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96 Los sábados de ABC SÁBADO 2 4 2005 ABC LA CIUDAD DE NEÓN (Viene de la página anterior) gara al lugar y estableciera su campamento. Hoy se le recuerda con un hotel y una de las principales calles del antiguo casco urbano de las Vegas. Treinta mormones llegados de Utah construyeron en 1855 un pequeño fuerte, con la santa intención de enseñar agricultura moderna a los indios payutes. El enclave fue abandonado apenas tres años más tarde, en vista de que los payutes parecían tener más interés en expoliar el fuerte cada cierto tiempo que en adoptar el arado y la mula. Tierra de agricultores Con todo, el lugar siguió teniendo cierta vidilla como refugio de aventureros y de buscadores de oro y plata. Se vendieron parcelas agrarias en la relativamente fértil vega y de hecho la agricultura se constituyó en la principal actividad del poblado durante los últimos decenios del siglo XIX. La fecha de 1905 trae consigo la llegada del ferrocarril que unía Salt Lake City y Los Angeles y el que las pocas propiedades registradas de Las Vegas pasaran a manos de un notable, el senador por Montana William Clark. Ambas cosas hicieron de Las Vegas algo más que un puesto polvoriento en medio de la nada, y de hecho la ya ciudad (15 de mayo) adquirió el estatus de capital del nuevo condado de Clark apenas seis años más tarde, en 1911. Ciudad fronteriza, pero ciudad al fin y al cabo. El lugar casi se autoabastecía de alimentos y el desarrollo y el mantenimiento del ferrocarril aseguraban puestos de trabajo urbanos. En realidad, Las Vegas podía haber quedado en un conveniente enclave técnico en la ruta Los Angeles- Salt Lake City. Una pequeña ciudad semiagrícola. Pero en 1931, y cuando la ciudad tenía una saludable población de 5.165 habitantes, hubo tres hechos singulares. El juego fue legalizado en el estado de Nevada y de forma casi inmediata se concedieron las seis primeras licencias. Poco más tarde, el estado decidía relajar notablemente su ley de divorcio, haciéndolo extremadamente sencillo. Y, en tercer lugar, ese mismo año comenzó la construcción, en un valle a 50 kilómetros de Las Vegas, de la gigantesca presa Hoover, una empresa titánica que además de atraer a miles de trabajadores, supondría la primera atracción turística de la zona. Miles de norteamericanos visitaron esas obras que aunaban el prodigio tecnológico de la presa y el aire exótico y primitivo del paraje. La guerra trajo también una cierta industria armamentística. En la cercana base de Neills se entrenaron la mayoría de los pilotos americanos en la II Guerra Mundial, y luego siguió funcionando junto a otras instalaciones militares en un estado donde Las organizaciones mafiosas y aventureros de todo tipo cayeron durante los años 50 y 60 sobre la ciudad hay enorme extensiones que aparecen en blanco en los mapas. Pero Las Vegas que conocemos hoy nació entre 1941, cuando Tommy Hull abrió El Rancho Vegas como primer Hotel Casino, y 1946, cuando un mafioso con vista, Bugsy Siegel, desarrolló la idea del hotel- casino, al inaugurar el Flamingo. todavía existente ahora. Siegel razonó que, dada la absoluta carencia de atractivos naturales (y el terrible calor estival) de la ciudad, lo que se imponía era un tipo de establecimiento elegante del cual no fuera necesario salir para comer, beber, contemplar grandes atracciones, dormir y, sobre todo, ¡jugar! El Flamingo se construyó, pero Siegel fue asesinado ese mismo año con una ráfaga de disparos en Beverly Hills, L. A. La industria del juego es el santo y seña no solo de Las Vegas, sino de todo un estado cuyo presupuesto viene en un 43 por ciento de ese concepto. Las organizaciones mafiosas norteamericanas y aventureros de todo tipo cayeron durante los años cincuenta y sesenta sobre la ciudad como una forma de permanecer en su negocio habitual pero sin el componente criminal. En realidad, era una enorme y a la larga muy rentable operación de blanqueo de dinero. Esas tres décadas fueron la época mítica de Las Vegas, la del juego puro y los divorcios escandalosos, de Frank Sina- Lo que va del día a la noche. De la maqueta desangelada que ilumina el sol a la fascinación de los neones que sugiere la noche. Las Vegas es una ciudad para vivir cuando se encienden las luces