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4 Opinión MIÉRCOLES 30 3 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil IGNACIO CAMACHO ZAPATERO, EL PACIFISTA QUE VENDE ARMAS DEBATE ESCOLAR L anteproyecto de ley de reforma educativa, que presenta hoy la ministra San Segundo, nace bajo el signo de la incertidumbre. Combina, no a partes iguales, aciertos, buenas intenciones y errores. Completa la regulación del régimen de conciertos (sometidos ya a bastante presión en algunas Comunidades socialistas) crea comisiones de admisión de alumnos y reforma el procedimiento de designación de directores. Concede mayor capacidad de acción a las Comunidades e incrementa la autonomía de los centros. Esto parece indicar que la Administración central va a tener más problemas para garantizar la unidad del sistema educativo y evitar los abusos localistas de algunas regiones. El texto recoge muchas de las propuestas surgidas en el debate previo y, a pesar de los anuncios alarmantes, deja casi igual el estatuto de la Religión: oferta obligatoria, libre elección. Podría haberse evitado la absurda antesala de la alarma anticlerical. También prevé la creación de una asignatura de Educación para la ciudadanía sobre cuya naturaleza y cuyos contenidos habrá que estar muy atentos, pues puede constituir una vía hacia la manipulación ideológica. El problema fundamental de nuestro sistema educativo reside en la falta de calidad, en absoluto homologable con el contexto europeo. Las prisas en la derogación de la Ley de Calidad no han venido respaldadas por propuestas esperanzadoras. Así, si por un lado se descarta la promoción automática, verdadero desatino que corrigió el PP, se suprime la Reválida y se prevé un único examen de ingreso en la Universidad. Es decir, algo muy parecido a lo que ya fracasó. Los itinerarios se establecen sólo a partir del cuarto curso de la ESO. En conjunto, podría ser bastante mejor, pero también peor. Muchos aspectos decisivos quedan por determinar. Por lo tanto, de momento, prevalece la incertidumbre. La misma que denunciaba ayer en ABC para la Educación Superior el presidente de la Conferencia de Rectores (CRUE) Quizá la mayor virtud del texto sea su condición de borrador abierto a modificaciones en la tramitación parlamentaria y no algo decidido, definitivo y cerrado. El PP, por su parte, ha presentado un texto alternativo. El debate debe seguir abierto y sin exclusiones durante la discusión en las Cámaras. Lo ideal sería que los dos grandes partidos alcanzaran un acuerdo general, pues la educación es una de las grandes cuestiones de Estado. Lo que no se le puede disputar al Ministerio, al menos de momento, es su disposición al diálogo. La marginación de la oposición sería por sí sola un grave error. L A política exterior de un gobierno democrático exige de sus responsables una coherencia de sus principios y ejes de acción con respecto a las directrices de la política nacional. Es indiscutible que ciertas dosis de realismo permiten márgenes de flexibilidad en determinadas circunstancias. Pero no hasta el punto de hacer trizas los aspectos centrales que sustentan discursos políticos de lectura interna cotidiana. Los gobiernos de las sociedades abiertas suelen ser normalmente sensibles a eludir esta incoherencia, porque así ganan crédito y obtienen el respeto exterior de los países de su entorno democrático. Por eso, resulta sorprendente la decisión de Rodríguez Zapatero de visitar Venezuela con el fin de firmar un acuerdo por el que España venderá armas a un régimen de dudosa pulcritud democrática. Máxime si, por un lado, el Gobierno socialista ha hecho del pacifismo- -tal y como se vio en el asunto iraquí- -una de sus banderas de consumo político interno y si, por otro, ha convertido la llamada alianza de civilizaciones en una estrategia planetaria para superar las fracturas violentas que amenazan la paz de la comunidad internacional. Tal es la contradicción de este discurso con el cometido del viaje que le puso en bandeja la crítica al PP, que ayer preguntaba a Zapatero si la mejor manera que tiene de demostrar