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70 En la muerte de Juan Pablo II DOMINGO 3 4 2005 ABC BIOGRAFÍA (Viene de la página anterior) Los poderosos del mundo empezaron a viajar con frecuencia al Vaticano. La reina Isabel II de Inglaterra, jefe de la Iglesia Anglicana, acudió en octubre de 1980. Al mes siguiente veía la luz la segunda encíclica, Dives in Misericordia destinada a corregir la imagen popular de un Dios justiciero y terrible revelando su rostro misericordioso y compasivo. El año 1981 quedó marcado por el atentado del 13 de mayo, al que Juan Pablo II sobrevivió por un milagro que atribuyó a la Virgen de Fátima. Si bien Alí Agca no logró matarle, el atentado y sus secuelas asestaron un golpe irreparable a la fortaleza física del Papa. Cuatro días más tarde, desde su cama del hospital Gemelli, consiguió rezar el Angelus dominical con los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro. Aunque su voz era un hilo muy débil, sus últimas palabras fueron claras: Rezo por el hermano que me ha herido, a quien sinceramente he perdonado Tres años mas tarde, el Papa de la reconciliación iría a charlar a solas con Agca en su celda de Rebibbia. postela el 9 de noviembre de 1982. En 1983, el Pontífice aprovechó el quinto aniversario del nacimiento de Lutero para dirigir una carta a los fieles evangélicos y mantener encuentros con la comunidad reformada de Roma. Era un camino que llevaría, en octubre de 1999, a la firma de un acuerdo teológico con la Federación Luterana Mundial sobre la doctrina de la justificación por la fe. Pocos meses antes, la Santa Sede y la Iglesia Anglicana habían hecho público un documento sobre El don de la Autoridad que establecía la colaboración con Roma. Embajador del mundo El año 1984 se inició con la apertura de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, que desdeñaba, desde su nacimiento, al Vaticano. Más adelante seguirían el mismo camino Israel y un centenar de países. A su llegada, sólo 68 países mantenían relaciones diplomáticas con la Santa Sede. En enero de 2003, el Papa dirigía su discurso anual sobre el estado del Mundo a 175 embajadores acreditados. Año tras año, Karol Wojtyla continuó sus correrías por todo el mundo hasta superar el centenar, pero el viaje de más alcance histórico fue quizá el más corto: la primera visita de un Papa a la sinagoga de Roma, situada a un par de kilómetros del Vaticano. Como siempre, aquel paso de 1986 era el inicio de un camino y, en marzo de 2000, Juan Pablo II se convirtió en el primer Papa que regresaba a Jerusalén después de la persecución que obligó a huir a Pedro de Betsaida. La oración silenciosa ante el Muro y su gesto de introducir en una grieta una plegaria escrita, como hacen los judíos piadosos, fue el mejor símbolo de reconciliación. Cuando Juan Pablo II se alejaba, un ministro israelí no pudo contener su curiosidad y se precipitó a leer la nota del Papa. Era la petición de perdón a Dios por las ofensas de los cristianos a los hermanos mayores judíos a lo largo de los siglos. Juan Pablo II a utilizar un bastón mucho antes de lo normal. En vísperas del Año Santo, la dificultad para caminar hizo necesario el uso de una plataforma móvil para los desplazamientos por el pasillo central de la Basílica de San Pedro. Desde 2002, la artrosis de rodilla le obligó a llevar un artilugio similar en los viajes internacionales e incluso a utilizar una plataforma elevadora para subir y bajar del avión. Aun así, lo asumía con naturalidad; Juan Pablo II no tenía reparo en añadir cada vez más objetos para compensar su debilidad física, ya fuese la tablilla inclinada que sostenía los papeles del discurso entre los brazos de su sillón o los apoyos para afianzarse en el balcón de su estudio a la hora del Angelus dominical. Unidad de los cristianos Después de lanzar un llamamiento a la unidad de los