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ABC DOMINGO 27 3 2005 Los domingos 49 ¿QUIÉN CRIBA A LOS CRIBADORES? ALEJANDRO NIETO Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid JAIME GARCÍA ción horizontal a través de concursooposición se hace necesaria pero no se lleva a cabo en la proporción debida. El sistema debe premiar que ya hayas desempeñado el puesto de trabajo para el que se busca el personal idóneo En lo que se refiere a aligerar los temarios de las pruebas de selección, está de acuerdo: Hay oposiciones con más de 200 temas, una barbaridad. Son pruebas excesivamente memorísticas que no implican habilidades prácticas para el trabajo Además critica que no hay presencia sindical en los tribunales de selección para las plazas del Estado y sí en los de las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. Entre determinados colectivos, además, sigue primando el corporativismo Esta afirmación no es gratuita y nos lleva a un interesante trabajo de investigación que cuestiona la objetividad de las actuales oposiciones. ¿Qué determina el éxito en unas oposiciones? Éste es el título del análisis que el economista Manuel F. Bagüés ha elaborado para la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) sobre la base de 40.000 aspirantes a siete oposiciones. En él se revelan algunos datos inquietantes. Si el cambio del sistema propuesto por el Gobierno suscita recelos, la perpetuación de los patrones actuales también tiene sus riesgos. Hay- -dice este economista con rotundidad- -cuotas de subjetividad y falta de garantías en muchas oposiciones, tal y como están planteadas hoy en España Lo explica: En casi Aumentarán los test psicotécnicos y las pruebas prácticas y disminuirán los temarios que es necesario aprender de memoria unque parezca que ya se ha dicho todo en las docenas de informes que se han encargado o traducido y en las muchas horas de discusiones en congresos, seminarios y jornadas, hay un aspecto en el que de ordinario no reparan quienes, por oficio o afición, se ocupan de las cuestiones de acceso y formación de los funcionarios. Un aspecto al que no se da importancia por considerarlo de letra pequeña, intrascendente; y que, sin embargo, en mi opinión es capital: ¿cómo se selecciona y forma a quienes corresponde seleccionar y formar a los aspirantes a servidores públicos? Cualquiera que tenga experiencia sabe bien que los procedimientos de los jurados son siempre los mismos. Alguna autoridad de muy arriba escoge de aquí y de allá a un puñado de brillantes funcionarios, honestos a machamartillo (aunque levemente inclinados al nepotismo) y aceptablemente independientes que tienen en común sus muchas prisas, sus elevadísimas tareas, sus frecuentes viajes y un teléfono móvil que incesantemente les reclama. Poco tiempo, en definitiva, y menos interés por asuntos de tono menor, nada estimulado por unas dietas simbólicas. En estas condiciones asisten, o no, a las sesiones y, cuando asisten, enjuician con criterio subjetivo y errático. Si uno alaba la cultura exhibida en el desarrollo de un tema, el otro reprocha por considerar que el opositor se ha ido por las ramas; si a uno le parece bien la cita de autores extranjeros, a su compañero le parece una A pedantería insufrible; algunos están por las construcciones originales, que a los demás parecen impertinencias y faltas de respeto. No hay pautas objetivas de valoración previamente convenidas que hagan fiable el juicio e ilustren a los opositores sobre lo importante y lo accesorio, sobre lo que se espera de ellos durante las pruebas y más aún en el futuro. Todo queda al gusto de los juzgadores, sin que de nada valgan los intereses de las Administraciones en que luego se va a trabajar. Mi tesis puede parecer pedestre; mas no debe echarse en saco roto porque si estas prácticas no se enmiendan (y para enmendarlas hay que ser conscientes de ellas) de nada servirán las reformas que se preparan. Si los seleccionadores y formadores de funcionarios no están, a su vez, bien seleccionados y adiestrados, será inútil cuanto se haga, ya que si un ciego conduce a otro ciego, los dos caerán en el abismo. No se pueden formar jurados, por muy independientes que sean, con individuos caídos del cielo, ya que para enjuiciar es preciso dominar ciertas técnicas de enjuiciamiento, que nadie se molesta en aprender, y, sobre todo, tener interés en lo que se hace. Teman otros las frivolidades del legislador, la pedantería de los expertos, el sectarismo de los partidos y la retórica de los reglamentos. Yo temo más la arrogancia, la ignorancia, el desinterés, el nepotismo, las prisas y las rutinas de los seleccionadores; porque así no hay forma de llegar a ninguna parte sea cual fuere el sistema que se aplique. En consecuencia: frente a los que se empeñan en cambiar por completo el régimen de acceso a la Función Pública, yo sugiero, mucho más modestamente, que se empiece formando a los seleccionadores. Y si así no se hace, seguiremos como ahora, aunque con una ley más. todos los países europeos los exámenes se someten a doble corrección y son anónimos. Sin ir más lejos en Italia, donde trabajo. En España el anonimato determinado por ley desaparece en el momento en el que muchas convocatorias introducen el examen oral, muy habitual para los altos funcionarios. Un ejemplo extremo es el de las oposiciones del Cuerpo Diplomático, donde se preguntó en una ocasión comente los aspectos socioeconómicos y políticos de la frase Necesitamos mano de obra, vinieron muchas personas. El grado de valoración subjetiva que se puede introducir al calificar una respuesta así es elevadísimo Prácticas chapuceras Por casos como éste, Bagüés habla de prácticas nada profesionales y muy chapuceras Recuerda que determinadas convocatorias de oposiciones, como las de jueces o notarios, son muy corporativistas, controladas por los estamentos interesados y sin un control externo estricto: Ellos deciden que se lea el examen ante el tribunal y se car- gan el anonimato, que existe en oposiciones como las de los MIR. En sistemas como el anglosajón se da mucho peso a la entrevista personal, pero también es cierto que las plazas convocadas no suelen ser vitalicias. Y en Inglaterra los notarios pasan una prueba mucho más sencilla que aquí, pero luego compiten en un mercado abierto El grado de aleatoriedad- -opina- -es muy elevado. Para convocatorias multitudinarias, mi estudio revela que los que son llamados a examinarse primero tienen un 60 por ciento más de posibilidades de aprobar, porque el efecto psicológico es devastador para los que esperan y porque el tribunal se endurece en el camino. Es inevitable Añade que al opositor se le maltrata con los aplazamientos. En la convocatoria para registradores se asigna una jornada a 100 personas y se examina únicamente a 20. Sólo el 32 por ciento de esos opositores hizo la prueba el día en que fue llamado por primera vez Por eso cree que debería hacerse primero un test exigente, a todos, que cribase seriamente y anulara el efecto or- den Sin embargo, colectivos que antes sí hacían esa prueba, como notarios, registradores o abogados del Estado, la han eliminado Del mismo modo, ha comprobado matemáticamente que quienes llevan apellidos de familia de jueces o diplomáticos tiene el doble de posibilidades de aprobar, por la falta de anonimato. Eso no quiere decir que sean enchufados o inútiles. Pero sí que su nombre pesa en el ánimo del tribunal. Y si las oposiciones a notario se celebran en una ciudad, los de ese lugar tienen el doble de posibilidades de aprobar que los de fuera Recuerda que hay en España 170.000 personas que declaran que están preparando oposiciones, el 75 por ciento de ellos licenciados. Por ello es elevadísimo el coste social y económico de unos procesos de selección inadecuados Si no hubiera tanta aleatoriedad en las oposiciones más selectas no existiría, según este profesor, ese interés de los partidos políticos por cambiar la composición de determinados tribunales, y ésa es una de las primeras cosas que hacen cuando llegan al poder