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54 Los domingos DOMINGO 27 3 2005 ABC ENTREVISTA ALEJANDRO LLANO Profesor de Filosofía de la Universidad de Navarra El Gobierno comete un error al no tener en cuenta las convicciones cristianas del país Alejandro Llano Cifuentes (Madrid, 1943) es una de las mentes más lúcidas de la España contemporánea, un experto en teoría del conocimiento, metafísica y lenguaje, que se ocupa con igual brillantez de filosofía política y teoría de la cultura POR JOSÉ GRAU Nuestros dirigentes harían bien si leyeran sus obras, por lo menos Humanismo cívico y La nueva sensibilidad El profesor Llano es simpático, cordial, políglota. Acaban de otorgarle el doctorado honoris causa por la Universidad Panamericana de México y ha publicado Metafísica y Lenguaje en Estados Unidos. Allí es profesor visiting en The Catholic University of America. Desde 1991 hasta 1996 fue rector de la Universidad de Navarra y en enero de 2000 fue nombrado Académico de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino, en Roma. -Recientemente, José Luis Rodríguez Zapatero declaró ante la Asamblea Francesa: La tarea de la política no es la búsqueda de la verdad, sino del acuerdo sobre la realización y actualización de sus valores ¿Qué le parece? -Que es una caracterización que cuadra muy bien con el personaje. Porque el sesgo intelectual del actual presidente es de signo pragmatista. Su concepción de la política responde a ese tipo de lo que hoy se llama democracia deliberativa Luego ese modelo tiene muchas limitaciones, porque por un lado la deliberación no siempre conduce a acuerdos. Y por otro, en el peor de los casos, los acuerdos son errores compartidos. Decir que la actividad política debe tender a la verdad suena hoy a un cierto fundamentalismo, un cierto maximalismo, cuando más bien aspiramos, o se aspira, no es mi caso, a una política y a una ética de mínimos. Pero, sin embargo, la verdad es el único horizonte en el que la actividad humana cobra pleno sentido. Si no hay una pretensión de verdad, al menos, si no hay una esperanza de verdad, si no contamos con la verdad como factor correctivo, entonces todo se relativiza, entonces la verdad es un caso particular del error, por así decirlo, y eso tiene consecuencias tremendas en la política. Porque, cuando se suprime la tendencia a la verdad como correctivo último, a lo que nos acercamos es a valoraciones que tienden al totalitarismo. ¿A qué cree que se debe el desprestigio de los partidos y de la política? -En buena parte, a que prometen más de lo que pueden dar. Hay una especie de absolutización de la política. Que es un fruto de lo que en sentido contemporáneo se llama ideología. La política es una actividad modesta. Nunca ha sido especialmente creativa. O casi nunca. Así las cosas, la política lo promete to- do. Luego, consigue resultados siempre aproximativos, imperfectos; lo comprobamos cada día. Eso, a la larga, lo que genera es una tremenda desconfianza, porque el ciudadano de a pie tiene la sensación de que le están engañando, y en cierta manera no le falta razón. ¿Cuál es la solución? ¿Qué los políticos se autolimiten? Eso es muy difícil de lograr. Porque el defecto profesional de los políticos es su tendencia a la totalización de su propia actividad. La solución auténticamente democrática y liberal es que la sociedad civil limite el poder y la actividad política del Estado y de las administraciones públicas. Porque la mayor parte de los problemas los deben solucionar los ciudadanos. Por ejemplo, es un error tener un Ministerio de Cultura. Y no digamos ya si se multiplica después por 17 consejerías, cuando la cultura es una labor sobre todo creativa, de personas muchas veces solitarias, aunque atentas a su entorno. A la política hay que ponerla en su sitio, que es un sitio modesto, y tendríamos que, en buena parte, sacarla de las primeras páginas. DESPRESTIGIO DE LA POLÍTICA La política es una actividad importante, pero no tan importante, ni requiere un talento extraordinario. Lo que requiere es prudencia PLAN IBARRETXE Hay complicidades que hacen que sea una cuestión que no se puede despejar de forma simple. Tendrá efectos perjudiciales para España ¿Qué le evocan personas como Zapatero, Rajoy y Maragall? -Personas bien intencionadas, esto tengo que suponerlo, que han aceptado una tarea que está muy por encima de sus capacidades. Primero porque la tarea en