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48 En la muerte de Juan Pablo II DOMINGO 3 4 2005 ABC LA PLAZA DE SAN PEDRO Las luces en los apartamentos del Papa presagiaron su muerte La plaza de San Pedro acogió la noticia con silencio, llantos y al final una ovación de difuntos acabó con el aplauso más prolongado de toda la madrugada, que duró más de quince minutos PABLO MUÑOZ. E. ESPECIAL ROMA. Minutos antes de las diez menos cinco de la noche la monotonía del Rosario dirigido por el cardenal Renato Boccardo se rompía en mil pedazos. Sin saber por qué, las luces de los apartamentos papales se encendían. No había explicación, pero se temía lo peor. Y lo peor llegó a la hora antes citada cuando el sustituto del secretario de estado vaticano, cardenal Leonardo Sandri, salía del palacio apostólico y anunciaba al mundo la muerte de Juan Pablo II. Primero el silencio y después el llanto inundó la plaza, hasta que los peregrinos, como de forma espontánea habían hecho cada vez que se terminaba un misterio, romb La oración pieron a aplaudir. Había acabado así uno de los capítulos más decisivos de la historia de la Iglesia católica. A las diez y cinco de la noche, con la plaza de San Pedro llena de fieles que por minutos acudían a dar su adiós al Papa, la conmoción era aún evidente. A partir de ese momento sólo se oyó el silencio. Se sabía que la muerte del Santo Padre era inminente, pero en el instante de la confirmación un escalofrío recorrió a las decenas de miles de fieles concentrados. En la plaza de San Pedro, los jóvenes que iban a celebrar una nueva vigilia para rezar por el Papa, lejos de abandonar el lugar se aferraban a él Las lágrimas de muchos eran incontrolables, hasta llegar al llanto; otros, simplemente optaron por marcharse en silencio, despacio, con sus familias, guardando fuerzas para los días que se avecinan. Y hubo también, miles de personas, que prefirieron seguir con sus cantos religiosos, tal como habían hecho a lo largo de toda la jornada. La plaza de San Pedro, con peregrinos de todo el mundo, simbolizaba mejor que nada el luto que minutos antes había llegado a todos los rincones del planeta. El cardenal secretario de la Conferencia Episcopal Italiana tomó la palabra a las diez y veinte de la noche para pronunciar palabras de consuelo para los fieles: Compensa pensar en el Santo Padre en la Casa de Dios. Quien muere en el Señor Jesús vive con Él Luego se continuó con la lectura de textos religiosos, que hablaban de la Resurrección y la vida. Y una vez más comenzaba el rezo del Rosario que ha acompañado siempre al Papa a lo largo de toda su agonía. Mientras, en los apartamentos papales se adivinaba la actividad propia del ritual de la muerte de un Pontífice. Ahora sí, como desde el momento en que Juan Pablo II expiró, las luces permanecieron encendidas. luto lo inundó todo. Sólo cabía el silencio, un silencio que helaba la sangre de todos. A las once y veinte de la noche acabó el rezo del Rosario más triste de la historia reciente del Vaticano con un aplauso y la petición a los fieles de que regresaran a casa en silencio. Muchos jóvenes optaron, sin embargo, por permanecer toda la noche de vigilia en la plaza, tal como tenían previsto. De hecho, la noche no había terminado, ni mucho menos. Al filo de las doce, se reanudaban los rezos dirigidos desde la escalinata de la Basílica de San Pedro y se cambió el Rosario previsto por una oración de difuntos, que acabó con el aplauso más prolongado de toda la madrugada, que duró más de quince minutos. La ovación incluyó vítores al Santo Padre. La edición especial del L Obsservatore Romano comenzaba a circular con el significativo titular de Hoy, sábado 2 de abril, el Señor ha llamado a Juan Pablo II El último mensaje a los jóvenes Os he buscado tantas veces... Ahora vosotros habéis venido a mí. Y yo os lo agradezco Éste fue el último mensaje que Su Santidad legó al mundo católico. Una frase que fue hilada por quienes estuvieron a su lado en las últimas horas. Las palabras del Papa se produjeron cuando en la madrugada de ayer fue informado por su secretario particular de que miles de chicos mantenían a esas horas una vigilia para pedir por su recuperación. La reacción del anciano Pontífice fue rápida y la noticia corrió rápida por la plaza. Los jóvenes congregados conocieron con emoción a través de las emisoras de radio la revelación hecha al filo de las once y media de la mañana Nunca habían parado de rezar, pero a partir de entonces lo hicieron con más fuerza. Emoción y velas En la plaza, los jóvenes, que iban a celebrar una nueva vigilia para rezar por el Papa de la juventud lejos de abandonar el lugar se aferraban a él. El homenaje seguía vivo, a pesar de la muerte del Santo Padre. Las velas se encendían, la emoción era apenas contenible y el dolor se adivinaba. En el suelo, con tan sólo unas mantas, los jóvenes y los que no lo son tanto seguían con sus oraciones por Juan Pablo II, el hombre que derribó el comunismo. A las once menos veinte de la noche en la planta tercera del palacio arzobispal se podían ver sombras de personas que se unían al Rosario junto a las habitaciones del Papa. A esa misma hora las campanas del Vaticano tocaban a muerto. Esta vez sí, Juan Pablo II era ya parte de la historia. El tañer de las campanas con su música de Una mujer es consolada al conocer la noticia AP Una pareja se abraza tras la muerte de Su Santidad AP