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12 Nacional DOMINGO 3 4 2005 ABC elecciones vascas El paisaje Pocos metros separan la oficina electoral del PP en la populosa calle Dato de la inhóspita propaganda de los colegas de los terroristas en la de la Cuchillería. En tres vueltas a una esquina, el paseante tropieza con dos ciudades antagónicas Vitoria y los naipes marcados TEXTO: BLANCA TORQUEMADA FOTO: IGNACIO GIL Vitoria echa el cierre a su aeropuerto (literalmente, con llave) detrás de nuestros pies y de las ruedas de nuestra maleta, la última que escupe la cinta de equipajes en el vuelo de la tarde, con apenas una decena de viajeros a bordo. Ya hasta la noche, nada dice la encargada. Viento, el sol lánguido, la soledad. Y un taxi que se hace esperar, tras la pertinente llamada a la emisora. El conductor lo tiene claro: No venimos aquí si no nos avisan A Foronda llegaban trece aviones de pasajeros cada día, hasta que arreglaron Sondica. La voracidad populosa de Bilbao se merendó aquella vida y forzó a reorientar la actividad de las instalaciones hacia la carga aérea. El camino a la ciudad ya revela otro paisaje menos adormecido, de pujanza creciente y ordenada, el de una capital que usa poco su aeródromo simplemente porque no lo necesita, a dos pasos como está de un denso nudo de autopistas, de sus cordones umbilicales de conexión con Madrid (a tres horas) con Bilbao y la salida a Francia por San Sebastián y con el valle del Ebro. Así que desde el primer momento se respira una dualidad entre lo mesetario y lo euskaldún que instala al visitante en una cierta esquizofrenia. Las afueras son aseadas y de tiralíneas, impersonales pero apartadas del caos urbanístico de otras ciudades (cuántas de ellas vascas, las que reptan sinuosamente por las rías, marcadas por la industria pesada y la siderurgia) Ahora en Vitoria están de moda los pareados con hechuras de caserío, lo que no deja de ser una relativa fortuna estética, pues la necesidad de los tejados a dos aguas evita en buena medida las horrendas hileras de adosados, la alienación hecha ladrillo. La vivienda está especialmente cara, incluso los pisos de dimesiones modestas: Setenta y cinco metros, sesenta millones. Ni hay joven que se pueda comprar casa ni hay tampoco mucha marcha, la verdad- -se queja Begoña- -así que tampoco da tanto de sí la ciudad Con sus 240.000 habitantes, la capital vasca presume de su cinturón verde (un árbol por cada dos vitorianos, rezan los reclamos turísticos) y de una elevadísima calidad de vida (Álava es la provincia con mayor PIB per cápita) que puede llegar a resultar narcótica. La más conocida imagen de Vitoria, la plaza de la Virgen Blanca, en un relativo sosiego preelectoral La capital vasca en datos Bienestar material. Vitoria es capital del País Vasco y de la provincia de Álava, la que tiene mayor PIB per cápita de España (23.862 euros en 2002, frente a una media nacional de 18.208) Demografía. La ciudad tiene 240.000 habitantes y se ha convertido en reclamo para la inmigración porque apenas hay paro (5 4 por ciento en 2004) y porque proporciona una completa cobertura social. Hay pocos vascófonos, aunque ya el 40 por ciento de los menores de 14 años es capaz de usar el euskera. Empresas. Diversas multinacionales se han instalado en la capital alavesa atraídas por su situación geográfica y los incentivos fiscales vascos. Es el caso de Mercedes, Gamesa (del sector aeronáutico) Michelin o Pepsi. el que se resumen todas las contradicciones de una sociedad atrapada entre el peso de Ajuria Enea y de las instituciones de la autonomía vasca monopolizadas por el PNV y su otra vocación, foralista y española. La Virgen Blanca, encaramada en su hornacina de la iglesia de San Miguel, divisa desde su atalaya el monumento de la batalla de Vitoria, recuerdo de la gloriosa victoria sobre los franceses en la Guerra de la Independencia (esa otra independencia, referencia casi aniquilada en Arteaga BILBAO Guernica A- 8 N- 240 MAR CANTÁBRICO N- 6 34 Artea Mondragón Vergara Oñate Legutiano N- 240 N- I N- I VITORIA Por el casco medieval Cuando se accede al núcleo urbano, a la izquierda queda el estadio de Mendizorroza y a la derecha una despejada zona residencial: Ahí viven los Urdangarín El centro está ya cerca, porque nada queda lejos, si se enfila el acceso diagonal por Sancho el Sabio y por la catedral nueva, una tarta neogótica. Así se llega a la afamada almendra medieval vitoriana, un casco viejo en la historia o historieta que se imparte en las ikastolas) y paneles de cartón anuncian a Martín Fiz, el atleta local. A tiro de piedra, el bar Deportivo Alavés, de cálida fachada vestida con la bandera blanquiazul del equipo de casa, pero frío en su interior, como si el millonario ucraniano que ha comprado ese club de fútbol también lo hubiera fagocitado. Por el clásico café Victoria y bajo los arquillos, se accede al ensanche neoclásico, a la plaza de España, la del Ayuntamiento encabezado ahora por el Alfonso Alonso, del Partido Popular. Se nota: en el balcón ondean las banderas en convivencia y de la barandilla pende una proclama inequívoca: ETA Ez. O sea, ETA no. Las madres se beben los primeros sorbos de la primavera en el recoleto espacio porticado, después de un invierno muy duro, mientras los niños patinan, juegan al balón o se escalabran en castellano, pese a la imposición educativa del euskera, a las puertas del Consistorio. Qué tranquilidad hemos ganado- -se atreve a confesar Pilar- -desde que se ilegalizó Batasuna. Es la única forma con ellos, no valen otros métodos No hay ni un guardia custodiando el exterior de las dependencias municipales y nada revela la realidad ominosa de que dieciséis de los veintisiete concejales (9 del PP, 7 socialistas) sólo pueden pasear con escolta. El corazón peatonal De ahí, a la calle Dato, el viejo corazón peatonal de Vitoria, siempre entre visillos de su placidez provinciana. En ella, la llamada naranja de una oficina electoral del PP, por donde asomaba de cuando en cuando la diputada autonómica Mari Carmen López de Ocáriz, a la conquista de los viandantes con megafonía y entrega de globos. Un esfuerzo del constitucionalismo que aún es