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ABC MARTES 29 3 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Es natural que a todos nos interese conocer lo que charlaba en la cárcel el socialista Huarte con el argelino implicado en el 11- M HUARTE, A ESCENA OCO o nada se entiende la negativa de Zapatero y sus sociatas a que comparezcan en la Comisión parlamentaria del 11- M los testigos propuestos por el PP, y entre ellos ese Fernando Huarte, dirigente del partido en Gijón, amigo de Abdelkrim Bensmail, implicado en el atentado, y de otros argelinos, además de algún agente de Sadam Husein. Digo que no se entiende esa negativa del PSOE si no es con la interpretación más lógica, pero menos favorable al partido. O Fernando Huarte tiene algunos datos que ocultar, molestos gravemente para los socialistas, o negar esa comparecencia es de tontos de capirote y, como decía mi bisabuela, de mastuerzos y badulaques. Cuando el PP, cargado de razón, pide que expliquen los motivos de su cerrazón, los socialistas sólo aciertan a decir que la derecha todavía no ha digerido su derrota electoral. O sea, que salen por los cerros de Úbeda o con coplas de Calaínos. Y es que entre los socialistas, el único que se aproxima un poco a la excelsa oratoria del mítico Ramonet es Felipe González. Los demás balbucean, tartajean, barbotan o mascullan. Ramonet, cuando estaba en activo, era capaz de vender cualquier cosa, no sé, peines a los calvos y turrón de almendra a los desdentados. Y Felipe González lograba vender la burra con mataduras a cualquiera que no se llamara Álvaro Domecq o Fermín Bohórquez. Pero este Zapatero va al concurso de charlatanes de Orihuela y no vende ni un paraguas en día de diluvio. Bien es verdad que los socialistas se encuentran pillados en un cepo. O se exponen a que Fernando Huarte revele secretos que los deje con el tafanario a la intemperie, o quedan en evidencia al negar, sin motivo confesable, la comparecencia del compasivo amigo de terroristas. Hay que reconocer que el tal Huarte es un tipo bastante extraño y difícilmente explicable. Lo mismo visita en la cárcel al argelino implicado en el 11- M, que invita a Gijón a una jai del equipo de Sadam Husein Adán Jesusín que decía mi pobre chacha Felisa) que aparece de visita en Brasil o de guardaespaldas de Zapatero en Asturias. Es natural que a los miembros de la Comisión parlamentaria y a todos nos interese conocer lo que charlaba Huarte con el argelino en la cárcel y las llamadas telefónicas que hacía o recibía durante los fatídicos cuatro días de marzo. Por fin, esa gloria del foro político que se llama Pepiño Blanco, tercera pata del banco zapateril, ha concedido que se conozca la cinta donde están grabadas las misteriosas conversaciones humanitarias de Huarte y el argelino. Eso es que ya las conoce se ha apresurado a decir Ángel Acebes. Esta bien que llegue la cinta a los parlamentarios de la Comisión. Pero quien tiene que llegar para responder a las preguntas que le hagan es el propio Huarte. Lo que no es de recibo es que se cierre la investigación con unas conclusiones redactadas de antemano, antes de conocer los testimonios más interesantes y sin que comparezcan los testigos principales. Y que encima el presidente ferroviario, que no sabe vender un burro aunque fuese el mismísimo Platero juanramoniano, venga, se ponga y farfulle acusaciones al PP. Huarte, a escena. P IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Sólo con gestos no es posible gobernar. Demoler es fácil. Construir no lo es tanto. Y, al final, habrá que sentarse y ponerse a gobernar. Para hacer frente a lo que se nos viene encima, no bastará con gestos EL GESTO N O deben despreciarse los gestos. Tampoco en política. Revelan la índole de la persona. Hasta ahora, las tres más memorables decisiones de este Gobierno han sido negaciones: retirada de las tropas de Irak, carpetazo a la Comisión de investigación (con el rechazo de comparecencias solicitadas por la oposición) y derribo de la estatua de Franco. Política de la negación. Quienes miran mucho hacia el pasado, quizá es que tienen poco futuro. Vieja política. Acaso el ejercicio de iconoclastia nocturna, heroico antifranquismo sin Franco, no sea sino una provocación a la derecha para que se le escapara algún tic profranquista. Intento fallido. También puede ser la obra del resentimiento y del sectarismo. No en vano, volvemos a escuchar la vieja monserga de los buenos y malos españoles, sólo que ahora los que eran malos pasan a ser buenos y viceversa. Puro franquismo invertido. Política, en su sentido noble, es acción, no negación. Quizá sea sólo un gesto, pero lo es revelador, como todos. Y coherente, perfectamente coherente con el proyecto de demolición de la concordia. Guerra declarada a la tercera España, es decir, a la de los que perteneciendo a una u otra, o a ninguna de ellas, aspiran a convivir y entenderse con los que piensan de otra manera. Es éste un Gobierno neomaniqueo de buenos que aspira a combatir a los malos. En lugar de hacer historia, se conforma con reinventarla o tergiversarla, y, precisamente, en sus peores momentos. Su memoria sesgada falsifica la historia. Los gestos no son sino las heridas superficiales del alma. Por ellos se le escapa al Gobierno su revanchismo. Es frecuente que uno atribuya a su adversario los vicios que, lo sepa o no, alberga en su interior. Por algo Zapatero acusaba a Aznar de gobernar instalado en el rencor. Era un anuncio. Sólo así se entienden las líneas fundamenta- les de la política socialista. Su hilo conductor, su obsesión, es oponerse a todo lo que hizo el PP. Y como en aquella gestión abundaron más los aciertos que los errores, su vuelta del revés sólo puede conducir a un predominio de los errores sobre los aciertos. La democracia es cosa de dos, pero no de Gobierno y oposición, sino de izquierda y nacionalismo. Lo demás debe ser excluido. También puede tratarse de una cortina de humo para impedir la visión de otros problemas, como el 11- M, el descrédito exterior o la economía, que ya empieza a resentirse, o para desviar la atención ciudadana de ellos. En este caso, también empeño fracasado porque ni la oposición popular ni los medios de comunicación van a dejarse engañar. Podría tratarse también de hacerse perdonar los fracasos y la indigencia de sus políticas mediante la apelación a una patente de corso progresista, como diciendo no voy a mejorar la situación económica, ni a aumentar el prestigio de España en el mundo, ni a elevar los niveles de justicia social, pero, a cambio, a progresista y a antifranquista no me gana nadie Cada quien es, como advirtió don Quijote, hijo de sus obras. Y las obras principales de este Gobierno son empeños por enterrar la transición e imponer la ruptura. Tiene vocación inaugural, obsesión por estrenar hasta la democracia. Por eso, la Constitución apenas sirve ya, pues fue fruto de la concordia. Ahora hay que emprender su reforma (o demolición) la tarea de la revancha. Si no fuera porque la situación actual de España es incomparable a la de hace setenta años, uno se temería lo peor, porque no parece que haya error de entonces que no se intente recuperar. Y lo peor es que sólo con gestos no es posible gobernar. Demoler es fácil. Construir no lo es tanto. Y, al final, habrá que sentarse y ponerse a gobernar. Para hacer frente a lo que se nos viene encima, no bastará con gestos.