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90 LUNES 28 3 2005 ABC Gente Sara Montiel, Dulcinea universal. Los trajes que la artista de Campo de Criptana lució a lo largo de su carrera cinematográfica serán exhibidos en un festival benéfico que se desarrollará los días 8 y 9 de abril en esta localidad manchega, bajo el título Sara Montiel, Dulcinea universal del IV Centenario del Quijote Un turista contempla un retrato de los Príncipes Rainiero y Gracia de Mónaco en una tienda de souvenirs del Principado Mónaco reza por Rainiero Cuatrocientos fieles pidieron ayer con sus cánticos por la recuparación del Soberano monegasco, mientras su familia prefirió celebrar un oficio religioso privado en Palacio TEXTO: JUAN PEDRO QUIÑONERO FOTOS: J. P. Q. Y REUTERS Príncipe Rainiero III de Mónaco se encuentra oficialmente en un estado muy reservado, consciente, pero bajo sedación, pudiendo soportar la asistencia respiratoria absolutamente indispensable En su reino, defendido con tenacidad por la dinastía de los Grimaldi desde el siglo El XIII, la piedad religiosa cohabita con los juegos de azar y las secuelas de la vida de lujo cosmopolita. Ayer mañana, bajo una finísima lluvia intempestiva, unos cuatrocientos fieles, animados por el arzobismo de Mónaco, entonaban los cánticos de su piedad religiosa, pidiendo al cielo que el domingo de Pascua de Resurrección coincidiese con la difícil recuperación que, en privado, casi nadie cree posible. A los fieles, el arzobispo de Mónaco, monseñor Bernard Barsi, les pedía con ardor: Nuestros acongojados corazones piden por el restablecimiento de la salud de nuestro Príncipe y la recuperación de nuestro Papa Juan Pablo En la misma calle, la sede de los Penitentes Negros recibía la visita masiva de turistas, interesados repentinamente por la historia de la cofradía. El príncipe Alberto y sus hermanas, las princesas Estefanía y Carolina, acompañadas de Ernesto Augusto de Hannover, no asistieron a la gran misa cantada. Prefirieron celebrar un oficio religioso privado, en el Palacio que domina la bahía, abarrotada de yates de gran lujo, con banderas internacionales. A primera hora de la tarde, el parte médico oficial era el menos alarmista de los últimos días. Allí donde el sábado se afirmaba que las funciones vitales del Príncipe se degra- daban progresivamente, los médicos que cuidan a Rainiero afirmaban ayer una cierta estabilización Y el pronóstico pasaba de extremadamente reservado a muy reservado Sin embargo, las sutilezas bizantinas de la comunicación médico diplomática no siempre convencen a una mayoría de ciudadanos que sigue con respeto distante la evolución de la crisis. Hay quienes piensan que se espera el momento oportuno para comunicar oficialmente la noticia del fallecimiento, cuando concluya la delicada organización de sus posibles funerales. Tras una muy intensa Semana Santa, a la que ha seguido un Domingo de Resurreción con el alma en vilo y el lunes de Pascua, las manifestaciones de piedad contenida coincidían ayer con la pacífica invasión de decenas de millares de turistas tan interesados por la agonía del Príncipe como por los juegos de azar, los señuelos del lujo de aparato y las promesas contenidas de la geografía de la vida nocturna. Desde la plaza del Casino y el Hotel de París, el corazón oficial del lujo más convencional, las bandas de turistas iban y venían entre la catedral, donde se suceden las tumbas de los Grimaldi, y los casinos y salas de juego de los grandes hoteles. A la puerta de la Catedral, los carteles prematuramente veraniegos recordaban la necesidad de entrar en una iglesia con ropa decorosa. A la caída de la noche de ayer, la brisa primaveral azotaba el rostro de los grupos de turistas que buscaban refugio en los casinos y salas de juego, vigilados con férrea firmeza policial. Mientras Rainiero se encuentra siempre entre la vida y la muerte, la piedad discreta del Montecarlo histórico y tradicionalista cohabita con el Montecarlo del siglo XXI, muy marcado por las secuelas del negocio inmobiliario, el refugio fiscal y bancario, insensible al ocaso de un hombre que cambió la fisonomía histórica de su patria.