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42 Madrid DOMINGO 27 3 2005 ABC MADRID UNA Y MEDIA EL TRIUNFO DE LA VIDA JESÚS HIGUERAS Una tamborrada en la Plaza Mayor pone fin hoy a la Semana Santa madrileña La procesión de la Soledad fue la última en desfilar por las calles del centro vez ha salido en procesión el paso de Nuestra Señora de los Dolores cargado a hombros por una cuadrilla formada exclusivamente por 32 mujeres ABC MADRID. Las procesiones de la Virgen Dolorosa y de Nuestra Señora de la Soledad fueron los últimos desfiles dolientes de la Semana Santa madrileña, que ayer dejaron paso a los actos religiosos de hoy, Domingo de Resurrección, que concluirán con una tamborrada en la Plaza Mayor, a partir del mediodía. Las dos imágenes de la Virgen recorrieron diferentes calles del centro de la capital acompañadas por miles de fieles. Así, organizada por la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la procesión de la Virgen Dolorosa partió a las ocho de la mañana de la Basílica del Cristo de Medinaceli y recorrió las calles del Prado, Príncipe, Huertas, León, Lope de Vega y la plaza de Jesús. Por la tarde, la talla de Nuestra Señora de la Soledad (siglo XVIII) salió de la Real Iglesia de San Ginés acompañada por la Real e Ilustre Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y Desamparo y Santo Cristo del Sepulcro y por numerosos fieles y devotos. Poco antes, los tambores se reunieron en el Monasterio del Corpus Christi- -popularmente conocido como Las Carboneras -para, a través de la plaza del Conde de Miranda y calles del Codo, Sacramento, Cordón y plaza de la Villa, dirigirse a San Ginés, en la calle del Arenal. Desde la Real Iglesia, la procesión se dirigió a la plaza de la Encarnación, en cuyo Monasterio se había establecido la Estación de Penitencia ante la Cruz. Después y a través de la calle de San Quintín, la plaza de Oriente y las calles de Bailén y Mayor, el desfile llegó a la Puerta del Sol y, por Arenal, regresó a San Ginés. b Por primera stos días han sido para los cristianos los más intensos que se pueden vivir en todo el año, puesto que hemos contemplado con emoción interior, la Pasión, la Muerte y sobre todo, la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. La vida ha triunfado sobre la muerte, el amor sobre el odio y Dios, dentro de nosotros, es más fuerte que nuestras fragilidades y nuestras pasiones. Dios es el guerrero victorioso que ha triunfado sobre nuestros enemigos y sobre el peor de los enemigos del hombre, que es la muerte. Por eso, el corazón se llena de júbilo, de gozo y grita: ¡Dad gloria a Dios! ¡Cantad las hazañas del Señor! Cantad al mundo entero, que nuestro Dios vino a la tierra para decirnos que si sabemos asociarnos a su Pasión, seremos también asociados a su glorificación. En este domingo de Resurrección, el mundo entero, el mundo cristiano, pero también los no creyentes, deberían alegrarse, gozarse y decir: ¡Bendito sea Dios! ¡Gracias Señor por venir con nosotros! Gracias por venir a deshacer el entuerto que nosotros mismos con nuestra libertad habíamos provocado. Así, hoy nos alegramos en un doble sentido, porque Jesucristo, el inocente, el justo, recibió la aprobación del Padre, la señal inequívoca de que sus palabras son verdaderas. La señal cierta es la Resurrección y nos alegramos por Él, con Él y en Él, porque Jesucristo siempre decía que sería su Resurrección el signo válido para que creyéramos en sus palabras, en su persona y aceptáramos su divinidad. Aceptar que Jesús murió en la Cruz lo hacen todos, pero aceptar que Jesús ha resucitado, es un don que el Espíritu Santo pone en nuestros corazones. Pero también nos alegramos por nosotros, porque la Resurrección de Jesucristo significa nuestra propia resurrección. Al final de los tiempos viviremos con carne, también resucitaremos y volveremos a la vida, pero cada día, Jesús me concede resucitar de mis muertes, de mis negaciones, de mis pequeñeces, de esas cruces que cada día me amenazan y a las que no sé dar sentido. Sin embargo, sabiendo que la cruz no termina en el sepulcro, sino que termina en la gloria, sabemos que podemos aceptar y vivir mejor, ese misterio del dolor que Dios ha permitido en nuestra vida. Por eso, la vida del hombre tiene un término feliz, un sentido y por eso la esperanza no nos defrauda y no nos importa asociarnos a su Pasión, para gozar con Él de la gloria de su Resurrección. E El paso de Nuestra Señora de los Dolores fue portado sólo por mujeres EFE Cesó la lluvia Todos los actos de la Semana Santa madrileña se han caracterizado por el fervor de la multitud que ha seguido cada uno de ellos. Pero, entre todos ha brillado con especial esplendor la procesión del Cristo de Medinaceli, la imagen más venerada de la región. a la que miles de devotos rinden culto cada viernes del año en su Basílica. El Viernes Santo, la fuerte lluvia que caía sobre Madrid a la hora de comenzar el acto sembró la incertidumbre y la pena entre quienes esperaban el paso de Jesús por las calles de su tradicional recorrido. Tras 20 minutos de espera, la lluvia cesó y la emoción se desbordó en aplausos de los que veían hecho realidad su deseo. En efecto, a los acordes del himno nacional, la imagen de Cristo, de 1,73 metros de altura y con una larga melena de pelo natural y colocado so- Una mujer contempla desde su balcón la imagen de la Soledad EFE bre una carroza de 4.000 kilos de pesos y cuatro metros de altura, salió de su templo al paso de las saetas y de los esclavos para recorrer el centro mientras fieles y penitentes expresaban su devoción y agradecimiento al Cristo de Medinaceli caminando descalzos o arrastrando pesadas cadenas. Asimismo, la Semana Santa madrileña estrenó este Viernes Santo un paso de Nuestra Señora de los Dolores, obra del escultor Antonio José Domínguez, que salió en procesión cargado a hombros por una cuadrilla formada exclusivamente por 32 mujeres. El trono, de unos 700 kilos de peso, partió de la iglesia del Santísimo Cristo de la Fe, en la procesión del silencio, y estuvo acompañado en su procesión por la imagen del Santísimo Cristo de la Fe. A las 12 horas de hoy, el Piquete de la Junta Coordinadora de la Semana Santa de Zaragoza cerrará los actos con un tamborrada en el centro.