cristianos con la encíclica Un Unum Sint de 1995, Juan Pablo II inició en Rumanía en 1999 la primera visita papal a un país ortodoxo desde el cisma de 1054. Poco a poco, logró completar la lista de patriarcados con la excepción del más importante: Moscú. Entre los grandes preparativos del Año Santo de 2000 se incluyó la convocatoria de sínodos de obispos para cada uno de los continentes. Aquel Año Jubilar fue el mayor de la historia, y el primero verdaderamente mundial. Muchos miembros de la Curia temían que el Papa no sobreviviese al ritmo agotador de viajes, encuentros y ceremonias. Pero el anciano Pontífice consiguió no faltar a ninguna cita y continuó sus peregrinaciones en 2001, realizando en Atenas la primera visita de un Papa a Grecia y, en Damasco, la primera a una mezquita. A veces, cuando alguien le suplicaba que aminorase el ritmo de sus viajes, Juan Pablo II respondía: Tengo que seguir. Soy el sucesor de Pedro, pero también el de Pablo Fue un Apóstol viajero. Los que Jesús llamó tampoco se paraban a descansar. Puertas de China La hospitalización y convalecencia fueron muy largas, pero Juan Pablo II consiguió publicar el 14 de septiembre su tercera encíclica, Laborem Exercens sobre el trabajo humano, recibida con interés por estudiosos de todo el mundo. En 1982, el Papa llamó en público a las puertas de China, siendo respondido con el silencio y el desdén. Pekín continuó la represión religiosa y Occidente dejó de protestar a medida que sus intereses económicos prevalecían sobre la defensa de los derechos humanos. Juan Pablo II no logró evitar la guerra de las Malvinas, pero visitó Gran Bretaña y Argentina para ayudar a ambos pueblos a reconciliarse. La audiencia a Yasser Arafat en septiembre y la canonización de Maximiliam Kolbe en octubre abrieron un otoño que incluyó el primer viaje a España, que culminó en el llamamiento a la unidad de Europa desde Santiago de Com- La debilidad de los últimos años impidió al Pontífice seguir dando largos paseos, una de sus aficiones predilectas Contra la opinión casi unánime de los cardenales, Juan Pablo II convocó a los líderes de todas las religiones a rezar juntos por la paz en Asís en 1986. El gesto se repitió tres veces, confirmando el primado del Papa entre todos los líderes religiosos de buena voluntad. El tercer encuentro- -celebrado el año 2002 como respuesta al atentado contra las Torres Gemelas- -concluyó con la promesa común de enseñar la paz: que nunca la religión sirva de coartada para la guerra o el terrorismo. La visita del Papa al Parlamento Europeo en 1988 inclu- AFP yó un memorable llamamiento a no olvidar la otra mitad del continente, que vivía sin libertad: Europa debe respirar con sus dos pulmones Parecía un sueño imposible pero, diez años más tarde, se desplomaban como fichas de dominó el muro de Berlín, el Pacto de Varsovia y la Unión Soviética. El comunismo desaparecía de Europa. Con el paso de los años, las secuelas del atentado, el tumor de 1992 y los primeros síntomas del parkinson pasaron una factura cada vez mayor. La rotura del fémur en 1994 y la mediocre instalación de una prótesis condenaron a En 2002, el Papa visitó por última vez Polonia, su tierra natal. El momento más emotivo se vivió el 18 de agosto, cuando el Pontífice reunió en Cracovia a más de 2,5 millones de fieles, la mayor concentración de la historia. En mayo de 2003 Karol Wojtyla realizó su última visita a España. Fue Madrid en esta ocasión la ciudad que le acogió durante dos días repletos de muestras del cariño que profesó a España y, sobre todo, a los jóvenes. En 2005, cumplido el vigesimosexto año de su Pontificado, Juan Pablo II falleció siendo el tercer Pontífice más longevo de la historia de la Iglesia católica. En el recuerdo quedará siempre su legado de comprensión y tolerancia para con los más débiles, y haber hecho del mundo su parroquia.