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ABC VIERNES 1 4 2005 Espectáculos 57 Eleni Buscando a Alibrandi Y se avecina una trilogía F. M. B. Ni albricias ni alipori JAVIER CORTIJO Es tentador conceder tres estrellas a esta película, despachar unas cuantas líneas crípticas y firmar con iniciales, con la fe puesta en que el espectador confiado no recuerde a la salida del cine el nombre del autor de este comentario. Ocurre que Theo Angelopoulos es un director festivalero- -adjetivo que no es sinónimo de divertido- respetado por críticos y jurados con una devoción inmune a la carcoma del aburrimiento. Su obra más conocida, La mirada de Ulises atesora enormes valores artísticos, con planos que han quedado grabados en la memoria de cualquiera que la haya visto, sea o no leninista. Con Eleni sin embargo, al bueno de Theo se le ha ido la mano. Lo peor no es que dure tres horas, ni que obvie los principios elementales del montaje cinematográfico. Se le puede perdonar incluso que al espectador le dé tiempo a repasar su propia vida, y habrá quien valore su capacidad para conseguir que el tiempo se detenga, contagiado por la velocidad, es un decir, a la que se mueven sus personajes. Lo peor, amigos, es que nos encontramos ante la primera parte de una trilogía. Que alguno logre extasiarse ante la belleza sin par de su fotografía no mitiga Dirección: Theo Angelopoulos Intérpretes: Alexandra Aidini, Nikos Poursanidis, Giorgos Armenis Nacionalidad: Francia, Grecia, Italia, 2004 Duración: 185 minutos Calificación: ni un ápice este temor. Eleni cuenta las peripecias de un grupo de refugiados griegos de Odessa que deciden asentarse junto a un río. Entre ellos se encuentran dos niños, Alexis y una pequeña huérfana, recogida por la familia del primero, que da título a la cinta. Son descubrimientos de vital trascendencia, que permitían una narración menos áspera, pero para qué polemizar. Con un lustrito de retraso nos llega esta adaptación del libro más robado en las bibliotecas de los institutos australianos (de lo que se entera uno en imdb. com, oye) circunstancia delictiva que subraya adecuadamente la temible condición iniciática y espinillera de esta fábula de familia con la pata quebrada. A Kate Woods no se le puede negar su apabullante currículo televisivo, ya que impregna cada encuadre, secuencia y efecto emocional del filme, desde su mismo arranque luminoso y gastronómico a lo Comencini o Dino Risi pero que pronto cambia la alegre mandolina por un oboe de las antípodas poco afinado. Porque la crisis de identidad es uno de los mayores problemas de la cinta, que da bandazos continuos entre la comedia romántica, el drama familiar o hasta la tragedia escolar sin que la argamasa de conflicto generacional o retrato de la comunidad italo- oceánica (que debe tener miga) ayude a consolidar la mezcla. Así, la película parece un gajo marginal de La mejor juventud donde tampoco preside un retrato femenino brillantemente dibujado sino más bien bocetos de un clan que se autoperdona las torpezas torpemente. Sólo las gafas Greta Scacchi y Anthony LaPaglia Directora: Kate Woods Intérpretes: Greta Scacchi, Pia Miranda, Anthony LaPaglia. Nacionalidad: Australia, 2000 Duración: 90 minutos Calificación: nabokovianas de la joven- vieja Pia Miranda, las elegantes patas de gallo de Greta Scacchi o los esfuerzos de Anthony LaPaglia para que no le sigan confundiendo con un hermano Baldwin sacan pecho en este cronicón de las Alibrandi que no llega a dar alipori pero tampoco genera muchas albricias que digamos.