su famosa ansia infinita de paz es rearmando a Chávez Es conocida la seducción que los trópicos han ejercido sobre una parte de la izquierda española, pero ponerla en práctica cuando se gobierna es un error de bulto si, como empieza a suceder, se hace familiar la fotografía de Zapatero con personajes políticos de la talla del líder venezolano, que a estas alturas quizás sea uno de los dirigente extranjeros con los que más veces se ha retratado el jefe del Ejecutivo español en menos de un año de Gobierno. Nadie discute la importancia económica que pa- ra nuestra industria tiene la construcción de corbetas y aviones de transporte. Especialmentesi se anuda con proyectos que permitirán a nuestras petroleras operar en suelo venezolano. En este sentido, la firma en Caracas de estos contratos contribuirá a sanear la difícil situación que atraviesa la industria naval. Que España vele por los intereses de nuestras empresas de este modo es razonable, aunque hay serias dudas de que si los socialistas hubieran seguido en la oposición no habrían escenificado su particular indignación en el caso de que un Gobierno del PP hubiese patrocinado esa venta de armas. Por otro lado, la conveniencia de que España refuerce sus lazos iberoamericanos facilitando la cooperación entre nuestros países hermanos es también de agradecer. De hecho, la presencia de Zapatero en el encuentro en Guayana de los líderes de Brasil, Colombia y Venezuela es una buena noticia. Pero conviene no confundir los planos. Una cosa es promover el interés general y el estímulo de la relación trasatlántica iberoamericana, y otra muy distinta la propensión de nuestro Ejecutivo a agasajar a Gobiernos como el de Venezuela y Cuba, este último a cargo del último dictador de América y miembrodel elenco de dirigentes de trato preferencial que parece haber elegido Rodríguez Zapatero. Sobre todo si estos contratos contribuyen a reforzar militarmente a un dirigente con delirios de centurión tropical en un área especialmente sensible a ciertos conflictos territoriales. Hay más efectos secundarios. Es nula la ayuda que esta venta de armas supone para el deshielo de las relaciones con Estados Unidos. Es más, lo agrava. El malestar de Washington es más que evidente y el problema bilateral lleva camino de enquistamiento. Mientras el álbum de fotos con Chávez crece y crece, con Bush, presidente de la única potencia mundial, Zapatero sólo tiene cuatro segundos de conversación y un ¿qué tal amigo? E EL GENOMA DEL CÁNCER RESTIGIOSOS investigadores estadounidenses- -entre ellos varios premios Nobel y directores de algunos de los más célebres institutos científicos de ese país- -se proponen conseguir descifrar el genoma del cáncer a través de un colosal proyecto investigador de largo recorrido (nueve años) y en el que se invertirían cerca de 1.300 millones de dólares. Nunca hasta este momento la comunidad científica había emprendido una iniciativa de similar envergadura, cuyos resultados- -destripar las variaciones genéticas de las células que provocan el cáncer- -abren una expectativa insólita en la lucha contra una de las principales causas de mortalidad en el mundo. En 1971, el presidente Richard Nixon afirmaba que su país había declarado la guerra al cáncer y pronosticaba que la victoria sobre este mal se pro- P duciría probablemente en unos diez años. Desgraciadamente no fue así y todavía aún parece lejano ese momento. Cierto es que el mencionado proyecto aún debe ser aprobado por el Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU. cuya visto bueno parece esencial para obtener los fondos públicos necesarios. También lo es que, por ahora, sólo existen pronósticos halagüeños sobre los resultados y la utilidad de los mismos. Pero quizá sea el momento de explorar este formato de macroinvestigación oncológica, en el bien entendido de que muchas de las grandes gestas de la Humanidad (la llegada del hombre a la Luna, por ejemplo) han requerido normalmente esfuerzos tan prodigiosos. Y la posibilidad de vencer al cáncer merece, sin duda, el hercúleo esfuerzo que estos días nos llega desde EE. UU.