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56 Espectáculos VIERNES 1 4 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Algo en común Garden state Ya no somos dos El joven pasmado ANTONIO WEINRICHTER La rutina que mata corazones J. M. C. Esta es la historia de cómo un chico que estaba la mitad del tiempo ido, y no sabía adónde se acaba convirtiendo en el único chico vivo de Nueva York son dos frases de la canción The only living boy in New York que se oye en un momento climático del relato y que vuelve a demostrar esa envidiable capacidad de los cineastas americanos, de Scorsese a Tarantino, para encontrar canciones que se ajustan como un guante a sus películas, aunque hayan sido escritas treinta años antes. Zach Braff, protagonista, guionista y director de Garden State es el chico pasmado en cuestión: ve el mundo que le rodea en un estado de estupor inducido por la medicación que le receta desde los nueve años su padre, quien le quiere hacer cargar con el peso de un desgraciado accidente familiar. El coloque sólo sirve para agudizar su estupor vital, que le emparenta directamente con el Dustin Hoffman de El graduado (la música de Simon Garfunkel no suena aquí por casualidad) a su regreso a su ciudad natal, la percepción de Zach de un mundo que no comprende se agudiza cuando cambia su medicación por la politoxicomanía de sus viejos compañeros de estudios. Pero la película no pretende trazar una crítica de la América suburbana (si bien durante su primer trecho Natalie Portman Director: Zach Braff Intérpretes: Mach Braff, Natalie, Portman, Peter Sarsgaard Nacionalidad: EE. UU. 2004 Duración: 109 minutos Calificación: está bastante cerca de parecerlo) sino una crónica de la gradual reconciliacion del protagonista consigo mismo, con la familia y con el amor. A ello ayuda mucho la dedicación que le profesa Natalie Portman (así cualquiera) una princesita de New Jersey mucho más real y atractiva que la que encarna en la temible saga de Star Wars aquí, la imagen de Portman con un casco de moto, o asomada al borde un abismo infinito, sirve para establecer un pertinente contraste entre el cine galáctico y el cine que habla de la vida como esta película, cuyo único defecto está en abundar en esa línea terapeútica que tanto cultiva el cine americano de vocación realista. Naomi Watts y Mark Ruffalo Director: John Curran Intérpretes: Mark Ruffalo, Laura Dern, Naomi Watts Nacionalidad: EE. UU. Canadá 2004 Duración: 101 minutos Calificación: Película intimista, de éstas que dejan una cierta desazón en el cuerpo pues cuenta el día a día de cada matrimonio, el fracaso constante, la infidelidad permanente (el problema es que con mujeres como Naomi Watts por el mundo resulta casi imposible ser fiel) la rutina, que es una marabunta de termitas que acaba matando el amor, el cariño y las relaciones permanentes. John Curran ha entrado en ese difícil mundo sin eludir ni una arista, haciéndolo aún más espinoso al colocar en el centro del huracán a amigos y amigas íntimos, para que el dolor sea más profundo y el desamor más cruento. Es un buen trabajo sobre un viejo problema, con sus silencios oportunos, con sus explosiones de frustración y también de pasión, con un excelente trabajo de los actores, sobre todo de Laura Dern, y una aire viciado y cargante, pero con un final engañoso. Un intento de poner caramelo en una situación que la experiencia dice que es irreversible. Esa esperanzadora vuelta se queda ahí, pero no dice que en el siguiente mes o al siguiente año la rutina o la siguiente novedad volverán con sus dientes afilados a seguir dañando y matando a uno de los dos. Se plantea Curran el famoso ¿por qué deseamos lo que no tenemos? Es fácil, porque la película, y nosotros, somos así. Así de tristes, así de alegres, así de egoístas, así de canallas, así de... humanos. Los porfiados El llanto de las ilusiones JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Comienza este primer trabajo largo de Mariano Torres Manzur con una proclama en la que viene a decir algo así como que Lo peor de querer realizar las ilusiones es eso, que sólo es una ilusión Este es el quid de Los porfiados (mejor filme del Festival de Cine Independiente de Barcelona 2002) una exposición pesimista, aunque probablemente real, de adónde han llegado las ideas revolucionarias en pleno siglo XXI, con las cabezas llenas de ideas materialistas y escaso, o nulo, hueco para los ideales, que se mueren a pasos agigantados. Cuenta Manzur cómo un revolucionario de razonamientos intactos y labia fácil reúne a un grupo de correligionarios para pasar a la acción Lo hace en un suburbio de Buenos Aires y rodeado de cabras y gallinas, sin apenas un mendrugo que llevarse a la boca y con más interés por alimentar cada uno su ego que por llevar a cabo dichos ideales. Ni que decir tiene que el resultado es desastroso, tanto para los que están dentro de la pantalla como para los que lo observan desde fuera. Manzur crea una sensación cercana al continuo ridículo, pasando por la lástima, la vergüenza ajena y después la auto- Director: Mariano Torres Manzur Intérpretes: Mario Paolucci, German de Silva, Ernesto Candoni Nacionalidad: Argentina. 2002 Duración: 90 minutos Calificación: compasión, porque al final del trayecto a uno le queda la aplastante idea de que todos somos un poco ellos: desencantados de los años pasados, de la lucha inútil, arrasados por el pragmatis- mo y finalmente abocados a la botella de vino y a las mentiras para compensar la frustración. Un lúcido trabajo en blanco y negro, quizás para acentuar el pesimismo, sobre la fragilidad humana, las ilusiones perdidas y el fracaso total de los ideales en este mundo cruel en el que hasta las amistades se venden por un lametazo en el trasero al jefe de turno, que es al fin y al cabo en lo que ha degenerado casi todo...