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ABC DOMINGO 3 4 2005 En la muerte de Juan Pablo II 75 La paz requiere reconocer en el otro a un hermano al que hay que amar sin condiciones dijo el Papa antes de la guerra de Irak lizada Europa fue la misma que en el caso de la Guerra del Golfo: defender la causa de la justicia y de la paz por todos los medios posibles y, sólo ante la evidencia de la masacre cometida contra miles de víctimas indefensas, reclamar una acción mundial más eficaz. Los políticos y el Papa Irak: la última batalla El compromiso de Juan Pablo II para evitar la guerra tuvo especial plasmación en el ataque de Estados Unidos a Irak en 2003. En contra de la mayoría de los mandatarios mundiales (a quienes recibió o envió delegados) la condena de Karol Wojtyla a la guerra preventiva le convirtió en un icono para la inmensa mayoría de la sociedad occidental, contraria al conflicto bélico. Además de las palabras, el Papa llamó a todos los creyentes del mundo, no sólo a los católicos, a orar juntos por la paz. Con el conflicto a punto de estallar, el Pontífice pidió multiplicar los esfuerzos a favor de la paz, pues no nos podemos detener ante los ataques del terrorismo, ni ante las amenazas que se alzan en el horizonte Es cada vez más urgente anunciar el Evangelio de la paz a una humanidad tentada fuertemente por el odio y la violencia afirmó el Santo Padre. No hay que resignarse, como si la guerra fuera inevitable insistió. La paz requiere reconocer en el otro a un hermano al que hay que amar sin condiciones. Esta es la senda que conduce a la paz, un camino de diálogo, de esperanza, y de sincera reconciliación Gestos de paz se dan en la vida de personas que cultivan en su propio ánimo constantes actitudes de paz añadió el Santo Padre. Los esfuerzos de Juan Pablo II no sirvieron para parar la guerra, pero sí para dejar clara una postura coherente contra la violencia, que marcó todo su Pontificado. ABC su esperanza de que la experiencia del primer día de guerra le llevara a un gesto valiente que acortara el enfrentamiento. El Papa siguió mediando en el conflicto mientras éste duró y, aunque sus palabras no fueron aparentemente escuchadas, e incluso causaron malestar en los Gobiernos occidentales implicados en la lucha, el Santo Padre no cejó en su empeño por conseguir una solución pactada que devolviera a Kuwait la libertad y que sirviera para resolver, de una vez por todas, los problemas de una zona altamente conflictiva. La situación en la ex Yugoslavia se había ido deteriorando rápidamente desde que dos de las Repúblicas Eslovenia y Croacia habían decidido proclamar la independencia. La Santa sede no dudó en apoyar los derechos de esas dos futuras naciones, de mayoría católica, en un gesto que fue considerado por unos como valiente y justo, y por otros, como precipitado. El volcán de los Balcanes Pero la proclamación de la independencia no fue suficiente para que las cosas marcharan bien. De hecho, el complicado mapa étnico de la región, con minorías de las tres razas y de las tres religiones presentes en cada una de las Repúblicas balcánicas, hacía muy difícil establecer una frontera segura y cierta. Así, los serbios que vivían en Croacia, ayudados por el Ejército de la ex- Yugoslavia que había quedado casi en su totalidad en manos de Serbia se proclamaron independientes; lo mismo hicieron después los serbios de Bosnia; ambas Repúblicas quedaron muy disminuidas en sus territorios. Además, para favorecer la implantación de una sola raza en la zona, que se pretendía anexionar a la llamada Gran Serbia se procedió a una brutal limpieza étnica, con deportaciones masivas, asesinatos, violaciones y todo tipo de vejaciones sobre las minorías, para conseguir de éstas que, voluntariamente o a la fuerza, abandonaran el país. Mientras, la comunidad internacional, sobre todo las naciones europeas, se mostraban pasivas. Dudaban si intervenir o no en un conflicto que podía ser tan sangriento como el del legendario Vietnam. El bloqueo económico, burlado continuamente, no sirvió más que para poner de manifiesto la ineficacia de ese tipo de medidas. La actitud del Papa ante este vergonzoso conflicto en el mismo corazón de la civi- A lo largo de su Pontificado, Juan Pablo II coincidió con centenares de mandatarios, quienes le reconocieron como un líder mundial sin parangón en una época marcada por un mundo cada vez con menos barreras y más dificultades. Uno de los que más trató con Karol Wojtyla fue Mijail Gorbachov. El ex presidente ruso, responsable de la apertura de la extinta URSS, afirmaba que hoy podemos decir que todo lo que ha ocurrido en Europa Oriental no habría sucedido sin la presencia de este Papa. Juan Pablo II ha jugado un papel decisivo Por su parte, el líder de Solidaridad Lech Walesa, decía que en el Pontífice he encontrado al hombre de la confianza, al hombre cuya certeza de la existencia de la gracia divina se transmite enseguida a los demás. Toda su figura, sus gestos, el modo mismo con que se inclina, expresan confianza. Esta confianza se trasluce incluso en la manera de moverse, como si abrazara, caminando, a toda la tierra Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, en un encuentro de los muchos que mantuvo con Su Santidad, subrayó que el mundo entero sabe que cuenta con Vuestra atención y Vuestro amor, porque habéis consagrado Vuestra Vida al servicio. Esto es lo que hace que Vuestra presencia sea deseada en todas partes, que vaya sembrando esperanzas, ansias de que se apague el odio y nazca la voluntad de un fraterno modo de vivir El ex presidente ruso Boris Yeltsin es saludado por Wojtyla a su llegada al Vaticano en febrero de 1991. Ésta sería la última audiencia privada que el Pontífice mantendría con el antecesor de Putin en el Kremlin ruso. Su Majestad el Rey Don Juan Carlos y el Papa mantuvieron siempre una estrecha relación, algo que se dejó notar en las mutuas muestras de cariño que se prodigaron en las cinco visitas que el Pontífice realizó a España. El presidente de EE. UU, George Bush, se encontró con Juan Pablo II en mayo de 2002 con motivo de la crisis desatada en el seno de la Iglesia católica estadounidense por supuestos abusos sexuales de unos sacerdotes a varios menores.