Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
46 Sociedad LUNES 28 3 2005 ABC Medio Ambiente El Senado de Estados Unidos ha aprobado incluir las ganancias del petróleo bajo la reserva del Parque Nacional del Ártico en el presupuesto nacional Alaska, la dudosa nueva frontera energética TEXTO: ALFONSO ARMADA NUEVA YORK. A instancias de la Casa Blanca, de un gobierno que, en palabras del vicepresidente Dick Cheney, no permitirá que nadie altere su modo de vida ni dicte sus hábitos de consumo (por ejemplo, el tratado de Kioto) el Congreso parece empeñado en abrir el Parque Nacional del Ártico, en Alaska, a la exploración y explotación de su subsuelo. El presidente George W. Bush ha descrito la zona situada al este de la bahía de Prudhoe, donde hace décadas que se extrae crudo, como fundamental para multiplicar la producción nacional de petróleo, aunque nadie sabe el volumen de la riqueza que uno de los parajes más estremecedores y bellos de la Tierra esconde. Mientras la Cámara de Representantes todavía tiene que decir su última palabra, el Senado ya ha aprobado incluir los beneficios futuros de la extracción en el presupuesto nacional, y eso que en el mejor de los casos el oro negro no empezaría a brotar de los oleoductos hasta el año 2008 o 2009. Varias compañías petrolíferas punteras llevan años soñando con perforar en parte del Artic National Wildlife Refugee, y según declaraba recientemente al New York Times el gobernador del Estado menos poblado de la Unión (vendido por Rusia a Estados Unidos en 1867 por 7,2 millones de dólares) Frank H. Murkowski, cuando esas zonas sean puestas a licitación, todas y cada una de las principales compañías petrolíferas del mundo estarán presentes en la puja Aunque Murkowski también admite que no se sabe exactamente cuánto petróleo se oculta en las profundidades. va del tamaño de Carolina del Sur- -será mínimo, un argumento disputado por biólogos y conservacionistas. El psiquiatra Oliver Sacks, autor de libros de paradójica belleza, como El hombre que confundió a su mujer con un sombrero confesaba el viernes en el Times su pasión por su nuevo híbrido, un vehículo que no sólo contamina menos, sino que conduciendo entre 32.000 y 49.000 kilómetros al año le ahorra entre 1.900 y 3.800 litros de gasolina. Además de lamentar los estragos que podría sufrir uno de los pocos espacios que quedan casi vírgenes en Estados Unidos, Sacks comparte las sospechas de que violar el refugio de Alaska apenas valdría la pena en términos económicos: apenas satisfaría durante pocos años la hambrienta cultura de gasolina de la que su país es máximo exponente. Inevitable carestía petrolera En ese punto hacía hincapié en un artículo en el mismo diario el pasado viernes Kenneth S. Deffeyes, profesor emérito de geología de la universidad de Princeton, en Nueva Jersey, quien considera que el mundo se desliza hacia una inevitable carestía petrolera. La explotación de la bahía de Prudhoe, el mayor campo petrolífero en manos de Estados Unidos, ha proporcionado hasta ahora 13.000 millones de barriles, y a pesar de ello no ha sido capaz de revertir el declive en la producción nacional de crudo desde su cota máxima, en 1970. Para Deffeyes, autor de libros como Más allá del petróleo: la visión desde el pico Hubbert es más que dudoso que la explotación Los parques naturales de Alaska, en peligro Los informes estiman que bajo la superficie del parque podrían extraerse 10.000 millones de barriles de petróleo Algunos expertos consideran que violar el refugio de Alaska apenas valdrá la pena en términos económicos del refugio nacional del Ártico vaya a alterar esa tendencia, de ahí que proponga a la Casa Blanca un radical cambio de eje: Automóviles diesel más eficientes, volcarse en la energía eólica y nuclear, y empeñarse en soluciones energéticas disponibles hoy día, como aprovechar las ingentes reservas estadounidenses de carbón (estimadas en unos 300 años) que podrían extraerse y utilizarse sirviéndose de métodos más limpios que no añadieran dióxido de carbono a la recalentada atmósfera de la Tierra, y de paso hacerle un guiño a Kioto. Unos 10.000 millones de barriles Los datos oficiales más fiables, procedentes del Informe geológico del Gobierno de Estados Unidos, dicen que unos 10.000 millones de barriles de petróleo podrían yacer a lo largo de la plataforma costera del refugio. Aunque el clima es sin duda inhóspito, lo que contribuye a hacer de Alaska un territorio casi deshabitado y a enaltecer la condición sagrada y salvaje de su belleza, el hecho de no ser una zona caliente de conflictos étnicos o políticos, multiplica su atractivo para las empresas extractoras. Durante el debate en la cámara alta, los republicanos hicieron hincapié en que las nuevas tecnologías son mucho más respetuosas con el entorno y el daño para la flora y la fauna- -como los 120.000 caribús censados en una reser- Financiación del terrorismo y los regímenes autoritarios Uno de los columnistas más influyentes de la prensa norteamericana, Thomas L. Friedman, acusaba ayer en las páginas de opinión del New York Times al Gobierno de George W. Bush de seguir una política no sólo errónea sino peligrosa respecto al petróleo. Aunque la Casa Blanca ha vendido la explotación del petróleo depositado en el subsuelo de Alaska como una forma de limitar la dependencia de regímenes como Venezuela, Rusia o Arabia Saudí, la mayoría de los geólogos cree que su aportación a las pantagruélicas demandas de los 200 millones de automóviles y camiones ligeros de la hiperpotencia será pequeña en el mejor de los casos. Friedman apuesta por aumentar los impuestos sobre la gasolina para reducir el consumo e impulsar la adquisición de vehículos híbridos y sobre el carbón para instar a las empresas a cambiarlo por energía eólica, solar o hidroeléctrica, además de volver a construir centrales nucleares bajo patrones más ecológicos y seguros. No haciendo nada para reducir el consumo de petróleo en EE. UU. estamos financiando a ambos bandos en la guerra contra el terrorismo y reforzando a los peores gobiernos del mundo. Lo que estamos haciendo es financiando por una parte al Ejército de EE. UU. con nuestros impuestos, y por otra a los jijhadistas -y a las mezquitas y organizaciones caritativas saudíes, sudanesas e iraníes que les patrocinan- -mediante nuestras compras de gasolina. El boom del petróleo está también alimentando a los autócratas en Rusia y Venezuela, el último Hugo Chávez está convirtiendo a su país en la Cuba de Castro con petróleo