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26 Internacional DOMINGO 3 4 2005 ABC HENRY A. KISSINGER Ex secretario de Estado de EE. UU. Estados Unidos no dirige el mundo, y tampoco debería intentarlo Experto diplomático, considera cruciales las relaciones trasatlánticas y piensa que la caricatura de Bush y los republicanos en Europa es muy exagerada POR: MIRIAN HOSLLTEIN. WASHINGTON -Parece que la Alianza en Irak se desmorona. Primero Italia y luego Bulgaria han anunciado la retirada de sus tropas a finales de año. ¿Cuáles serán las consecuencias? -La contribución europea a la seguridad actualmente es menos importante; el gran reto es la construcción política. En los próximos dos o tres años, la situación en Irak evolucionará, bien hacia la estabilidad o bien hacia el caos. Pero si nos fijamos en la historia de Europa, la democracia tardó varios siglos en progresar hasta su forma actual. Si Irak resulta ser un éxito sin la ayuda aliada, los europeos podrían sentirse un poco avergonzados. ¿Y si fracasa? -Serán víctimas, al igual que nosotros. Tendremos el mismo problema con un Oriente Próximo inestable. ¿No ha demostrado el caso de Irak que necesitamos más legitimidad para el uso de la fuerza militar? -Naturalmente, es cierto que si un país intenta basar un sistema internacional en el poder se agotará. Pero no puedes sustituir el poder por una idea abstracta de legalidad. El reto es encontrar un equilibrio entre seguridad y legitimidad. El problema estadounidense es traducir poder en legitimidad; el europeo es reconocer que la legalidad debe tener cierta base objetiva, algún tipo de equilibrio de seguridad. El co- metido es hallar una estabilidad entre estas nociones. ¿Cree que tras la experiencia de Irak es más probable que EE. UU. acepte que los europeos pongan énfasis en el uso del poder blando en situaciones de conflicto? -Estados Unidos no dirige el mundo, y tampoco debería intentarlo. Si los europeos quieren poner énfasis en el poder blando, deberíann hacerlo. Lo que importa es su relevancia para el problema existente. Con respecto a Irak, el objetivo debe ser que el país se organice lo suficiente, de forma que no dependa de la fuerza militar. Hasta que se llegue a ese punto no podrá evitarse la fuerza militar. ¿Qué hay de Irán, donde Europa intenta desnuclearizar el país por medios diplomáticos? -Irán es una buena prueba de proliferación y cooperación entre EE. UU. y Europa. Deberíamos apoyar lo que están haciendo los europeos diplomáticamente. Pero la prueba de la política europea llegará cuando la diplomacia triunfe o fracase. Si llega a un punto muerto, lo cual me parece probable, el desafío será optar por otras medidas. ¿Cree que los europeos están preparados para adoptar otras medidas si la diplomacia fracasa? -En este momento, no. Y entonces sufriremos una nueva crisis. Si acepta- mos que Irán se esté convirtiendo en un país nuclear, Egipto, Turquía y otros también lo harán. Entonces viviremos en un mundo totalmente distinto, en el que la posibilidad de que el material nuclear acabe en manos no autorizadas será infinito. No evitamos el problema de Irán eludiéndolo. ¿Hasta qué punto es realista la opción militar? -Ahora no es momento de debatir un panorama militar para Irán. Es momento de aclarar qué alternativas se avecinan y de ver si puede desarrollarse un análisis común. -Otro conflicto trasatlántico que no deja de crecer es la ambición europea de levantar el embargo armamentístico sobre China. -Soy uno de los estadounidenses que más abogan por mantener relaciones estrechas y de cooperación con China. Deben realizarse todos los esfuerzos por integrar a China en la comunidad internacional. Pero el embargo no me parece un gran problema sobre el que librar esta batalla. Los europeos dicen: Levantaremos las sanciones, pero no entregaremos las armas Entonces, ¿por qué librar esta tremenda batalla? Creo que el esfuerzo por levantar el embargo estaba destinado a provocar una reacción de Estados Unidos. A la vez, creo que algunos estadounidenses reaccionan exageradamente ante ello. ¿Seguimos necesitando la sociedad trasatlántica como base para las relaciones internacionales? -Maduré en un mundo en el que las relaciones trasatlánticas se consideraban una necesidad psicológica. Para Estados Unidos suponía la ruptura simbólica y filosófica con el aislacionismo. Para Europa era una forma de restablecer su historia, su dignidad y su importancia. Para Alemania, en concreto, el problema era cómo resurgir del aislamiento total y alcanzar una posición respetable. Este tipo de vínculo psicológico de mi generación se está acabando a ambos lados del Atlántico. Pero sigo creyendo que las relaciones atlánticas son cruciales, ya que estamos avanzando hacia un mundo totalmente inaudito. Presenciaremos el auge de China, de la India, una nueva política nacional en Japón. Indonesia tiene varios cientos de millones de habitantes. Éstos serán centros de poder unidos por la globalización. Por tanto, la pregunta es: ¿pueden las na-