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ABC SÁBADO 2 4 2005 25 Naciones Unidas remite a la Corte Penal Internacional los crímenes y genocidios cometidos en Sudán Grupos de exterminio en Brasil matan al menos a treinta personas en dos suburbios de Río de Janeiro el semanario gratuito The Village Voice, la polarización ha llegado a grados insospechados. Nat Hentoff, uno de sus columnistas estrella, azote constante de la Casa Blanca republicana, calificó el caso en el último número- -antes de que Schiavo muriera- -de asesinato judicial con un arranque que no dejaba lugar a dudas: Para que todo el mundo lo vea, una mujer de 41 años, que no ha cometido crimen alguno, morirá de deshidratación y de inanición en la ejecución pública más prolongada de la historia estadounidense Hentoff se refiere al 59 por ciento de quienes se mostraban partidarios de que se la dejara morir con esta sentencia: Ella nos ha mostrado de verdad quiénes somos Burlarse de la Constitución El mismo periódico incluía un artículo de la jurista Sharon Lerner en el que acusaba a los hermanos George y Jeb Bush de haberse burlado de la separación de poderes y de la Constitución aprovechándose de un caso convertido en circo El caso sí ha hecho que muchos estadounidenses hayan hablado de sus deseos en una situación similar, sobre el momento en que deben cesar los cuidados médicos y el papel que el Gobierno debe o no jugar en decisiones relativas a la esfera familiar. El New York Times, que ayer pidió en un editorial que se pusiera fin al espectáculo internacional en que se convirtió el caso Schiavo en las últimas dos semanas, en el que muchos entraron a sacar tajada, recordaba ayer la historia de Karen Ann Quinlan, cuyos familiares introdujeron en el léxico político y moral estadounidense las palabras derecho a morir En aquel caso, fueron los padres de una mujer con daños cerebrales irreversibles los que obtuvieron en 1976 la autorización del Tribunal Supremo del Estado de Nueva Jersey para que le fuera desconectado el respirador que la mantenía con vida. Una mujer se lamenta en los jardines frente a la residencia Woodside, en la que falleció el jueves Terri Schiavo REUTERS El líder republicano Tom DeLay dice a los jueces que pagarán lo que hicieron A. ARMADA NUEVA YORK. Si la muerte de Terri Schiavo no diluyó el encono entre sus deudos, tampoco la contienda política lleva visos de amainar. Al menos por lo que concierne al líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Tom DeLay, que amenazó a los jueces que se negaron a interceder en el caso: Llegará el día en que los responsables de esto tengan que rendir cuentas, pero no hoy El congresista por Texas, uno de los más apasionados partidarios del presidente George W. Bush, fue clave para lograr que el Congreso interrumpiera sus vacaciones de Semana San- ta y en sesión extraordinaria aprobara una ley especial para Terri Schiavo, que sin embargo no logró sus propósitos, ya que los jueces federales a los que recurrieron los padres desestimaron sus argumentos y se negaron a que la sonda le fuera reimplantada. DeLay dijo que los legisladores se las acabarán viendo con unos jueces arrogantes y fuera de control que han despreciado al Congreso y al presidente. Nunca pensé que vería el día en que un juez de Estados Unidos impediría que se alimentara a un americano para que muriera aseguró DeLay, cuyas actividades como líder de la mayoría se encuentran bajo examen de un comité de ética del Congreso, que el año pasado le reprobó en tres ocasiones. Las palabras del congresista fueron criticadas por rivales demócratas, que durante los últimos días de Schiavo optaron por mantener un perfil muy bajo. El senador Edward Kennedy calificó los comentarios de DeLay de irresponsables ya que algunos de los jueces que intervinieron han recibido anónimos amenazadores. El senador por Massachusetts señaló que en un momento en que las emociones son muy intensas, DeLay necesita dejar claro que no está apoyando la violencia contra nadie. Gente que ha intervenido en este caso ya ha visto sus vidas amenazadas Otros conservadores interpretaron los comentarios del líder republicano como un llamamiento a sus filas para poner fin al filibusterismo demócrata, que ha hecho descarrilar algunas de las candidaturas del presidente Bush para tribunales federales. LAS LECCIONES DEL CASO SCHIAVO DIEGO GRACIA Catedrático de Historia de la Medicina y experto en Bioética erri Schiavo llevaba 15 años en una situación clínica conocida como Estado Vegetativo Persistente. Consiste en la destrucción masiva de la corteza cerebral, que impide todo tipo de vida consciente o humana. Las únicas funciones que le quedaban eran las vegetativas, es decir, las propias de los vegetales. Como ellos, caso de seguirla alimentando, seguiría viviendo, reaccionando reflejamente ante ciertos estímulos. Desde el punto de vista neurológico, el ser humano en estas condiciones ha muerto en tanto que tal ser humano, por más que el Derecho no permita certificar su fallecimiento. Quien se halla en esa situa- T ción, no sólo ha perdido el signo definitorio de la humanidad, la conciencia, sino que lo ha perdido de modo total e irreversible. En tanto que ser humano, Terri Schiavo murió hace 15 años. Soy consciente de que esto levanta sentimientos muy encontrados. La cercanía de la muerte siempre genera un fuerte sentimiento de angustia, y más en situaciones tan trágicas como la presente. Con esto hay que contar. Y también con que la angustia dispara reacciones inconscientes y difícilmente controlables. En esos casos se dan con frecuencia dos tipos de reacciones que se conocen con los nombres de reacción de sobresalto y reacción de so- brecogimiento Las dos son extremas e irracionales. La primera consiste en una tempestad de movimientos descontrolada y sin finalidad alguna. Lo vimos el 11- S. Hubo gente que se lanzó al vacío desde alturas increíbles. La otra, la opuesta, es la reacción propia de la persona que se queda paralizada. En el caso de Terri Schiavo, esas dos reacciones extremas se han podido contemplar en televisión, bajo forma de manifestaciones pública, tanto en contra de la retirada de la alimentación e hidratación, como a favor de ella. Las reacciones extremas son poco racionales, y por ello poco prudentes. La prudencia, como dijo Aristóteles, suele estar en el término medio. En el caso de Terri, ese término medio ha consistido en tratar y cuidar a la paciente hasta asegurar el diagnóstico de ausencia total de conciencia e irreversibilidad de su proceso. A partir de ese momento, la retirada de toda medida de soporte es, sin duda, la opción más razonable, prudente y humana. Debe quedar claro que ese límite prudencial se traspasó hace muchos años. Y que por tanto la retirada de las medidas de soporte no tiene por qué verse como una actuación asesina, sino como la juiciosa y resignada aceptación de lo inevitable. Los medios de comunicación nos han hecho llegar, día a día, las protestas callejeras y las apelaciones familiares. Parece como si todo el mundo opinara así. Nada más alejado de la realidad. Basta tomar una cierta distancia del suceso para que la mayor parte de las personas sean capaces de superar esas reacciones emocionales que en un primer momento todos sufrimos, y formular juicios razonables y prudentes. A veces los árboles no nos dejan ver el bosque: la protesta de unos cuantos nos impide ver la actitud juiciosa de la mayoría. Es lástima que la prensa tienda a ver más noticiable lo primero que lo segundo.