocado a su autodestrucción, el corazón humano se muestra insensible y el hombre se convierte en un autómata al que no se le permiten más errores que los programados. La mentalidad contemporánea- -dice el Papa- -parece oponerse al Dios de la misericordia y tiende, además, a orillar de la vida y del corazón humano la idea misma de misericordia El progreso humano tienta al hombre a sentirse dueño de sí mismo y de la Naturaleza. Sin embargo, se siente amenazado como nunca y se dirige, yo diría, casi inconscientemente a la misericordia divina. En el misterio pascual muerte y resurrección de Cristo es donde mejor se manifiesta la misericordia divina. Para el Papa, la proclamación de esta misericordia es fundamental. Si el dogma y la moral no se cambian, como debe ser, el hombre puede sentirse aplastado por normas cada vez más difíciles de cumplir debido a la permisividad creciente del entorno. Sólo una imagen misericordiosa de Dios, que haga comprender al ser humano que aunque peque puede seguir teniendo esperanza, equilibra y da paz al corazón. De lo contrario, la tentación resulta casi irresistible y el camino que muchos eligen es negar que ciertas cosas son pecado. Laborem Excercens 14 de septiembre de 1981 Las 14 encíclicas de este Papa giraron en torno a la dignidad del hombre y la relación fe- razón Ecclesia de Eucharistia firmada el Jueves Santo de 2003, fue el último escrito de este tipo del Papa Primera encíclica social de un Papa que había sido obrero industrial. Habla del papel indispensable de los sindicatos en la vida social, de la participación del obrero en la gestión productiva y en la propiedad de la empresa y de la superación de las doctrinas laborales de capitalismo y del marxismo. El hombre, afirma el Papa como persona, es sujeto de su trabajo; realiza acciones pertenecientes al proceso del trabajo. Éstas, independientemente de su contenido objetivo, han de servir a la realización de su humanidad. El Papa acusa en la encíclica al capitalismo y al marxismo de ser economismos y materialismos es decir, de contemplar el trabajo humano primordialmente según su finalidad económica, en el sentido objetivo de producción de bienes materiales, y posponer los valores humanos. No se trata, en las pretensiones del Papa, de ofrecer la doctrina social de la Iglesia como una especie de tercera vía alternativa a ambos sistemas, sino de recordar que ambos tienen limitaciones y que, para superarlas, el hombre debía ser considerado como el valor más importante en las relaciones laborales. El hombre es sagrado y como tal debe ser tratado, también en el trabajo, también a la hora de producir. Slavorum Apostoli 2 de junio de 1985 Coincide este documento con el mil cien aniversario de la muerte de San Metodio, el evangelizador de los pueblos eslavos. Se centra en las relaciones entre católicos y ortodoxos y en la situación de las naciones sometidas al comunismo. En el momento de ser publicada esta encíclica las relaciones entre las dos Iglesias católica y ortodoxa eran excelentes. Por un lado, los rusos vivían bajo la dictadura y necesitaban el oxígeno que venía de Occidente; por otro, en Turquía y demás naciones islámicas, se vivía el agobio creciente del fundamentalismo. Sin embargo, las cosas cambiaron a peor tras la liberación del marxismo, sobre todo a raíz de los conflictos con los católicos ucranianos de rito oriental, que reivindicaron todo lo que les había sido usurpado y que estaba en manos ortodoxas.