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ABC MIÉRCOLES 30 3 2005 55 Toros ANDRÉS AMORÓS Catedrático de Literatura Española Debíamos un libro a Manolo Vázquez, genio y espejo del toreo clásico ¿Cómo surgió la idea de escribir un libro dedicado a Manolo Vázquez? -Se lo debíamos. Hay algo evidente: Manolo Vázquez ha sido uno de los grandes toreros del siglo XX y no tenía ningún libro. Había que contarle a la gente joven un concepto de la Tauromaquia que merece la pena que se conserve. Cuando yo era chico, lo vi de novillero y me hice partidario suyo. Años después lo conocí y entablamos una amistad. Conozco bastante bien sus ideas y su concepto de la Tauromaquia. -Se le recuerda sobremanera como el torero que puso el toreo de frente. ¿Cómo definiría su concepto? -Puso el toreo de frente cuando estaba de perfil, y eso es de una hermosura enorme. Su toreo fue absolutamente clásico, basado en la verónica y el natural. He repasado muchos vídeos, donde se ve un concepto de faena que ahora, desgraciadamente, se ha perdido. Era una faena basada en la lidia, unitaria y estructurada, sin perderse en probaturas. Y faenas cortas, que tampoco hace falta que se eternicen. Veía muy pronto al toro. -Torero de dinastía, ¿cuándo dejó de ser el chiquillo de los Vázquez y el hermano de Pepe Luis -Por una parte, es una suerte nacer en un ambiente así, aunque también se planteaba un problema, puesto que su hermano mayor era un genio del toreo. Pero llega a Madrid y en dos novilladas demuestra lo que es capaz de hacer. Y deja entonces de ser el hermano de Pepe Luis. Para mí: Pepe Luis, un genio; Manolo, otro genio, pero distintos. -Las Ventas se rindió enseguida a su toreo, pero a Sevilla le costó en cierto sentido perdonarle sus triunfos en Madrid. Acaba de publicar El toreo de frente. Manolo Vázquez (Biblioteca Nueva) obra en la que repasa la carrera del Brujo de San Bernardo, uno de los toreros más importantes del siglo XX TEXTO: ROSARIO PÉREZ FOTO: ROCÍO RUZ Andrés Amorós y Manolo Vázquez, en la reciente presentación del libro en Sevilla -Eso ha pasado siempre. Sevilla es maravillosa, pero también caprichosa. -En 1976 confesó a Vicente Zabala que se había quedado a mitad del camino como torero. ¿Reapareció por aquella espinita de su Sevilla? -Sentía cierta insatisfacción artística. Hay que aclarar que Manolo Vázquez ha toreado en dos etapas: en la primera fue una gran figura del toreo y triunfó en todas las plazas, alternando con los más grandes, como Antonio Ordóñez. Los toros le pegaron mucho, pero él no era un temerario: era un clásico. Luego se retiró, con la espinita de Sevilla. Y, como se ha conservado tan bien físicamente y tiene una afición enorme, volvió. Su regreso fuemuy importante para la Fiesta, porque sirvió para que mucha gente joven redescubriera una forma de torear que estaba un poco olvidada, ese dar a los toros la distancia y poner el toreo de frente. La Fiesta de los toros no ha sido nunca ni de izquierdas ni de derechas, sino del pueblo español -El Domingo de Resurrección dio el pregón taurino de Sevilla. ¿Qué supuso para usted? -Un honor, porque, aunque no soy sevillano, hay muchas cosas que me unen a esta ciudad. -Hizo una defensa apasionada de la Fiesta. -Me pareció obligado hablar de las polémicas actuales, bajar a la prosa después de la poesía. Se habla del sufrimiento del animal, pero todos sabemos que si no existiesen las corridas, el animal hubiese desaparecido. El toro es la mayor aportación a la zootecnia universal y forma parte de la cultura mediterránea. -Algunos políticos en Cataluña parece que prefieren eludir ese argumento. -He visto toros en Cataluña, y