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ABC LUNES 28 3 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Le va bien al ZP con el partenariado. Tiene aliados, parejas, socios y extraños compañeros de cama para hacer la mayoría parlamentaria EL PARTENARIADO APATERO ha aprendido una palabra nueva: partenariado y la ha soltado en su discurso de la Cumbre de los Estados Árabes celebrada en Argel. Quizá se la haya hecho aprender Carmen Calvo, que ya inventó lo de fraila y que se encuentra empeñada en la misión literaria de ensanchar el idioma de Cervantes, ahora que celebramos el Centenario del Quijote. O a lo mejor no ha sido la ministra de Cultura sino el ministro de Exteriores, que está muy puesto en el vocabulario diplomático de la última hornada anglosajona. En cuanto Moratinos logre decirle lo de partenariado a Condoleezza Rice, se arregla todo el desaguisado con Estados Unidos y Bush llama por teléfono a Zapatero. Este difícil hábito de inventar neologismos no lo iba a dejar Zapatero tan ricamente para que sólo se divierta Paco Umbral. Al hilo de la alianza de civilizaciones Zapatero expele ahora y pone en circulación lo de partenariado que es algo así como asociación o concierto para llevar a cabo una empresa, lo mismo comercial o mercantil que cultural, social o política. El voquible tiene que haber salido del inglés partaker que significa participante, y ya se sabe que lo importante es participar para ganar, y si no, ahí está el 14- M, quién me compra ese misterio que la Comisión parlamentaria quedará cerrada y muerta antes de desvelar. También puede haber salido esta perla del francés partenaire que se traduce como compañero y lo mismo puede ser compañero de juego, pareja de baile o socio de una empresa. Y naturalmente, también amigo de cama o cómplice político. Por ejemplo, Carod- Rovira es un partaker un partenaire o un partenariado de Zapatero. El tripartito puede ser considerado como el triángulo partenariado de las Bahamas. Tengo que proponerle y pedirle al sabio del idioma Manuel Seco que incorpore a su Diccionario de uso los palabros, voquibles y sonidos más o menos articulados que emiten nuestros sociatas tan pronto como les ponen una alcachofa radiofónica junto a la boca, y que el sabio nos explique, si puede, las entrañas polisémicas de los variados inventos idiomáticos. Esta gente del socialismo rampante no da puntada sin hilo ni hace cosa alguna a humo de pajas, y si Carmen Calvo, claro, inventa lo de fraila y ahora Zapatero se apodera de lo de partenariado será con su ideíca y su intención, y porque piensan que de ahí pueden sacar algo que les sirva de provecho o que venga en su favor. La verdad es que los partenaires y los partákeres de Rodríguez Zapatero, con ser tan poca cosa y valer tan poco como valen, le han proporcionado el provecho de la presidencia del Gobierno, y desde allí se ha inventado ya unos cuantos prodigios, empezando por el talante y terminando por el partenariado. Hay que reconocer que le va bien al ZP con el uno y con el otro. Tiene aliados para el juego político, parejas para el baile gubernamental, socios para la empresa política (qué diría mi paisano Saavedra Fajardo si levantara la cabeza) ministras para la renovación del lenguaje y para las soluciones habitacionales y extraños compañeros de catre para solazarse en la cama redonda de la mayoría parlamentaria. Congratuleision, Zapa. Z JUAN MANUEL DE PRADA Puestos a matar por decreto, la técnica nazi se me antoja menos demoradamente cruel que la privación de bebida y alimentos; pero a los hipócritas que postulan el fin del Derecho no les gustan, al parecer, los métodos expeditivos EL FIN DEL DERECHO UCHO antes de entrar en guerra, el Tercer Reich desarrolló un plan para el asesinato de enfermos incurables denominado Aktion T 4 Se calcula que, cuando finalmente fue cancelado, varias decenas de miles de alemanes aquejados de enfermedades terminales habían sido entregados a las cámaras de gas. El programa de eutanasia de Hitler, que suele calificarse erróneamente de prueba piloto para los campos de exterminio masivo, estaba en realidad dictado por una actitud de índole compasiva los jerarcas nazis consideraban que una vida estragada por el sufrimiento no merecía la pena ser vivida. Los promotores de Aktion T 4 desarrollaron, sin embargo, su trabajo en secreto, sabedores de que el Derecho les impedía disponer discrecionalmente de las vidas ajenas; cuando dichas prácticas fueron divulgadas, tuvieron que ser interrumpidas, pues resultaron demasiado desagradables para la opinión pública. Visto a la luz de nuestra época, el programa de eutanasia del Tercer Reich quizá siga resultando desagradable no tanto por su maldad intrínseca como por sus cifras industriales y sus métodos expeditivos. Pero en lo que verdaderamente importa- -la suplantación del Derecho por un conglomerado de consideraciones presuntamente piadosas nuestra época ha llegado más lejos que el Tercer Reich: lo que los jerarcas nazis realizaban en secreto, por cuidar las apariencias, nuestra época lo perpetra a plena luz del día, orgullosa de su altruismo El caso de Terri Schiavo nos muestra la perversión rampante del Derecho que postula nuestra época. En los últimos años, el Derecho ha dejado de fundarse sobre conceptos inmanentes para apoyarse sobre un batiburrillo de conveniencias sociales e ideológicas dictadas por el oportunismo. Así, por ejemplo, si se considera que destruir la naturaleza de una institución jurídica puede reportar determinados réditos electorales, se M procede a su destrucción y santas pascuas. Este entendimiento relativista (y, en el fondo, descarnadamente totalitario) del Derecho no afecta tan sólo a sus instituciones, sino también a sus principios rectores: así, el derecho a la igualdad puede ser interpretado ad absurdum para forzar una nueva configuración del matrimonio, pero al mismo tiempo puede ser derogado mediante la introducción de una discriminación positiva de tal o cual sexo. Cuando el Derecho es sometido a la pura conveniencia, la aberración jurídica campa por sus fueros; por supuesto, para justificar tales aberraciones, los destructores del Derecho invocan la sacrosanta corrección política, o bien un sucedáneo hipócrita de compasión. De este modo, le tapan la boca a los disidentes, que si todavía se atreven a balbucir algún reparo son automáticamente expulsados a las tinieblas exteriores. Uno tenía entendido que el presunto derecho a la eutanasia se fundaba sobre la voluntad del enfermo. Pero caminamos hacia una eutanasia por decreto donde la voluntad del enfermo es suplantada por su representante legal o por un juez que se arroga un poder decisorio sobre la vida y la muerte. Naturalmente, una vez infringida la noción misma de Derecho, se puede afirmar sin empacho que ofrecer bebida y alimentos a un enfermo es mantener artificialmente su vida (lo que legitimaría matar por inanición a tetrapléjicos, pacientes de alzheimer o niños recién nacidos con malformaciones) o aceptar como prueba irrefutable el testimonio de un familiar que se erige (sin que ningún documento o testigo lo acrediten) en sedicente depositario de la voluntad de la víctima. Puestos a matar por decreto, la técnica nazi se me antoja menos demoradamente cruel que la privación de bebida y alimentos; pero a los hipócritas que postulan el fin del Derecho no les gustan, al parecer, los métodos expeditivos.