Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 Nacional VIERNES 1 4 2005 ABC elecciones vascas Los candidatos JUAN JOSE IBARRETXE PNV MARÍA SAN GIL PP PATXI LÓPEZ PSE- PSOE JAVIER MADRAZO EB- IU Representa para unos la opción nacionalista y la marginación para quienes no comparten su proyecto Sueña con la esperanza de que el Estado de derecho llegue finalmente a derrotar a la banda terrorista ETA Se presenta como una réplica de Zapatero, dispuesto al entendimiento y adaptándose al lenguaje de los nacionalistas Sus votantes saben que los escaños que obtenga en el País Vasco se contabilizarán en el bando nacionalista Un secesionista enrocado en su plan M. LUISA G. FRANCO Ibarretxe llegó a Ajuria Enea en diciembre de 1998 de la mano de Arnaldo Otegi y del resto de los parlamentarios pro- etarras que en aquel momento se agrupaban bajo el nombre de Euskal Herritarrok. Entonces fue elegido lendakari con los votos del PNV, de EA y de EH. Ibarretxe había sido vicelendakari de José Antonio Ardanza y fue elegido candidato a lendakari por su partido, con la idea de que el liderazgo político siguiera estando en Sabin Etxea, la sede del PNV. Así había sido durante las seis legislaturas con gobierno de Ardanza, pero ahora las cosas están cambiando, sin necesidad de una revolución como la que protagonizó Garaikoetxea en 1985. Ibarretxe fue la estrella del último Aberri Eguna, en el que el presidente de su partido, Josu Jon Imaz, actuó de telonero. Eso no hubiera ocurrido nunca cuando Arzalluz tenía la maquila del mando en el PNV. Pero ahora es el tiempo no de Imaz, sino de Ibarretxe, porque así lo ha querido su partido, centrando en el plan del lendakari sus objetivos. A los nacionalistas no les importa que Ibarretxe no tenga carisma ni don de gentes, ni siquiera que haya perdido su habilidad negociadora. Ibarretxe representa la opción nacionalista para los nacionalistas y la marginación o el desestimiento para quienes no comparten el proyecto soberanista del PNV. La sonrisa frente a las bombas M. L. G. F. En el farragoso mundo de la política vasca, en el que los adversarios son considerados enemigos, la sonrisa de María San Gil se ha abierto un hueco de aire fresco. No hay rictus de odio en su cara, como el que aparece en el rostro de muchos nacionalistas cuando hablan de la opresión a la que en su opinión somete Madrid al pueblo vasco a pesar de que ellos no tienen que hacer campaña con escoltas. San Gil sonríe con la esperanza de que el Estado de derecho llegue finalmente a derrotar a la banda a la que pertenecía el pistolero que asesinó en su presencia en un bar del casco viejo de Donosti a su entonces jefe, Gregorio Ordóñez. Ella tenía en aquel momento 26 años y era secretaría del Grupo Popular en el Ayuntamiento de San Sebastián. Ahora, diez años después, es presidenta del PP vasco y candidata a lendakari. El salto no se debe a su ambición política, que no la tiene desde el punto de vista personal, sino al apoyo de su partido. Primero, de Jaime Mayor Oreja, a quien no le pasaron desapercibidas ni su fuerza interior, ni su claridad de ideas, ni su capacidad de transmitirlas; después, de José María Aznar, quien admiró en ella el difícil compromiso de los cargos públicos vascos con su partido; y finalmente de sus compañeros del PP vasco, quienes encontraron en ella una candidata de consenso y no un dirigente de peso enviado desde Madrid. La nueva cara del socialismo vasco M. L. G. F. Cuando Patxi López fue elegido secretario general del PSE- PSOE, el 24 de marzo de 2002, en un traumático Congreso en el que los socialistas vascos dividieron sus votos entre tres candidaturas, el que fuera hasta entonces máximo dirigente del partido en Vizcaya no tuvo ningún gesto de integración hacia las candidaturas que habían perdido la batalla interna. El cambio de rumbo del socialismo vasco liderado por Patxi López fue un golpe de timón que arrojó fuera del barco a la mitad del partido. Su dureza frente a quienes en el seno del socialismo vasco defendían la alianza con el PP para desplazar al PNV del Gobierno vasco contrasta con el talante dialogante que muestra hacia los nacionalistas. En estas elecciones se presenta como una réplica de José Luis Rodríguez Zapatero, dispuesto al entendimiento y a la cesión, adaptándose incluso al lenguaje de los nacionalistas. Huye, sin embargo, de la cercanía del PP y le repele la imagen que su antecesor como candidato a lendakari socialista, Nicolás Redondo, dio en la campaña de las anteriores elecciones autonómicas vascas de la mano de Mayor Oreja. Hijo del histórico sindicalista de UGT Eduardo López Albizu, Lalo López se presenta por primera vez como candidato a lendakari con el estigma del slogan Patxi, vicelendakari de Ibarretxe repetido en la pre- campaña. La bisagra al servicio del nacionalismo M. L. G. F. Desde que Javier Madrazo estampara su firma, el 12 de septiembre de 1998, en el pacto de Estella, acuerdo propuesto por ETA a los nacionalistas de PNV, EA y Herri Batasuna, el que fuera portavoz del primer grupo pacifista vasco, Gesto por la Paz, se convirtió en acompañante inseparable de los nacionalistas, con o sin el visto bueno de la dirección nacional de Izquierda Unida. Llegó al Gobierno de Juan José Ibarretxe como apéndice innecesario, ya que sus tres escaños no bastaban a PNV y EA para alcanzar la mayoría absoluta, ni cambiaban la situación de precariedad del ejecutivo, a expensas de que PP y PSE no coincidieran nunca en las votaciones con Batasuna, pero pronto demostró que sabía agradecer las oportunidades, posibilitando con sus votos, unidos a los de parlamentarios de Batasuna, que el plan Ibarretxe fuera aprobado en el Parlamento vasco. A cambio de ello, el lendakari y el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, han dejado claro que su objetivo en la próxima legislatura será re- editar el tripartito con EA e IU, a pesar de que en las últimas semanas Madrazo ha intentado distanciarse de los nacionalistas, con una estrategia poco clara, ya que sus votantes saben que los escaños que obtenga IU en el País Vasco se contabilizan en el bando de la estrategia nacionalista.