allí la Fiesta no es algo extraño o extranjero. Ya publiqué una Tercera en ABC, donde recordé que la Fiesta forma parte de la cultura mediterránea de Cataluña. En Francia, por ejemplo, se ve la Tauromaquia como una seña de identidad española. En Arles y Nimes se pueden ver más banderas españolas rojas y gualdas que en algunas provincias españolas. Y eso es una vergüenza para nosotros. Cité a Pérez de Ayala cuando le preguntaron si alguna vez moriría la Fiesta de los toros y él respondió: Nunca. Moriría España Pues hay gente que quiere que muera España. Y eso me parece una tragedia, un disparate absoluto, porque la Fiesta, como España, no ha sido nunca ni de izquierdas, ni de derechas ni de centro, sino del pueblo español, de gente de todas las tendencias y clases sociales. Me preocupan los ataques a la Tauromaquia, pero me preocupa mucho más que se ponga en cuestión la unidad de España. Si don Américo Castro, el gran historiador español, republicano, exiliado y de izquierdas, leyera hoy las cosas que se dicen sobre España, se volvería a morir. Le parecerían disparatadas y suicidas, igual que a Manuel Azaña o Unamuno. Fue una segunda etapa que quizá no ha tenido nadie en la Tauromaquia. Se despidió en Sevilla, a los 53 años, abriendo la Puerta del Príncipe. Un caso insólito. La fotografía de su salida a hombros llenó la portada del ABC de Sevilla el 13 de octubre de 1983 con el título ¡La gloria! -El Brujo de San Bernardo tiene numerosos partidarios, pero quizá algunos detractores descubran con esta obra la grandeza de su tauromaquia. -Espero que sí. Lo que se busca en este libro, como en el de Marcial, es contar un poco de historia, anécdotas interesantes y su concepto. Hay un tópico que se le atribuye a la Escuela sevillana que a Manolo no le agrada. Le molestan los que reducen el toreo sevillano al adorno, a la posturita, a la gracia sin más. Y su toreo no fue así. Fue absolutamente clásico. He tenido la fortuna de manejar más de mil recuerdos personales y fotografías maravillosas en las que cita de frente y es una gloria. Lo interpreta con gracia sevillana, pero no es lo esencial. Lo suyo es toreo, el toreo eterno, el fundamental. -En las crónicas que figuran en su libro se recalca especialmente la naturalidad de su natural. -Pero eso es lo más complicado, la difícil facilidad. También Antonio Bienvenida tenía en sus tardes buenas esa naturalidad, el no estar forzado. -Manolo Vázquez ha reconocido que el matador que más se aproxima hoy a su concepto es Enrique Ponce. -Así es, aunque las comparaciones siempre son odiosas. El Domingo de Resurrección le brindó un toro, al que le dio naturales de frente uno a uno. Era como decirle a Manolo Vázquez: Maestro, es el legado suyo -En ese legado hay mucho de Marcial Lalanda, su primer apoderado. -Fue, en cierto sentido, su maestro. Decía Marcial que con un toro auténtico el toreo clásico es lo más hermoso que puede haber en esta vida. Y Manolo Vázquez siguió esta línea. -Ahora que se habla más que nunca del Quijote como libro de obligada lectura, en el campo taurino, ¿qué obra recomendaría? -En el terreno de la técnica, Introducción a la Tauromaquia de Joselito de Gregorio Corrochano. En el biográfico novelesco, Juan Belmonte de Chaves Nogales. Y en el poético hay dos cumbres: Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de García Lorca, y los sonetos de Miguel Hernández en El rayo que no cesa -Habrá que incluir también El toreo de frente en la biblioteca de los aficionados. -Qué más quisiera yo, sobre todo para que se recuerde a Manolo Vázquez, que ha sido el espejo del toreo clásico. Y eso hay que defenderlo y recordarlo.