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ABC SÁBADO 2 4 2005 Sociedad EL PAPA AGONIZA 51 Exposición pública de los restos del Pontífice El cuerpo del Papa se expondrá, durante tres días, en la basílica de San Pedro para que los fieles puedan rendir un último homenaje al Pontífice. Las normas que han de seguir los que acudan a la capilla ardiente son muy estrictas, y prohíben taxativamente que se tomen fotografías del cadáver del Santo Padre, excepto si se cuenta con la autorización expresa del cardenal camarlengo Los funerales, entre cuatro y seis días después de la muerte Como norma general, los funerales del Papa se celebran entre cuatro y seis días después de la muerte del Pontífice. Fijar todas estas cuestiones es tarea del Colegio de Cardenales, quienes se reúnen a diario en Congregación General. En paralelo, trabaja una Congregación Particular, formada por el camarlengo y tres cardenales electores elegidos por sorteo para turnos de tres días. Cese de todos los cargos en la Curia romana El fallecimiento del Papa supone el cese automático de todos los altos cargos de la Curia romana, empezando por el cardenal secretario de Estado (Angelo Sodano) No obstante, no cesan los secretarios de los dicasterios, el responsable de Asuntos Exteriores (Giovanni Lajolo) los Nuncios ni el número tres del Vaticano (en la actualidad, el arzobispo Leonardo Sandri) El cónclave, no antes de 15 días ni después de 20 del fallecimiento La elección del nuevo Pontífice es función de los cardenales electores (menores de 80 años) quienes se reunirán alrededor de la Capilla Sixtina. Según las normas vaticanas, el cónclave no podrá dar comienzo antes de 15 días después del fallecimiento del Papa, ni después de 20 días del deceso. En este periodo de tiempo, los purpurados no pueden recibir ninguna información del mundo exterior. LA SEPSIS, UN PROCESO DEVASTADOR JAVIER MUÑOZ Jefe de Urgencias del Gregorio Marañón 10 de febrero: el Papa abandona la policlínica y regresa al Vaticano AFP 27 de febrero: el Papa se asoma a la ventana del Gemelli. Los gestos sustituyen a la palabra. Ya lleva una cánula para facilitarle la respiración EPA 30 de marzo: la imagen de dolor del Papa en el Vaticano da la vuelta al mundo. Es su última aparición pública Semana Santa. Así, el Papa no celebró la misa del Domingo de Ramos, y su posterior presencia en el balcón de sus habitaciones vaticanas causó una honda conmoción: Juan Pablo II, sufriente y dolorido, fue incapaz de pronunciar una sola palabra. Las imágenes de su dolor dieron, una vez más, la vuelta al mundo. El 23 de marzo, el Papa volvió a asomarse a San Pedro, y tampoco pudo pronunciar palabra. Las imágenes de televisión dejaban ver al Pontífice extremadamente delgado- -posteriormente se supo que en un mes había perdido 19 kilos- Tras su repetida ausencia en los actos de la Semana Santa romana, Juan Pablo II reapareció para impartir la bendición Urbi et Orbe con gran esfuerzo. Tampoco pudo articular palabra. El 30 de marzo, y después de una breve aparición desde su balcón (donde se comprobó el evidente deterioro de su estado de salud) los médicos implantaron al Pontífice una sonda nasogástrica para facilitar su alimentación. Al día siguiente, el Vaticano tuvo de REUTERS anunciar la alta fiebre del Papa, a causa de una infección de las vías urinarias, que derivó en una sepsis. La Santa Sede admitió que Juan Pablo II había recibido la unción de enfermos. Durante toda la jornada de ayer, la sombra del fallecimiento del Papa sobrevoló el Vaticano. Los sucesivos comunicados de Navarro- Valls indicaban cómo, poco a poco, el estado de Juan Pablo II pasa de muy grave a crónico Al cierre de esta edición, medios italianos aseguraban que el Papa había perdido la conciencia. uando los médicos hablamos de sepsis nos referimos a un síndrome clínico que aparece acompañando a una infección grave y que se caracteriza por un daño de múltiples órganos ocasionado por una reacción inflamatoria generalizada. Lo que esencialmente ocurre es que los tejidos alejados del foco en el que se produjo la infección inicial sufren fenómenos biológicos nocivos, tales como dilatación anómala de los pequeños vasos sanguíneos, aumento de la permeabilidad de estos vasos o acumulación de células inflamatorias que ejercen su acción directamente sobre ellos, lesionándolos. La expresión clínica de este síndrome variará según predomine el daño sobre uno u otro órgano, por ejemplo, los riñones o los pulmones. En las formas más graves de sepsis los síntomas debidos a la lesión de tejidos y órganos lejanos son mucho más importantes que los ocasionados por el foco infeccioso primario como la infección urinaria que ha precipitado el shock séptico en el Papa. En general, la respuesta inflamatoria es un mecanismo de defensa básico, imprescindible para sobrevivir, que se pone en marcha ante agresiones externas. Sin embargo, conocemos un buen número de enfermedades en las que sus mecanismos fundamentales de producción y progresión son una exageración de este mecanismo de defensa, como ocurre en este síndrome. La sepsis es una entidad devastadora y en absoluto rara. Desde que en 1992 se llegó a un consenso internacional para definir adecuadamente este síndrome se tiene información muy precisa. Sabemos, por ejemplo, que en Estados Unidos se diagnostican más de 650.000 casos al año, de los que al menos 200.000 fallecen. En un estudio reciente, realizado en Madrid, con 333 casos por cada 1000.000 habitantes al año, la forma más grave de sepsis fue superior al 50 C