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58 DOMINGO 27 3 2005 ABC Sociedad El Papa se sumó al Vía Crucis del Coliseo con su imagen silenciosa y de espaldas Hoy impartirá la bendición Urbi et Orbi pero no leerá el saludo de Pascua b En un mensaje, leído por el car- Cierta tranquilidad El hecho de que el anciano Pontífice siguiera el Vía Crucis a través de la televisión, sentado durante dos horas seguidas, confirma una mejora en su estado de salud. Es una señal que ha devuelto una cierta tranquilidad, dijeron e Efe fuentes vaticanas, aunque reconocieron que el hecho de que las cámaras lo mostraran sólo de espaldas, sin que se le viera la cara, hace que la preocupación en el fondo, se mantenga Aunque no se descarta que se asome a la ventana de su habitación, que da a la plaza, según fuentes vaticanas los médicos son partidarios de que en la misa de Resurrección se deje ver por videoconferencia desde su apartamento y que la imagen sea transmitida en las cuatro pantallas colocadas en el recinto. Sería el mismo formato utilizado para el Vía Crucis, aunque se supone que mirando a a la cámara. De esa manera, se evitaría que los cambios de temperatura puedan provocarle un resfriado para nada conveniente en estos momentos en que todavía está convaleciente. blo. En la decimocuarta estación, Juan Pablo II sostuvo entre sus manos un Crucifijo de madera, como ha hecho en los últimos años desde que la artrosis de rodillas le impide caminar e incluso estar en pie. Los más optimistas esperaban que diese la bendición al final, aunque fuese en silencio, pero el Papa prefirió mantenerse en un plano más discreto, mostrando tan sólo su intensa participación espiritual en un ejercicio de piedad que ayuda a meditar la Pasión de Jesús con la ayuda de breves comentarios, escritos este año por el denal Camillo Ruini, el Papa dijo sentirse muy cercano a todas las personas que sufren y rezo por cada uno de ellos JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. Inaugurando una nueva fórmula de unión espiritual y televisiva, Juan Pablo II se sumó al Vía Crucis nocturno en el Coliseo ofreciendo su imagen silenciosa y de espaldas, mirando a la Cruz como uno más de los asistentes o de los telespectadores. Esta vez los enlaces múltiples funcionaron perfectamente, pues el Papa, sentado en su capilla privada, nunca veía las imágenes de sí mismo, mientras que los fieles en el Coliseo le veían a él. Estoy espiritualmente con vosotros les dijo en un breve mensaje leído por el cardenal Camillo Ruini, vicario para la diócesis de Roma, quien llevó la Cruz negra de madera en las dos primeras estaciones del Vía Crucis y en la última. En unas pocas líneas cargadas de emoción, el Santo Padre les dijo que estaba meditando unas palabras de San Pablo en su carta a los cristianos de Colosas: completo, en mi carne, los padecimientos de Cristo a favor de su cuerpo que es la Iglesia y añadía que me siento, además, muy cercano a todas las personas que sufren en estos momentos y rezo por cada uno de ellos Frente al Coliseo, los fieles podían ver al Papa sentado en su sillón de ruedas en el centro de su capilla privada, mirando alternativamente a una pantalla televisiva situada bajo el altar y al gran Crucifijo que preside el reta- El Papa siguió el Vía Crucis a través de la televisión, desde su capilla privada cardenal Joseph Ratzinger. Al verle de espaldas, algunos pensaron que no estaba bien, o que simbolizaba de algún modo su marcha. En realidad, el Papa pretendía con ese gesto mostrar que acompañaba a los fieles y centrar la atención de todos en la Cruz: el protagonista del momento era Jesucristo y no el obispo de Roma. A pesar de su debilidad física, Juan Pablo II permaneció en la capilla durante las dos horas de la ceremonia. Hoy utilizará su propia voz para dar la bendición Urbi et Orbi a la ciudad y al mundo, pero sin leer el saludo de Pascua ni mucho menos la felicitación en sesenta idiomas como hacía hasta el año pasado. La última vez que habló en público, el pasado 13 de marzo, su voz sonaba bastante clara. El domingo pasado, en cambio, se limitó a saludar agitando un ramo de olivo desde su ventana, en silencio, demacrado, y con muestras de intenso dolor. El miércoles, por fortuna, había recuperado el color y se le notaba un aspecto más normal para un convaleciente. Cámaras de TV en su día a día El Papa que mejor ha utilizado las nuevas tecnologías, desde el envío de puntos de meditación por SMS hasta la promulgación de cartas apostólicas a través de internet, está incorporando las cámaras de televisión a su vida cotidiana. El pasado 13 de marzo, cuando regresó del hospital Gemelli en una pequeña furgoneta, la presencia de un camarógrafo en el asiento posterior permitió ver los saludos de la gente por las calles tal como los veía el Papa. Desde hace un mes, la cita dominical del Ángelus tiene un formato mixto: el arzobispo Leonardo Sandri lee el mensaje e imparte la Bendición Apostólica en la Plaza de San Pedro mientras el Santo Padre se une al ges- Una convalecencia afortunada que aún durará semanas El bajón sufrido por el Papa justo cuando iniciaba su convalecencia en el Vaticano parece estar, por fin, bajo control al cabo de dos semanas. En estos momentos, la prioridad de los médicos es disminuir los riesgos de un resfriado por asomarse a la ventana, de un contagio de gripe por recibir demasiadas visitas o de cualquier complicación menor que se vuelve grave en una persona tan débil. El equipo médico calcula que si todo va bien, la convalecencia durará varias semanas y que el mejor modo de asegurarla es una supresión prácticamente total de actividades en los próximos meses, cancelando la participación del Papa en todas las ceremonias, suprimiendo todos los desplazamientos dentro del Vaticano y, naturalmente, las salidas, aunque sean cortas como la visita al presidente de la República Italiana, Carlo Azeglio Ciampi, en el Quirinal el próximo 29 de abril. Las complicaciones de salud del Santo Padre le llevan a pensar mucho más en los enfermos y a mencionar con frecuencia que reza por ellos. En esa línea, Juan Pablo II ha enviado una bendición particular al príncipe Rainiero de Mónaco y a su familia, según un telegrama dirigido a las autoridades de Montecarlo por el cardenal Angelo Sodano.