sí misma, por lo que he dicho anteriormente, está condenada al fracaso. Me parece que Zapatero tiene menos experiencia que Rajoy. Y Rajoy menos que Maragall. Posiblemente. Y distinta preparación intelectual, que no sé medir en este momento. Eso ya lo dijo Tocqueville, que lo propio de los políticos en democracia es una cierta mediocridad. Lo cual no me parece mal. Precisamente por lo que vengo diciendo. Porque es una actividad importante, pero no tan importante, ni requiere un talento extraordinario. Lo que requiere es prudencia, sentido común, una formación intelectual básica. Diría que esos tres nombres me evocan personas que necesitan un gran flujo de información de la base social y que sin embargo esa información no les llega. A veces parecen ciudadanos ajenos a su país, que hablan de una realidad social que no es la nuestra. ¿Piensa que el Partido Socialista está atacando a la Iglesia? -Si no lo está haciendo, parece que lo hace. El Gobierno socialista está cometiendo un error muy notable que consiste en no tener en cuenta las convicciones, y la hondura de las convicciones, cristianas, de buena parte del país. No acabo de entender por qué están procediendo así. A raíz del 11- M y del 14- M publiqué un artículo en el que por una vez acerté. Decía que como el Partido Socialista no preveía alcanzar el poder, su capacidad de cambio en cuestiones estructurales, económicas sobre todo, iba a ser muy limitada, y que era muy posible que derivara en cuestiones de tipo ético y de tipo religioso. Lo cual está aconteciendo. La actitud un poco de cara de perro que tiene el Gobierno respecto de cuestiones éticas y religiosas proviene de una necesidad de diferenciación, que le dé esa marca de la izquierda. Que la izquierda se distinga por actitudes poco religiosas me parece extemporáneo. Provoca una extrañeza justificada. ¿Qué le parece la situación en el País Vasco, el independentismo, el plan Ibarretxe? -En la génesis de ese problema- -para algunos es problema y para otros oportunidad- -juega un papel muy importante el terrorismo. Sin el terroris- mo, la situación que estamos viviendo actualmente no tendría sentido. Porque unos y otros consideran que lo que hay que dar es una respuesta al terrorismo. Habría que reflexionar sobre las condiciones éticas que posibilitan el terrorismo. El terrorismo es un fenómeno que sólo es posible desde la perspectiva del relativismo. De manera que, sin quitarle ninguna responsabilidad a los agentes directos de la actividad terrorista, sí creo que de alguna manera todos tenemos una cuota de posibilidad de evitarlo. Y pasando a lo concreto, al plan Ibarretxe. El texto es completamente anacrónico, no puede llevarse a término, pero sus efectos sí que se van a sentir. Porque al fin y al cabo el plan Ibarreche es una jugada política. Y esa jugada tiene sus apoyos no sólo dentro del Partido Nacionalista Vasco, no sólo dentro de los independentistas. Los demás partidos juegan con ello también. Y esto naturalmente los nacionalistas vascos lo saben. Es muy significativo que se haya evitado llevar este plan al Tribunal Constitucional. Lo más grave de lo que ha sucedido ha sido eso. Y una vez que no se ha hecho, se ha liberado esa energía política, esa trascendencia política que el plan va a tener. En este fenómeno hay una serie de complicidades que hacen que sea una cuestión que no se puede despejar de manera simplista y va a tener efectos perjudiciales para España. ¿Las comisiones parlamentarias son necesarias? -Son necesarias e inútiles, valga la paradoja. Porque en ellas lo que se hace es escenificar un discurso bastante distanciado de la realidad, y en ese sentido no son comisiones de investigación ni petición de responsabilidades políticas. Una cuestión clave en la democracia es la aceptación de responsabilidades políticas, por ejemplo como se viven en el mundo anglosajón, donde muchas veces no se crean comisiones porque son los propios protagonistas los que asumen la culpa y dimiten. La dimisión es un fenómeno tan poco conocido en España que se toma entre nosotros como reconocimiento de culpabilidad, cuando en la tradición democrática más rancia, la dimisión es una protesta de inocencia. Es un decir: Bueno, ustedes consideran que me he equivocado, se ha faltado a mi dignidad y no tengo más remedio que marcharme Muchas de las comisiones parlamentarias son lamentables porque en el fondo deberían estar precedidas o se-