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22 Nacional DOMINGO 3 4 2005 ABC ÁLVARO DELGADO- GAL PRESAGIOS R ajoy se ha distanciado del vídeo de Faes. Ha dicho que conviene actuar desde la cabeza, no desde las vísceras, y que es partidario de hacer las cosas con finura e inteligencia En mi opinión, Rajoy se ha quedado corto. Lo malo del vídeo no es que sea tosco, o que constituya un testimonio de parte. Lo realmente grave es que introduce a una formación política imprescindible en un terreno sumamente peligroso. Permítan- me que me explique. La victoria socialista de hace un año se ha producido en circunstancias desgraciadas. En primer lugar, nunca se sabrá en qué medida contribuyó el atentado al vuelco electoral. En segundo lugar, la explotación de los errores gubernamentales por la oposición fue seguida de manifestaciones frente a las sedes populares, hecho gravísimo que, de forma increíble, el presidente del Gobierno se ha negado a condenar. Por último, la pésima gestión de la crisis por Aznar y su entorno fue simplificada por sus enemigos políticos en una fórmula eficaz y a la vez terrible: el Gobierno miente. En mi opinión, esto es injusto. El Gobierno no mintió en rigor. Lo que catastróficamente hizo, fue conceder a la hipótesis de que ETA era la autora de la masacre un peso que a partir de cierto momento excedía con mucho la evidencia razonable. Intervinieron en ello motivos electoralistas, claro está. Esto exasperó a muchos votantes y el asunto acabó como acabó. Con un triunfo distorsionado por un hecho accidental y un Ejecutivo mancillado por las peores insinuaciones. Se comprende que un historiador o un periodista especulen a fondo sobre los pliegues y recovecos del proceso infausto y saquen las conclusiones que consideren oportunas. Ahora bien, unas elecciones, al revés que la sentencia de un tribunal de primera instancia, no son revisables. El que pierde tiene que irse, y el que ha metido la pata, aún cuando lo haya hecho de buena fe o con mejor fe de la que le atribuyen sus oponentes, debe resignarse a tragar acíbar y apechugar con los costes. Esas son las reglas duras de la vida pública en una democracia. El vídeo las vulnera en dos aspectos clave. De un lado, da entrada a toda clase de conjeturas sobre el comportamiento de la izquierda entre el 11 y el 14 de marzo del 2004, o aún antes. En segundo lugar, sugiere que las elecciones, celebradas bajo coacción, no fueron legítimas. De ahí a afirmar que el gobierno actual tampoco es legítimo, media un paso. Franqueada esta distancia, se puede llegar a cualquier exceso. Verbigracia, a impugnar el propio sistema. El que haya impulsado desde dentro el vídeo está manejando material explosivo. Y provocando remolinos de efectos imprevisibles. El perjudicado más notorio del vídeo es Rajoy. Esa guerra no es su guerra. Además, se desplazan los énfasis y las prioridades a paisajes ya pretéritos y ajenos al escenario en que puede arraigar y crecer el jefe actual de los populares: la política del momento o, para ser más precisos, una política orientada a encarar con esperanzas las próximas generales. No se le podía haber hecho un favor mejor a Rubalcaba. Ha comentado también el presidente del PP que se recoge lo que se siembra Es evidente la alusión a la política de hostigamiento a la derecha que están llevando a cabo el Gobierno y ciertas cliques socialistas. La revisión de la Guerra Civil, el levantamiento nocturno de la estatua de Franco en Madrid y el radicalismo innecesario de muchas propuestas, en absoluto inspiradas en una demanda social, son provocaciones enderezadas a que la clientela popular se encrespe, agite y, quizá, rompa. La imprudencia de la estrategia salta a la vista. Ahora bien, hecho el diagnóstico, es de esperar que Rajoy elabore una respuesta. Tenemos la siembra y la cosecha indeseable. ¿Qué podría intentar Rajoy para que el río no se salga de madre? Sólo resta una solución: tomar la iniciativa. Sólo si Rajoy inicia alguna clase de movimiento y consigue ilusionar a la tropa, se vencerán las inercias heredadas. Y esto exige capacidad de liderazgo, amén de inteligencia y sentido común. Se precisa ser muy sectario o muy miope para no advertir que en el empeño se juega algo mucho más importante que las siglas del futuro vencedor de las elecciones. En efecto, cuenta menos quién ganará las elecciones, que las condiciones en que se ganen. Si el clima civil se complica, la derecha se divide y desagrega, y la desagregación se complica con la estructura regional, el PSOE seguirá, sí, en la Moncloa. Pero es improbable que lo haga en un país gobernable. A la viceversa, no sería una tragedia la perduración en el poder de los socialistas si éstos y también la oposición consiguen ordenar su agenda y ponerse a discutir razonablemente sobre los asuntos que amenazan con desestabilizar el Estado. Rajoy hizo una oferta generosa hace mes y pico. Sería una pena que se desoyera.