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ABC DOMINGO 3 4 2005 En la muerte de Juan Pablo II 57 AP Walesa reza por el Papa Wojtyla AP dad: Es que es la reina de Polonia en referencia a la celebérrima Virgen Negra de Czestochowa. Cuando la caótica política, las tretas de sus vecinos y el fracaso de su república de nobles, la Iglesia aprovechó el vacío para nombrar a este venerado icono reina de Polonia lo que, si no ha remediado la política local, sí fija en parte la cuestión de la máxima autoridad, algo que nunca lamentó bastante el antiguo partido único (POUP) El sindicato Solidaridad Walesa recordaba ayer la deuda de su sindicato con el Papa: Habíamos logrado reunirnos los 10 más dispuestos pero, tras aquella primera visita (1979) después de oírle decir lo de que tu espíritu se extienda y mude la faz de es tierra supimos que así sería: un año después eramos diez millones y el régimen socialista estaba contra la pared El concepto de libertad, más si se pone junto al de Polonia, parece aquí íntimamente ligado al apasionado, a veces también trabucaire cristia- nismo local y a la Iglesia, que ha sido a veces el baluarte de la gente frente al poder. Aquel novedoso no tengáis miedo del Papa fue dicho o al menos entendido como una llamada a la rebelión ha reconocido a este diario Adam Michnik, uno de los fundadores de Solidaridad y luego del grupo de prensa de Gazeta Wyborcza. Michnik, de origen hebreo, llegó a bautizarse tras la caída del régimen en cumplimiento de lo que entendía como una deuda de gratitud para con la valentía y el apoyo de la Iglesia. Su joven corresponsal en Cracovia- toda la vida he vivido con este Papa -anoche entre la multitud decía a ABC estar acongojado pero en el El concepto de libertad parece aquí íntimamente ligado al apasionado cristianismo local y a la Iglesia fondo contento, para Polonia se cierra una etapa pero me atrae ver la siguiente, quiero ver a este país seguir a un Papa africano o de otro lugar decía Rafael Romanowski, que decía ser consciente de que sus 26 años de vida se corresponden con el pontificado de este Papa, de otro modo, mi vida habría sido muy distinta En estos días, políticos de toda cuerda rememoran al fallecido Papa, no sólo como quien vieron providencial para el colapso del bloque oriental, sino como quien aún luego los guió por la selva del nuevo capitalismo- -y el viejo nacionalismo- -hasta el puerto seguro de la Unión Europea. Así se ha visto recogerse en las iglesias a todos los prohombres del país, desde su presidente y primer ministro socialistas, para abajo, esto es, hasta la modesta florista Elzbieta él quiere mucho a esta virgen, por eso vengo a estar a su lado o el matemático Ján, que sugería que aunque venimos a pedir por él, en el fondo es por nosotros por quien pedimos El alma de una nación R. V. CZESTOCHOWA. A fin de entender el catolicismo polaco, sin quedarse en la aparente redundancia, se puede leer a sus premios Nobel Sienkiewicz o Milosz, o ese emblemático God s playground de Davies, pero nada lo explica como Czestochowa, y su virgen protegida por la tremenda fortaleza- -más que iglesia- -de Jasna Góra: campesinos silenciosos junto a chiquillas alborotadas como si acudieran a un concierto de rock preanuncian una contradicción que en Polonia es norma y que gira en torno a las certidumbres, las ansias y el ritmo vivo de una nación, algo que no puede andar muy lejos del alma. Jasna Góra celebra estos días los 350 años de su triunfal defensa frente al temible y poderoso ejército sueco, uno sólo de tantos que plantó asedio pero nunca la tomó, si se exceptúa que los nazis en su huída, hace justo 60 años, le plantaron unos explosivos que, ironía polaca, el Ejército Rojo de la difunta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas tuvo luego que desactivar, hecho del que probablemente Moscú nunca se arrepintió bastante. Pues Polonia a veces ha quedado reducida a Czestochowa y la Iglesia no ha dudado nunca en emplear el orgulloso icono- -regalado en 1382 por Ladislao II, duque independiente de Opole- -como estandarte y toque a rebato de la libertad del alma nacional, si sojuzgada a veces, proverbialmente irredenta, inquieta y desmedida, y no habría más que mirar a su Papa. En definitiva, un problema de identidad que no podía administrar ningún plan quinquenal, para drama durante décadas del partido comunista y desconsuelo final moscovita.