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32 Internacional DOMINGO 27 3 2005 ABC Máscaras de la Reina Isabel, el Príncipe Carlos y Camilla, en una tienda de ropa londinense AFP Carlos de Inglaterra ha conseguido en apenas un mes hacer de su próxima esposa una futura Reina. Se han forzado las disposiciones religiosas y las constitucionales y se ha aprovechado el desconcierto de los británicos. No sin precio para la Monarquía Camilla, Reina por la puerta de atrás TEXTO EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL nio canónico, pero al mismo tiempo darle su bendición. En 2002 la Iglesia de Inglaterra liberalizó su posición sobre el matrimonio de divorciados, que admitió en el caso de que ninguno de los dos contrayentes hubiera sido la causa de la previa ruptura matrimonial. No es el presente caso, y no ha habido excepción. Pero, estrechamente ligada a la Monarquía, la Iglesia no podía dejar a la intemperie religiosa a quien será su cabeza cuando reine, por lo que, tras la ceremonia civil, el arzobispo de Canterbury presidirá el acto de rezo y dedicación que se oficiará en la capilla del castillo de Windsor. La siguiente controversia afectó a la imposibilidad de que el Príncipe de Gales se case por lo civil, según destacados constitucionalistas. Éstos insisten en que la Ley de Matrimonio de 1949 excluye a la Familia Real, para la que continúa la prohibición establecida en 1836 de casarse en un registro de Inglaterra. El posible margen de interpretación fue aprovechado por el ministro de Justicia, lord Falconer, para asegurar la validez de la boda. Por si acaso, invocó la Carta de Derechos Humanos europea para exigir un trato no discriminatorio hacia el Príncipe Carlos. A esa falta de claridad de la legislación se ha acogido ahora el Gobierno para asegurar que a Camilla ParkerBowles le corresponderá el tratamiento de Reina. En 1936, cuando se planteaba la posibilidad de un matrimonio morganático entre Eduardo VIII y la divorciada norteamericana Wallis Simpson, quedó claro que ésta no podía dejar de adquirir el título de Reina, alternativa que el Monarca solicitaba para no tener que abdicar. El entonces primer ministro, Stanley Baldwin, escribió: La mujer que se case con el Rey necesariamente se convierte en Reina. La Reina pasa a ser Reina de este país. Por eso en la elección de la Reina, la voz de la gente debe ser oída República británica ría falta la aprobación de una ley. Éste no es más que uno de los aspectos de cómo la boda y sus correlatos institucionales se están introduciendo con calzador y componendas, tanto religiosas como constitucionales, ante el desconcierto de una sociedad en la que está creciendo como consecuencia el sentimiento antimonárquico. Así lo citaba esta semana en el Daily Mail Michael Thornton, autor de biografías reales, que anunciaba que a partir del 8 de abril será republicano por no aceptar una Reina Camilla Para demostrar que no se trata de una actitud excéntrica, sino compartida por muchos ciudadanos, se refería a una encuesta a punto de ser publicada, según la cual el 76 por ciento de la población cree que la Monarquía debería desaparecer tras Isabel II, y el 94 por ciento rechaza el título de Reina para Camilla Parker Bowles. Por lo pronto Clarence House insiste en el deseo de que la esposa de Carlos de Inglaterra sea conocida en el momento de reinar como Princesa consorte. Lo plantea como una convención que se establezca más allá de lo que diga la actual legislación y sin necesidad de modificar ésta, lo que probablemente se haría también en los 17 parlamentos de los países que como jefe de Estado tienen al Monarca británico. Al fin y al cabo, que el 8 de abril Camilla Parker Bowles adquiera el tratamiento de duquesa de Cornualles es otra convención, pues de derecho será la Princesa de Gales, algo que algún especialista ya ha advertido pero que por ahora no ha sido objeto de debate. Quizás sea el próximo. LONDRES. Cuando, el pasado 10 de febrero, el Príncipe de Gales anunció su enlace para el próximo 8 de abril con Camilla Parker Bowles, su prioridad fue hacer mínimamente aceptable la boda para los británicos, mayoritariamente hostiles hacia una relación que había arruinado el matrimonio entre el heredero y la adorada Lady Diana. Para ello era esencial que en ese anuncio su nueva esposa quedara un peldaño por debajo del que estuvo la anterior (Princesa de Gales) y del que a ésta le iba a corresponder (Reina consorte de Inglaterra) Según aseguró entonces el comunicado de Clarence House, la Casa del Príncipe de Gales, la señora Parker Bowles utilizará el título de Su Alteza Real la duquesa de Cornualles después del matrimonio. Es intención que la señora Parker Bowles utilice el título de Su Alteza Real la Princesa consorte cuando el Príncipe de Gales acceda al trono La distinta presentación de ambos títulos ya llamó entonces la atención, como advirtió este diario. Del primero se decía que se utilizará del segundo simplemente que es intención que se utilice. Quedaba claro que el hijo mayor de Isabel II se daba margen de tiempo para que la opinión pública fuera aceptando la presencia oficial de Camilla Parker Bowles y admitiera con el paso de los años la normalización del estatus de su cónyuge. Los críticos con las maneras del Príncipe Carlos denuncian que no sólo era una maniobra para ganar tiempo, sino que ese es intención escondía la certeza de que, de acuerdo con la legislación británica y al margen de su aceptación por las encuestas, su esposa tendrá ipso facto el título de Reina el día en que él acceda al trono. Así lo ha precisado el Gobierno, que ha indicado que para que Camilla no sea Reina ha- Problemas para la Iglesia anglicana Fue el aspecto religioso. El empeño del Príncipe Carlos en casarse con una divorciada ha puesto a la Iglesia Anglicana en la tesitura de negarle el matrimo- Una boda con calzador LONDRES. La Iglesia de Inglaterra ha rechazado el matrimonio religioso entre el Príncipe Carlos y Camilla, pero luego bendecirá el enlace en un acto de rezo y dedicación en la capilla del castillo de Windsor. Destacados juristas aseguran que un miembro de la Familia Real no puede casarse por lo civil. Alegan que la Ley de Matrimonio de 1949, que actualiza la legislación sobre enlaces civiles, no afecta a la prohibición establecida en 1836. El Gobierno estima que la falta de claridad permite el enlace e invoca la Carta de Derechos Humanos europea. Una normativa de 1936 rechaza la posibilidad de que la esposa del Rey no adquiera el título de Reina. Carlos dice que, por convención cuando acceda al Trono su mujer debería tener el tratamiento menor de Princesa consorte.