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ABC SÁBADO 2 4 2005 Sociedad 55 EL PAPA AGONIZA UN ADIÓS HUMANO Y ETERNO El abstruso lenguaje de los partes médicos conjuraba un extraño contraste con la fuerza del espíritu, en un cuerpo que agonizaba en el lecho, mientras los ejércitos invisibles del Vaticano- -aquellas divisiones que Stalin no reconocía- -velaban armas en la larga noche cia los horizontes incógnitos del L Papa polaco que tan itasiglo XXI. Roma la vieja decía: liano supo ser se adentra Mi dispiace Tantas ruinas ba en el misterio del coque fueron gloria perdían el perma en la hora más crepuscular fil en el crepúsculo, con Karol de la Roma eterna. El maletín Wojtyla apagando las últimas lucon la clave nuclear de la vieja fe ces de su vida biológica, antes de católica reposaba junto a su leverse en la eternidad. cho. Wojtyla cerraba otra gran VALENTÍ Un pontificado latente y afirpágina en sus lecciones de dolor PUIG mativo concluye. La antiquísipara un mundo narcisista. En la Enviado parroquia romana de San Rober- especial. Roma ma dialéctica italiana inicia las cábalas. Nada resulta más ajeno to Bellarmino, unas muchachas a los peregrinos que han coincidido en tipo bollicao rezaban por el Papa, anRoma con la agonía del Papa. El abstrutes de irse al gimnasio. Toda Roma andaso lenguaje de los partes médicos conjuba con el telefonino pegado a la oreja, raba un extraño contraste con la fuerza entre chismes de siempre y la condolendel espíritu, en un cuerpo que agonizacia previa por la agonía del Santo Padre. ba en el lecho, mientras los ejércitos inEn las mezquitas y sinagogas de Roma visibles del Vaticano- -aquellas divisiotambién se rezó por el Papa que visitó la nes que Stalin no reconocía- -velaban Mezquita de Damasco y se sumó al Muro armas en la larga noche. Rumores en de las Lamentaciones. Estaba a punto de los pasillos palaciegos, congoja en las caconcluir uno de los pontificados más posas que sostuvieron su existencia en la tentes de la historia del cristianismo, y fe del carbonero. La vida continuaba, Juan Pablo II había guiado su rebaño ha- E pero la vida del espíritu perdía a uno de sus más grandes líderes. Los codos de siempre sobre los manteles de la trattoria el viejo señor que pasea su perro por el barrio, el frenazo melodramático y sin consecuencias de un caótico conductor romano. La energía intelectual de Juan Pablo II contribuyó inmensamente a la ruina del comunismo, aquella ideología totalitaria que pretendía acabar con la libertad, con la propiedad, con la familia y con la religión como opio del pueblo. Una tras otra, sus encíclicas han iluminado los pasos del milenio, a veces extraviado entre Atenas y Roma. Wojtyla ha sido un hombre fuerte en un mundo rebosante de incertidumbres. Ha sido a la vez el primer pontífice para un universo cada vez más global, inverosímilmente complejo. Queda el cálido perfume de una noche romana que despide al primero de los romanos con un gesto de pasión polaca extraído de su ejemplo único. Habemus Papam! dio paso al grito espontáneo: E polaco Comenzaba Viejas piedras de Roma, que fueron el Muro de Berlín, ecos de una gran composición coral cantada en las horas más trágicas de los misterios de la fe aquel día un pontificado que ahora acaba fructífero y sin sosiegos. En el gran anfiteatro de la fe, la desaparición de aquel sacerdote polaco, montañista, actor de teatro, lector profundo de Max Scheler, deja el rastro imborrable de mil y un viajes. Eso no era exactamente diplomacia vaticana. Lo sabían cientos de miles de jóvenes. Ya fue el Papa de la CNN, del chip de la oveja Dolly y de los gravísimos problemas de la bioética. Nada en su pontificado ha sido melancólico o derrotista. Hasta su trance agónico, fue el Papa de la energía. Ajeno a la tipología conservador- progresista, su firmeza va a determinar no pocos de los pasos del nuevo siglo. La roca de San Pedro ha quedado aún más confirmada ante cualquier embate. Tristes horas para quienes todavía piensan que un mundo sin esperanza ni misericordia puede morir de astenia. Roma también pierde a uno de los mejores ciudadanos. Turbó la irónica rutina, traspasó las lindes del papado siempre italiano, rió con el humor de sus conciudadanos. Con Wojtyla, un punto del Vaticano era el corazón del mundo. Pronto será hora de hipótesis y de conjeturas estratégicas, pero éstas son horas para intentar comprender ese humano y eterno adiós de Juan Pablo II. Hablemos también de belleza moral, eterna en la noche romana que se rinde ante las sombras. Viejas piedras de Roma, piedras que fueron el Muro de Berlín, ecos de una gran composición coral cantada en las horas más trágicas de los misterios de la fe.