Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 3 4 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Sería cosa del Espíritu, que revolotea por el aire del cónclave, pero salió bien lo de romper con los papas italianos y traer uno del Este EL PAPA DE HIERRO ATURALMENTE, pasé despierto toda la noche del viernes y la madrugada del sábado, pegado al ordenador para seguir minuto a minuto las noticias acerca de la larga agonía del Papa. Cumplía así una obligación antes que una devoción. Yo creo que el trabajo es una oración fervorosa sobre todo por fecunda. A las 8,38, una información del Vaticano daba cuenta de que la salud del Papa había caído de nuevo en una situación estacionaria, y yo me fui a la cama tres o cuatro horas, convencido de que, efectivamente, este es un Papa de hierro, tanto en la carne como en el espíritu. Ha dejado de respirar mientras escribo estas letras. Al papa Juan XXIII le llamaban los italianos el Papa bonachón o tranquilote, el Papa pacioccone Después resultó que no era tan tranquilote y sosegado como se decía, porque organizó el tinglado o pandemónium del Vaticano Segundo y del aggiornamento de la Iglesia. Aquí habría que organizar algo le dijo al cardenal Felici paseando por el claustro de San Juan de Letrán, y convocó el Concilio. A este Papa le han llamado el Papa de hierro que yo creo que ha sido cosa más de franceses que de italianos. Y muy claro se ha visto que Juan Pablo II tiene de hierro el resistente corazón tanto como las inflexibles normas morales. Al Papa polaco, el rojerío no gusta de llamarle Papa, ni Pontífice, ni Santo Padre, sino que le ha llamado siempre Wojtyla así a secas, como quien dice Chirac, Berlusconi, Bush e incluso Zapatero. Seguramente es que no le han perdonado nunca que alzara el telón de acero y que echara abajo el muro de Berlín Este Papa llegaba de Polonia la mártir, y se aplicó desde la silla de Pedro, con tenacidad férrea, a aliviarle a su patria el peso de la palma del martirio. Aquel empeño le costó que el telón y el muro le cayeran encima en forma de atentado, un atentado que le ha tenido la salud quebrantada durante los años que le quedaban de vida, por cierto bastantes, los suficientes para cumplir el tercer pontificado más largo de toda la historia de la Iglesia. Aquella palma que alivió solícito a la mártir Polonia, le tocó llevarla a él durante el resto de sus días. Pero aún tuvo fuerzas para acudir a la cárcel y perdonar a su agresor. Bravo Wojtyla Sería cosa del Espíritu Santo, que dicen revolotea por el aire del cónclave, espeso de conciliábulos y hasta de conspiraciones, pero salió bien aquella operación de romper con la tradición de los papas italianos y traer uno de las persecuciones del Este. Los italianos estaban en aquel momento enfrascados en elaborar lo que llamaron el compromiso histórico o sea, la alianza de la democracia cristiana con el comunismo, válgame Dios, casi una alianza de civilizaciones y ya se ve en qué ha quedado eso. Para estar al tanto de la agonía del Papa Wojtyla me voy a la televisión italiana o a la americana, que ofrecen noticias sin interrupción. La española anda en otros empeños. Y es que yo creo que los socialistas que nos gobiernan están a punto de tropezar, como los asnillos, en la misma piedra que tropezó Manuel Azaña cuando dijo aquello de que España ha dejado de ser católica N EL RECUADRO ANTONIO BURGOS Con esas sevillanas con que lo despedimos por dos veces le decimos ahora para siempre adiós a un Papa cuya agonía hemos visto poco menos que televisada en directo, como un Cristo de la Expiración por el puente de la vida SEVILLANAS POR UN PAPA DIFUNTO UANDO el siglo XIX iba a doblar la esquina y Maurice Ravel tenía sólo veinticuatro años, escribió una breve pieza por