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ABC DOMINGO 27 3 2005 Deportes 87 BALONCESTO El baloncesto del Barcelona ha protagonizado un triste récord. Ha pasado de ganar un triplete glorioso- -Euroliga, Liga ACB y Copa del Rey- -a vivir una crisis profunda que nadie se atreve a pronosticar cómo puede acabar. Lo peor es que la demolición se ha realizado desde el interior del club con una serie de despropósitos que han destrozado un proyecto campeón La autodestrucción del Barça récord TEXTO SERGI VILLAGRASA BARCELONA. La historia arranca apenas 40 días después del mayor éxito jamás alcanzado por la sección de baloncesto del Barcelona. El 11 de mayo de 2003 conquistaba la Euroliga y, poco después, Joan Laporta tomó posesión de su cargo como presidente. Justo dos días más tarde de su entrada en el club, el Barça se proclamaba campeón de la Liga ACB frente al Estudiantes después de completar un playoff casi inmaculado, con nueve victorias y una sola derrota. La sección era fuerte, bien estructurada y mejor dirigida (con Alemany y Maceiras al frente) con una gran plantilla. El futuro se prometía halagüeño. Sin embargo, todo empezó a torcerse un mes después. La política de altas y bajas en el equipo no ha podido ser más desafortunada en los últimos 20 meses. El mayor error se produjo en el verano de 2003, cuando se abrió la puerta de salida al lituano Jasikevicius después de ofrecerle un contrato insultante, a la baja, para que dejara el equipo. que enrarecer la situación y sumir la sección en un profundo desconcierto, que alcanzó uno de sus puntos culminantes con la dimisión del propio Valero 28 días después, lo que dejó la sección patas arriba. Pero la gota que colmó el vaso de la paciencia de los aficionados culés fue la mala imagen que se transmitió en la presentación de Manuel Flores como tercer técnico de la temporada. Las divergencias entre Laporta y el responsable de la sección, Bartomeu, quedaron al descubierto, hasta el punto de que casi de inmediato el segundo tenía que abandonar sus funciones. El error de deshacer el eje que formaban Salvador Alemany y Antonio Maceiras pasaba factura. Para colmo de incongruencias, mientras Laporta le decía a Flores que se preparara para tomar el mando del equipo, negociaba a sus espaldas con Javier Imbroda. Futuro imperfecto Cuando parecía que la victoria en Moscú le daba un respiro al equipo, la dura realidad se ha impuesto. El Etosa, primero, y el Scavolini, después, han certificado la crisis de identidad de un equipo que ha pasado de triple campeón intratable a quedar fuera de los cuartos de final de la Euroliga, perder la Copa del Rey y no ser más que quinto en la Liga ACB. Los deseos de recomposición de la sección pasan, según ese entorno que intenta saber todo lo que sucede en el club, por incorporar a dos hombres de máxima categoría. Un mánager general, que podría ser Zoran Savic, el hombre que ha relanzado al Climamio de Bolonia, y Dusko Ivanovic, el entrenador que ha convertido al TAU en uno de los mejores equipos del continente. Aunque los aficionados sueñan sobre todo con el regreso de Jasikevicius, el idolatrado encestador que fue clave en los últimos triunfos del baloncesto azulgrana. Altas y bajas equivocadas Desde el primer día, Sharas ha sido constantemente recordado por el público del Palau y ha dado muestras de su calidad en el Maccabi, equipo con el que se proclamó campeón de Europa la pasada temporada. La llegada de Ilievski para cubrir su ausencia apenas ha aportado cosas positivas a la dirección en pista del equipo y sólo su condición de comunitario, que obtuvo recientemente, le mantiene como elemento válido. El propio jugador, molesto por los comentarios que sitúan a Jasikevicius en el Barça la próxima temporada, ha experimentado un bache importante en su juego. El fichaje de Roger Grimau, por el que se abonaron 600.000 euros al Lérida, tampoco ha dado aún los frutos apetecidos, pues el jugador nunca ha ofrecido el nivel de juego que exhibió en su etapa ilerdense. Además, en ocasiones se ha visto obligado a asumir el rol de base, muy lejos de sus aptitudes. Y lo mismo se puede decir del danés Drejer, una de las apuestas de Pesic, que sigue en el equipo sin que nadie sepa exactamente cuál es su papel. Las marchas de Femerling y Nacho Rodríguez aún se hacen más discutibles. En el caso del alemán, nadie entiende que se deje escapar a un jugador comunitario y de su altura (2,15) especialmente si se tiene en cuenta la evidente fragilidad de Roberto Dueñas, cada año más castigado por las lesiones y recién operado. Capítulo aparte merece lo sucedido con Jordi Trías, el joven jugador procedente de Gerona por el que el club azulgrana pagó 450.000 euros. Actualmente está de vuelta, como cedido, en el Casademont. Trías nunca fue el jugador Bodiroga, atascado en el partido contra el Scavolini que prometía en su equipo y se vio también inmerso en un déficit de hombres altos en la plantilla azulgrana, del que no supo sacar partido ya que no aprovechó sus oportunidades. Actualmente vuelve por sus fueros en su club de origen. También han abundado los fracasos a la hora de intentar incorporaciones de primer nivel para reforzar la plantilla. Las ofertas por hombres como Garbajosa y Felipe Reyes no fueron aceptadas por éstos, que optaron por el Unicaja y el Real Madrid, respectivamente, como destinos. Tampoco el intento de recuperar a Jasikevicius AFP en agosto de 2004 surtió efecto. La llegada, a mitad de esta temporada, del americano Devin Davis y el croata Andrija Zizic ha sido el único bálsamo a las heridas azulgrana. Desavenencias directivas Si han abundado los errores en la confección de la plantilla, no menos se han producido en el ámbito directivo. La irrupción de Valero Rivera, de la mano de Joan Laporta, a mediados del pasado año hizo cundir el caos y las desavenencias en la sección. Su enfrentamiento con Pesic y la inmediata destitución de éste no hicieron más El Palau, en pie de guerra contra Laporta El Palau ha protagonizado en los últimos meses algunas de sus pitadas más estruendosas. Se inauguraron las quejas de la afición con la salida de Sharas Jasikevicius era el niño mimado de los seguidores azulgrana, que nunca entendieron que le dejaran marchar. En mayo de 2004 el presidente Laporta dio un golpe de efecto, a la postre nefasto, para colocar a Valero Rivera como jefe de las secciones. No sentó muy bien el cambio en el Palau, pero el título de Liga después de vencer al Estudiantes en un quinto y emocionante encuentro aplazó la crisis. Duró poco la paz. La marcha de Varejao- -fichó por los Cavaliers- Femerling y Nacho Rodríguez y el enfrentamiento entre Valero Rivera y Pesic, que se salda con la despedida de este último, desencadenan la protesta popular y levantan en armas al Palau, que acaba forzando la dimisión de Rivera. El mes de febrero pasará a la historia como uno de los más caóticos que se recuerdan. El equipo cae a las primeras de cambio en la Copa del Rey y una semana después inaugura el Top- 16 de la Euroliga con una sonada derrota en casa frente al CSKA (70- 91) Una humillación que impulsa a muchos aficionados a abandonar el Palau antes del final del partido, cosa que hacía muchos lustros que no se veía. Apenas dos días después, la derrota en Lugo provoca el abandono de Joan Montes como entrenador. Laporta recibió por todo ello una de las mayores pitadas que se recuerdan en la visita del Real Madrid. Todo el pabellón en pie pidió a gritos su dimisión, recordándole la cadena de errores, incongruencias e incompetencias que han sepultado a la sección.