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72 En la muerte de Juan Pablo II DOMINGO 3 4 2005 ABC SU OBRA (Viene de la página anterior) tres etapas. Hubo una primera época que duró desde su elección hasta el atentado; es decir, desde ese 16 de octubre de 1978 hasta el 13 de mayo de 1981, fiesta de la Virgen de Fátima, día en el cual Alí Agca intentó cambiar el curso de la historia y una mano del cielo desvió a tiempo el curso de la bala. En esta primera etapa se produjo, según los historiadores, una siembra ansiosa, apresurada, como si el tiempo se le fuera a escapar al nuevo Papa en cualquier esquina de uno de sus múltiples viajes. Se aplicó una especie de terapia de choque algo parecido a lo que sucede cuando un automóvil va en una dirección equivocada y hay que dar un volantazo. No se trató de una marcha atrás, ni de un giro de noventa grados, pero sí de un reorientar el rumbo de la barca de Pedro. tos, sometidos a las presiones de los medios de comunicación y de esa ética hecha más por lo que desea la mayoría que por la bondad o malicia consustanciales de las cosas. Labor de gobierno Pero no sería objetivo hacer un análisis del Pontificado de Juan Pablo II sin referirse a los conflictos que han entreverado cada año y casi cada día de su gobierno. Una labor de gobierno que se podría resumir en tres aspectos: nombramiento de obispos, postura dialogante pero firme ante los problemas y nueva evangelización. Muchas han sido las presiones ejercidas sobre el Papa para que modificara el sistema de nombramientos episcopales, reclamando una especie de democracia en la Iglesia que habría hecho de los nombramientos una cuestión de presiones públicas y de campañas feroces en los medios de comunicación. En cuanto a la actitud frente a otro tipo de problemas, como los planteados con determinados teólogos o los relacionados con el ecumenismo, hay que reconocer que, en cierto modo, han logrado empañar ante la opinión pública la imagen del Papa, haciéndole pasar como un retrógrado. A pesar de las críticas, desde el Vaticano se ha seguido animando a los obispos a que no hiciesen cesión de su misión de pastores y a que retirasen de las cátedras a todos aquellos profesores que no estaban enseñando lo que la Iglesia consideraba como verdadero tanto en dogma como en moral. El muro derribado La segunda etapa de esta historia se sitúa entre la recuperación del atentado y la caída del muro de Berlín, en 1989. El Papa aprieta el acelerador, sobre todo contra el marxismo, sin olvidar en ningún momento el otro enemigo que la Iglesia tiene delante: el insidioso hedonismo que se despacha en las boutiques capitalistas a precios de saldo. Por donde va, el Papa grita sus verdades, que son las del Evangelio, poniendo firmes a ministros sandinistas tanto como a dictadores iberoamericanos vestidos de generales Pinochet y Stroessner Por donde va, deja claro que no quiere una Iglesia apocada, dedicada a la conservación de lo adquirido, sino lanzada a la misión. Es la época de la nueva evangelización grito con el que él convoca a un despertar apostólico de cara a la llegada del año 2.000. Pero también es la época de la clarificación, del poner en su sitio a los teólogos progresistas que le acusan de ser medieval y oscurantista. Es la época, en definitiva, de defender abiertamente valores que parecían trasnochados, como los de la vida, la familia o la justicia. Después, la tercera etapa, se extendería hasta ayer, último día de su vida. En ella se habría iniciado ya el declive físico del Pontífice, agotado por el esfuerzo inmenso realizado, herido internamente por las consecuencias del atentado, afectado también por luchas internas en la Iglesia. Pero ésta es una época de recogida de frutos. Frutos como los de la jornada de la ju- Juan Pablo II sintió durante toda su vida una especial predilección por los más jóvenes ba, Vietnam y la propia China. El enemigo que el Papa se habría propuesto derribar ahora sería el muro del secularismo, esa terrible tentación tan arraigada en el Occidente poscristiano que hace vivir a los hombres como si Dios no existiese Las encíclicas sociales, sobre todo la Sollicitudo rei socialis y la Centesimus annus fueron golpes dirigidos con el mascarón de proa. De grueso calibre ha sido también la campaña dirigida contra la mismísima ONU para impedir que en la Conferencia de El Cairo se apruebe la recomendación del aborto como planificación familiar. Pero es probable que el Papa no pase a la historia por sus encíclicas, sino por algo que sin ser suyo, porque es colectivo, es su obra maestra: el nuevo Catecismo, la piedra angular sobre la que se apoya el edificio de certezas que él ha queri- REUTERS El Gran Jubileo del Año 2000 trajo consigo una inmensa puerta abierta al futuro ecuménico ventud en Santiago de Compostela, donde se congregaron medio millón de jóvenes; o el millón de Czestochowa, el millón de Denver, los cuatro millones de Manila o el millón de París. do ofrecer a una época rica en dudas y contradicciones. Reclamado por los propios obispos en uno de los Sínodos el dedicado a conmemorar el Vaticano II significa la compilación y puesta al día de lo esencial del dogma y la moral católicas, para evitar así la progresiva difuminación de valores y concep- Edificio de certezas Frutos como las hornadas crecientes de sacerdotes tras larguísimos años de sequía. Frutos como la unidad en el seno del colegio episcopal, la mayor parte del cual ha sido ya nombrado por él en los años precedentes de gobierno. El enemigo del Papa en esta tercera etapa ya no sería el comunismo, que arrastra una agonizante y aún cruel existencia en reliquias como Cu- Junto a Madre Teresa de Calcuta, una de las grandes confidentes de este Papa