encargo, que llegaría a ser su primera obra de éxito: Pavane pour une Infante défunte Por este encargo de la princesa Edmond de Polignac nacióunaobra cuyapopularidad inmediata llegóa molestarcaside por vidaal riguroso músicofrancés. Esa Pavana no tiene el menor mérito sentimental ni artístico al lado de otra obra musical que la voz de bronce del tañido de las campanas de Giralda titula ahora Pavana sevillana para un Papa difunto Son las Sevillanas del Adiós que empezaron a cantarle a Juan Pablo II, al Papa de Sor Angela, al Papa del Rocío, cuando lo despedían en su visita a Sevilla de 1982, la vez primera que un Papa estuvo en el Infierno, en la Calle del Infierno de la Feria, y que desde entonces quedaron como un escudo musical y sentimental de su pontificado: Algo se muere en el alma cuando un amigo se va... Esta pavana no la escribieron para el Papa por encargo, como la de Ravel. Es anterior a su pontificado. Tienen el mismo tiempo que el reinado de Don Juan Carlos I. Fue escrita por el poeta Manuel Garrido y el compositor Manuel García y grabada por Los Amigos de Gines en 1975. Más redonda no le habría salido a un poeta que se hubiera puesto a crear una letra que un día recogiese con tal fuerza los sentimientos de la Cristiandad ante la vida y la muerte de un Papa. Interpretadas al órgano catedralicio por Enrique Ayarra, las Sevillanas del Adiós son la Misa de Réquiem que le ha escrito a Juan Pablo II el Mozart de una Sevilla agradecida por sus dos visitas. En su grandeza, lospoetas seanteponen alostiempos, adivinan lossentimientos, hacen suya la voz de todos. Con esas sevillanas con que lo despedimos por dos veces le decimos ahora para siempre adiós a un Papa cuya agonía hemos visto poco menos que televisada en directo, como un Cristo de la Ex- C piraciónpor el puente de la vida. Muerto el Papa, vuelvo a leerlas, conlas palmasa lafunerala y lostamboriles rocieros destemplados en señal de luto, y cada cuarteta parece escrita para este largo adiós de Juan Pablo II. Es como si el poeta, en 1975, hubiera adivinado las rimas populares de los gritos de las visitas del Papa a Sevilla Juan Pablo II, te quiere todo el mundo cuando escribió: Ese vacío que deja el amigo que se va es como un pozo sin fondo que no se vuelve a llenar Y evoco aquella mañana del altar barroco de Los Remedios, o aquel balcón de esquina en la ermita del Rocío cuyo barandal aún tiene el calor de sus manos: Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va y va dejando una huella que no se puede borrar. No te vayas todavía, no te vayas por favor, no te vayas todavía, que hasta la guitarra mía llora cuando dice adiós. Esa guitarra es hoy el tañido de una Giralda a cuyo balconcillo se asomó en 1993, reescribiendo los latines que el canónigo Pacheco redactó para su estela de la cara de Placentines: En esta torre mandaron poner el coloso de la Fe vencedora, noble a las regiones del cielo El nuevo coloso de la Fe vencedora, vencedora en su Polonia contra el comunismo, heraldo de la paz y de la justicia en un mundo nuevo, era aquel Papa que una mañana de beatificación de Sor Angela de la Cruz se había emocionado con esta copla y había llegado a aprenderla y a cantarla, en su más pentecostal que babélico universal don de lenguas. Si impresionados quedamos todos aquellas mañanas de 1982 y 1993, cuando la ciudad de Miguel del Cid cantaba por sevillanas a un Papa, ahora se nos pone un nudo en el alma cuando recordamos aquella impresionante imagen de Juan Pablo II, coloso de la Fe, en un balconcillo de la Giralda. El símbolo del Giraldillo, la Fe vencedora, se hizo carne y habitó por dos veces entre nosotros. Algo se le ha muerto en el alma a Sevilla, porque un amigo, el Papa amigo de Sor Angela, se ha ido para siempre.