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ABC JUEVES 31 3 2005 93 Courtney Love será Linda Lovelace. La controvertida viuda de Kurt Cobain protagonizará y producirá un filme sobre la legendaria estrella pornográfica Linda Lovelace, informó Variety La película describirá la vida de Lovelace desde que tenía 17 años hasta su muerte en un accidente de coche, en 2002, a la edad de 53 años. Zeta- Jones podría ser Pamela en Dallas Catherine Zeta- Jones es una de las actrices candidatas para interpretar el papel de Pamela Edwing en la versión para la gran pantalla de la popular teleserie Dallas Asimismo se baraja el nombre de Brad Pitt para encarnar al marido de Pam, Bobby Edwing. Juegos y lujuria, tras el lecho de Rainiero JUAN PEDRO QUIÑONERO ENVIADO ESPECIAL MÓNACO. Romy Schneider debía resucitar esta noche en el Teatro Princesa Grace, gracias a un espectáculo de Jean- Claude Brialy, suspendido como señal de duelo ante la situación crítica del Príncipe Rainiero, que ha sido sustituido por su hijo Alberto en el duelo feroz que Mónaco sostiene con Niza y Cannes, en su larga lucha por defender su puesto histórico en la geografía mundial del lujo. Cannes ha sustituido a Julio Iglesias por Liza Minelli, para seducir esta primavera a una clientela de burgueses acomodados. Montecarlo prefiere su clientela de rusos multimillonarios. Los ingleses ya no son lo que fueron. Los norteamericanos vienen menos. Los japoneses no parecen sentir la erótica carnal del lujo a precio fuerte. Los italianos solo compran puros a 3.000 euros la caja. Los joyeros parisinos cuelgan al cuello de Monica Bellucci sus piedras preciosas, para atraer a las bellezas rusas, cuyos esposos, novios o acompañantes de ocasión compran casi la mitad de los Rolls y Bentley que se venden en Mónaco y suelen emigrar en avión hacia la estepa rusa. Mientras la clientela del gran lujo asegura la imagen de marca del peñón monegasco, la clientela de paso, modesta, apátrida, canallesca, hacemos de figurones de un espectáculo que se consuma con nosotros, sin nosotros. Confiado en el consejo de un boy de mi hotel, me disfrazo de hombre de mundo convencido que la oscurísima sala de Zebra s me permitirá cenar con mucha discreción, a la espera del frenesí y las locas noches de la juventud dorada de la Costa. A 25 euros la copa de champagne rosado, mantengo el tipo distrayéndome con unos espaguetis al basilisco. Pero, ya pasada la media noche, en la pista de baile sólo se contonean como pueden un par de jubilatas acompañados de jovencísimas rubias platino que no son ni sus nietas ni sus enfermeras, aunque pudieran serlo. En la sala de máquinas tragaperras del Café de París- -el recinto proletario situado frente al hotel del mismo nombre, que dio noches de leyenda a Montecarlo, cuando había príncipes rusos- -una moza madurita ¿señora o señorita? cielo, que cosas dices me insinúa que ella conoce un juego en el que siempre se gana. Al precio que están los servicios en el Principado, pongo cara de jugador de póker, como si tuviese cita con una de las atléticas coristas del espectáculo Spirit of the Dance del Gran Casino, hacia donde me dirijo confiado en que diez euros sean suficientes para conseguir una corbata. Esperanza fallida. A esas horas de la madrugada, hay que desembolsar 50 euros por un peine o una corbata. En la ruleta, la astuta racanería de las parejas de recién casados es poco lujuriosa; y, para los hombres de mundo como yo, es muy difícil competir con una banda de ancianos y señoras maduras cubiertas de bisutería. Cuando me miro de reojo en los espejos, mi porte me parece juvenil, libertino, a la luz de los claroscuros de la mascarilla de la única mujer que pulula sola por los parajes, mademoiselle D. que debió ser una mujer muy bella, y sonríe con prudencia, para mantener el tipo y el difícil equilibrio de los colores, albo, rosa, púrpura, azabache, de una mascarilla que miedo me da pensar que surcos cubre, iluminada con el polvo áureo de este Casino que conoció otros días de esplendor y de gloria. El Hotel de París (arriba) dio noches de leyenda a Montecarlo. Sobre estas líneas, la actualidad informativa se centra en la evolución del Príncipe Rainiero FOTOS: J. P. Q Y AFP