Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 1 4 2005 23 Mahmud Abbas amenaza con dimitir por el bloqueo de sus reformas en la Autoridad Nacional Palestina Un informe presidencial en EE. UU. revela que la estimación del arsenal de Sadam era totalmente equivocada PATRIMONIO DEL AZAR J. FÉLIX MACHUCA Periodista Mary y Bob Schindler abandonan ayer la residencia en que murió su hija Terri REUTERS odo lo que podamos pensar, fríamente, sobre el dramático caso de Terri Schiavo se revuelve contra nosotros, sumergiéndonos en las incertidumbres de ese combate interno que siempre libra en nuestros corazones los principios morales y los de la razón. Esa fría actitud de partida para abordar el trágico destino de Terri se transforma, por el vértigo del sufrimiento prolongado sin esperanza médica alguna, en un subidón emocional, quizás tan engañoso como humano y que puede servirnos de muy poco a la hora de estar a favor o en contra de parar la máquina. Terri ha muerto. Ha muerto porque así lo han querido los tribunales, su marido, cierta parte de la opinión pública y su propio destino. Un destino, sin dudas, tan amargo y cruel que sólo nos queda desearle para su eternidad el gozo que no vivió entre nosotros. Lo que más llama la atención del caso Schiavo quizás sea eso. Que todo el mundo ha opinado sobre su muerte menos ella misma, que no podía hacerlo. Esa circunstancia, que invade de dramatismo su final de ciclo, intensifican las muchas paradojas que nimban T sus dolorosas circunstancias haciéndonos reflexionar sobre la pesada carga de su destino, tan duro que le negó lo que, por ejemplo, no le niega a los desesperados. Estos, al menos, pueden elegir la forma de amortizar sus vidas: bien el piso veinte de una torre de cemento y cristal, bien una tranquilizadora ración de somníferos. A Terri, dueña absoluta de su vida, la propia naturaleza de la desgracia, no le permitió ni eso. Pero aún más terrible resulta que, sin ella poder opinar nada sobre su final mientras lo ha podido hacer medio mundo, el que le han buscado tras una desvergonzada exhibición impúdica de su drama sea tan cruel. Cruel y medieval en toda su oscuro aliento. Es cierto que una agresiva inducción sedante le ha evitado, dicen, los estragos del hambre y la sed. Pero ha muerto de hambre y de sed, por muy dormida que la tuvieran. Hay estados en EE. UU. donde a los criminales condenados a muerte se les borra de la vida con mayor ternura, con más delicadeza. No sé. Todo es tan escalofriante. Es posible que Terri se haya encontrado por ahí arriba con Lennon, el mismo que sentenció que la vida es lo que ocurre ahí afuera cuando nos ocupamos de otras cosas. Hay veces que parece que nos preocupamos de tratarla lo peor posible, como si tuviéramos muchas, siendo como somos patrimonio del azar. Suerte, Terri. DESCANSA EN PAZ J. EGOZCUE Profesor emérito de Biología Celular Una mujer muestra ante la residencia en que murió Terri Schiavo una foto con el rostro tachado del gobernador de Florida, Jeb Bush AP í, por fin, Terri Schiavo descansa en paz, después de los largos años de torturas a que la han sometido los intolerantes, los intransigentes. Porque si, como ellos afirman, Terri era capaz de relacionarse con su entorno y de expresar algún tipo de sentimiento, sin duda los siete años que ha permanecido en coma han sido años de grave sufrimiento. Y, si como afirma la medicina, Terri ha estado siempre en situación de coma profundo, ¿para qué dejarla seguir muriendo? Algunos, creyendo que apelar a sentimentalismos o a argumentos compasivos podía justificar su actitud, han tratado de poner de manifiesto que Terri Schiavo iba a morir, lentamente, de inanición; dicho de forma más cruda, iba a morir de hambre y sed. Por su- S puesto, se trata de una falacia. Terri era incapaz de sufrir estas sensaciones, porque sólo aparentaba estar viva. Pero argüir este hipotético sufrimiento constituye el mejor argumento a favor de la eutanasia activa. ¿Para qué esperar la muerte por inanición, existiendo otros métodos mucho más rápidos para extinguir esta vida artificial? Afortunadamente, la horrible historia de Terri Schiavo constituye un triunfo en toda regla de uno de los pilares de la democracia y del estado de derecho: la independencia del Poder Judicial. Ajenos a todo tipo de presión política y mediática, el Tribunal Supremo de Estados Unidos, de marcado carácter conservador, los tribunales federales y los tribunales estatales que han tratado el caso se han negado a aceptar los recursos presentados por unos familiares cuya única obsesión era mantener con apariencia de vida, y por tiempo indefinido, los restos del cuerpo de su hija. Finalmente, Terri Schiavo descansa en paz.