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50 Cultura LUNES 28 3 2005 ABC CLÁSICA Semana de Cuenca Mozart, Haydn y Taverner (estreno) Int. Rozario, Lluna, Orq. Com. de Madrid. Dir. Goodwin. Lugar: San Miguel Puccini, Rossini, Boccherini y Jurado (estreno) Int. Rey, Barcellona, Jurado, Jonde. Dir. Frizza. Lugar: Auditorio. Fechas: 23 y 24- III- 05 Ayer concluyó la XLIV edición de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, una de las más veteranas citas del calendario musical español. Italia ha tenido un especial protagonismo en el festival, el último bajo la dirección de Antonio Moral, nuevo director artístico del Teatro Real Adiós a Cuenca con acento italiano TEXTO: ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE FOTO: EFE MÚSICA NUEVA A. G. L. strenos y encargos son consustanciales a la Semana conquense. De muchos sólo queda la cita; otros perduran con más fortuna. Las reglas del mercado clásico son insondables. De ahí que un místico como sir John Taverner disfrute de fama y fortuna. Se le ha visto en Cuenca tras recibir uno de los encargos de este año. Él mismo se sentó en el podio de la Orquesta de la Comunidad de Madrid permitiendo que su Cantus Mysticus difundiera un sentimiento de perplejidad. Se trata de música de mala factura, de relativa imaginación y poca consistencia sintáctica que pivota sobre el cloquear de voz (aquí la ajada de Patricia Rozario) el remedo jazzístico de un solo de clarinete ¡qué lujo el de Joan Enric Lluna! y la elemental trayectoria de una melodía que salta a la voz y a la orquesta. La agrupación madrileña, junto a Paul Goodwin, remató el programa con fortuna limitada. No era el día. Cambió el escenario con el Stabat Mater de la madrileña Pilar Jurado, obra escrita por alguien que hace música y sabe compaginar ideas y realización. Pese a que no se defina en un estilo enteramente propio. Así lo revela la orquestación, la línea vocal y la forma en la que se integran ecos, ya sea de Palestrina, ya de autores de hoy. El todo alterna lo narrativo y la ilustración a partir de la fría sonoridad inicial a la que se acaba por volver. Jurado ha añadido al original latino algunas frases en castellano dichas por los músicos de la orquesta. Es un detalle de carácter ingenuista que aporta poco al buen acabado, engarce, continuidad y logrado propósito de comunicación. Actuaron como solistas la propia Jurado y la mezzo Daniela Barcellona, quien dejó su impronta guerrera en la rossiniana cantata Giovanna d Arco según la prudente orquestación de Sciarrino. También se oyó el Stabat Mater de Boccherini cuya primera versión, tan de moda, se amplió a la orquesta de cuerda. Ahí la soprano Isabel Rey acabó columpiándose en una interpretación de sentimiento romántico, finamente caligrafiada en detalles de gran efecto. Pero ante todo destacó el muy armado trabajo de la Jonde, su empaste, y la nobleza de una sonoridad noble y expresiva, fruto del trabajo junto a Riccardo Frizza. E CUENCA. El mundo musical italiano vive de la paradoja. Se sustenta en una limitada vida concertística, apenas promociona la realización de algún festival más allá del rossiniano de Pesaro o el de Martina Franca, mientras los teatros de ópera tantean la crisis económica y se retroalimentan del repertorio más trillado. Y, a pesar de todo, bulle el trabajo de quienes exportan la música antigua italiana al resto del mundo. La idea se ha repetido estos días en los Encuentros organizados por la Semana de Música Religiosa de Cuenca. Claudio Cavina, Antonio Florio, Fabio Bonizzoni y aún Gabriel Garrido, tan cercano por su éxito discográfico a Monteverdi, han hablado de todo ello. En muchos casos quejosos de tener trabajo sólo fuera de su país; siempre sorprendidos por la capacidad de convocatoria del festival conquense, muy hábil al tensar la programación final con algunos conciertos dedicados a observar la actualidad del barroco italiano. Aquí han tenido sitio, además de Monteverdi, la vocalidad napolitana y la religiosidad de Vivaldi. Así, se dejó sentir la austeridad religiosa de la Selva morale e spirituale monteverdiana que, en tres sesiones de mañana, interpretó La Venexiana de Cavina. Fue una visión concentrada, atenta a convertir imágenes y dibujos musicales en una forma de reflexión. Y aún más: todo una sorpresa para quienes se acercaron al cercano espacio de la iglesia de San Miguel, pocas veces tan acostumbrado a llenarse de público dispuesto a despegarse del tronar de las procesiones. Sobreponiéndose a la enfermedad de algún cantante, buscando la soltura en el tenso ambiente creado por los micrófonos que grababan para una futura edición discográfica, se impuso la innata elegancia del grupo y la magnificencia de esta música. Claudio Cavina, durante el concierto que dirigió junto a la JONDE De ella habló Garrido antes de centrarse en la teatralidad del Vespro della Beata Vergine a partir de una propuesta discutible en lo estructural y muy difícilmente defendible en lo interpretativo. Piénsese que Cuenca había llegado al concierto del Ensemble Elyma sobrecogida por la contemplativa visión que Florio y su Cappella della Pietà de Turchini habían dado de los napolitanos Pergolesi y Provenzale. Es difícil imaginar el trajín cotidiano de su ciudad en tan serena y alargada propuesta. Más aún creer que puertas afuera del Auditorio conquenses ya se dejaba oír el tronar sobrecogedor y nocturno de las turbas. Pero quizá fuera en ese encuentro de contrarios donde hay que entender la aparición de los momentos únicos. La soprano Maria Grazia Schiavo y la contralto Sara Mingardo convirtieron el Stabat Mater de Pergolesi en el milagro del embeleso que proponen gentes como Florio. Del mismo modo, Bonizzoni, en el concierto de clausura, añadió nueva luz a la Venecia de Vivaldi. Las Vísperas solemnes para el Domingo de Pascua se escucharon sin caer en la actual moda de lo extremo, ya sean los contrastes dinámicos ya la adopción de velocidades infernales. Bonizzoni y La Risonanza se asientan en una posición más humilde y, a la postre, más grandiosa. Aquí con el apoyo de un grupo como la Capilla Peñaflorida, redonda, sonora, bien apoyada, con presencia y empaste. Si, como se dice, los 22 conciertos de la Semana de Música Religiosa de este año han sido algo más, mucho deben a este último tramo protagonizado por lo italiano. El festival ha sido muy hábil al tensar la programación final con algunos conciertos dedicados a observar la actualidad del barroco italiano