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56 Los domingos DOMINGO 27 3 2005 ABC FE Y NEGOCIO No llegó a conocer terminada su obra faraónica, su Basílica. Pero sí vio más que cumplido su sueño de ser cura. Y fue más que eso. Desde El Palmar de Troya, Clemente Domínguez Gómez, conocido como Gregorio XVII, pasa a la historia como el penúltimo anti- papa de la Iglesia Católica, titulo desmesurado para el líder de la llamada Iglesia Cristiana Palmariana Tras los muros del Palmar ndo llegó al Palmar, en Sevilla, acompañado de su inseparable Manuel Alonso Corral, quince meses después de que cuatro niñas afirmaran que se les había aparecido la Virgen en el lentisco de La Alcaparrosa Clemente era un joven de veintitrés años, con facultades mentales no demasiado estables, según su propia madre, y la obsesión de vestir algún día sotana (preferentemente dominica) aunque lo más que había conseguido era su condición de contable de Nuestra Ciudad una revista de los Hermanos de San Juan de Dios. Era agosto de 1969. En los quince meses precedentes varias personas aseguraban haber visto también a la Virgen, siempre a la Virgen. A Clemente le bastaron cinco meses de ese año para ver a la Virgen, al Padre Pío, a Jesucristo, a Santo Domingo, a San José y a toda una corte de ángeles vestidos con el soñado hábito dominico. Comenzó a disponer, siempre por mandato divino, qué imágenes debían colocarse en el lugar (la primera de ellas la Santa Faz, que daría nombre a su propia Orden) a sufrir tan dramáticos estigmas, que en una de las ocasiones le llevaron a derramar dieciséis litros de su sangre sólo por la llaga del costado, y, sobre todo, a canalizar los donativos de los muchos fieles (decenas de miles por entonces) que acudían al lugar. Cua TEXTO: MANUEL M. MOLINA FOTOS: EFE Manuel Alonso Corral (sobre estas líneas) ha sustituido a Clemente Domínguez (arriba, en 1980) al frente del Palmar (a la derecha) Visiones de oro Una canalización que, junto a los dieciséis millones de una impresionable anciana a la que hace protagonista de una de sus visiones de la Virgen, le permite comprar la finca La Alcaparrosa y rodearla con un muro de cinco metros de altura que facilitará aislar a quienes se resistan a admitir la oficialidad de Clemente como vidente escogido y único del lugar. Una vez en su poder la finca y separada del mundanal ruido, Clemente recibe el mensaje de que sólo aquél es el lugar para preparar a los nuevos apóstoles que han de hacer posible el regreso de Jesús al mundo, por lo que, al final de 1975, comienza por fundar la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz. Tan sólo nueve días después se hace ordenar sacerdote (por fin la deseada sotana) junto con Manuel Alonso Corral y otras tres personas en una ceremonia celebrada por el octogenario arzobispo norvietnamita Pedro Martín Ngo- Dinh- Tuc, el mismo que, once días más tarde, lo ordenará obispo, en una de las carreras eclesiásticas más meteóricas conocidas y sólo superada por las que protagonizarán, ya de sus manos, otros miembros de la Orden. Una Orden en la que algunos de sus integrantes llegan a ver en Clemente, Alonso y Carmelo Pacheco (un ex camarero apodado la Bailarina que ha formado triunvirato con aquellos) a la mismísima Santísima Trinidad, no se sabe bien si por la locura de quien así lo entendía o influenciados por alguien interesado en conseguir el nivel máximo de influencia y sumisión. Para entonces, Clemente Domínguez ha dejado de ser padre para convertirse, por elección de los cielos, en Gregorio XVII, el mismo día de la muerte del Papa Pablo VI, último Pontífice al que en El Palmar reconocen como auténtico antes de que el Vaticano se vea dominado por la masonería Mientras tanto, ha comenzado a rodar una historia económica que han llevado a a Clemente y Manuel, de cero, a tener, además de la finca, varias casas en El Palmar (algunas a base de sacar a patadas a su legítimo propietario, ciego creyente de lo milagroso del lugar y de la buena fe de la pareja) y una Casa Generalicia en Sevilla, propiedades pronto ampliadas con más de 2.500 metros cuadrados de suelo en una zona de la capital de un hipotético valor mínimo sobre los setecientos millones de las antiguas pesetas. Por extraño que parezca, después de tanta lucha y de sufrir incluso la enucleación de los ojos, llega el principio del fin de lo que parece un más que encarrilado negocio, por la existencia a su nombre de tantas propiedades salidas de la nada y por el reconocimiento oficial que da a la Orden y sus miembros personalidad jurídica y fiscal, lo que hace que los ingresos oscuros mermen y las deudas aumenten. Por esa razón, en febrero de 2003, tienen que ceder a una inmobiliari sus últimas propiedades en la capital y enclaustrarse en un Palmar de Troya que sin duda se queda pequeño, pese a la majestuosidad de la Basílica, a quienes han vivido tales opulencias. En féretro de piedra Gregorio XVII hace tiempo que se había convertido, según los observadores externos, en un tonto útil en manos de quien él mismo había designado como su sucesor, Manuel Alonso Corral, y sus apariciones se hacen casi nulas, aunque el verano de 2003 se exhibe para acallar los rumores sobre su presunta muerte. Pero ahora no. En este mes de marzo no son rumores, sino los costaleros de la Semana Santa propia que la Orden había creado, quienes sacan a la calle la noticia de que Clemente Domínguez- Gregorio XVII ha sido amortajado e introducido en un féretro de piedra para recibir sepultura. En la Iglesia Cristiana Palmariana, el papa ha muerto, ¡viva el papa! ¡viva Manuel Alonso Corral- Pedro II! En febrero de 2003 abandonaron en manos de una inmobiliaria sus últimas propiedades en la capital y se enclaustraron en el Palmar de Troya