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22 Nacional DOS MESES DE LA CRISIS DEL CARMELO DOMINGO 27 3 2005 ABC Hoy se cumplen dos meses del hundimiento del túnel del Metro: el grueso de los desalojados sigue fuera de sus casas mientras la ciudad capea una de sus peores crisis sociales de la historia. Las consecuencias no han hecho más que comenzar El invierno más duro TEXTO: ÀLEX GUBERN FOTO: ELENA CARRERAS BARCELONA. Dentro de miles de años, cuando los arqueólogos horaden en el subsuelo del Carmelo darán con un formidable hallazgo: una enorme retroexcavadora, vestigio de la ingeniería civil de la época, sepultada junto a miles y miles de toneladas de hormigón, en lo que tenía que ser el túnel auxiliar de una línea del Metro de Barcelona. Del mismo modo que los hielos siberianos han conservado intactos para la ciencia los restos de animales prehistóricos, el túnel del Carmelo guardará por los siglos los restos materiales de lo que fue una de las peores crisis sociales, y también políticas, vividas nunca en Cataluña y, de forma especial, en Barcelona. La ciudad y su Ayuntamiento, tambaleantes después de un 2004 para olvidar, viven la crisis del Carmelo de forma traumática. Quizás no la excavadora sepultada, pero sí los diarios de la época permitirán a los mismos arqueólogos reconstruir qué pasó en el Carmelo y cómo los errores, descuidos y omisiones en la supervisión de unas obras acabaron con más de 1.000 vecinos durmiendo fuera de sus casas, 34 familias con sus pisos reducidos a escombros y, ya bajo tierra, un túnel relleno de hormigón y una excavadora de eterno testigo. La crisis en el distrito de Horta comenzó hoy hace exactamente dos meses, cuando el colapso del terreno sobre el túnel auxiliar del Metro engulló literalmente un edificio taller y obligó a desalojar de manera urgente a los vecinos de más de 50 bloques. Un enorme cráter de 35 metros de profundidad y 20 de diámetro era la consecuencia de lo que sólo dos días antes los responsables de la obra aseguraron que era un corrimiento de tierras controlable. El consejero Joaquim Nadal y el alcalde de Barcelona, Joan Clos, hasta se montaron en un 4 x 4 para comprobar bajo tierra lo que sucedía, en un acto que luego fue calificado de irresponsable por arriesgado e innecesario. La comisión de las mil causas, o de ninguna El próximo martes, y después del paréntesis de Pascua, reemprende los trabajos la comisión de investigación parlamentaria sobre el Carmelo y la obra pública en Cataluña. Se ignora si la comisión va a servir de mucho, aunque al menos su operatividad hasta la fecha ha permitido conocer que los problemas en el túnel del Metro se conocían desde el pasado mes de septiembre- -cuatro meses antes del hundimiento- Más allá de los asuntos técnicos, lo complicado va ser delimitar la responsabilidad política de cada cual. Tal y como explicaba un diputado miembro de la comisión a ABC, lo más probable es que la comisión concluya que el túnel se hundió por mil causas distintas, que es lo mismo que decir ninguna. La crisis política derivada del hundimiento ha tapado el drama social que aún se vive en el barrio La inquietud se extiende por Barcelona, que en los próximos años construirá 40 kilómetros de túneles si fue la anterior Generalitat o la actual la responsable- -ha enterrado en parte el drama social que 60 días después se sigue viviendo en este barrio de Barcelona. Apenas unas pocas decenas de los 1.057 vecinos desalojados han regresado a sus pisos pese a que existe autorizació, y la propia desconfianza de los afectados hacia lo que les aseguran los técnicos de la Administración provoca que todo el proceso se alargue de forma dolorosa e innecesaria, a criterio del Gobierno catalán. Uno de los momentos de mayor tensión se produjo hace ahora dos semanas, cuando la Administración decidió recurrir al juez para poder apuntalar las viviendas contiguas a las tres que ahora se están derribando. Los vecinos de las mismas, disconformes con el nivel de garantías que se les daba, Esta semana comenzó el derribo de los tres edificios más dañados vetaban la entrada a los operarios, aún a riesgo de poner en peligro sus viviendas y retrasando todo el proceso. En un pez que se muerde la cola, el grueso de los afectados pone como condición para aceptar su regreso el que se tiren al suelo las tres fincas sentenciadas, algo imposible de llevar a cabo mientras no se asegurasen las fincas vecinas. Un verdadero encaje de bolillos que lleva de cabeza a la Generalitat desde hace ocho semanas. Los técnicos confían que en el plazo aproximado de un mes se haya saneado la zona más próxima al hundimiento, momento en el que podrán empezar los laboriosos trabajos de recimentación sobre la docena de viviendas más tocadas. Si bien el Carmelo no recuperará totalmente la normalidad hasta dentro de medio año como mínimo, Generalitat y Ayuntamiento se han conjurado para que, al menos en cuanto a imagen, después de la Semana Santa- -con los derribos más adelantados y el proceso de negociación de las indemnizaciones más concretado- -las cosas se encarrilen. Sin embargo, y en una serie de patinazos incomprensibles, la Administración parece decidida a ganarse la desconfianza de los afectados, como cuando hace unos días nadie se acordó de avisar a los vecinos de las tres fincas que se iban a derribar de que los trabajos estaban a punto de comenzar. Intranquilidad en Barcelona Si sólo en el Carmelo la crisis sigue generando titulares a diario, sus consecuencias se extienden al conjunto de la ciudad para desesperación del Ayuntamiento, la administración que, pese a no ser responsable de los trabajos, más se está desgastando por todo lo sucedido. En los próximos años se van a construir en la capital catalana más de cuarenta kilómetros de túneles urbanos, algo que no tranquiliza precisamente a una ciudadanía que empieza a exigir que se modifiquen los proyectos. Así, por ejemplo, se reclama que el túnel del AVE- -un tren que en Barcelona se dice que está gafado- -entre por el puerto para así no tener que cruzar el Ensanche de punta a punta. Las pancartas contrarias al proyecto salpican todo el recorrido, y muchos vecinos se preguntan por qué tienen que convivir con una infraestructura que sí ha cambiado su recorrido para sortear los cimientos de la Sagrada Familia. Dos meses después, las consecuencias del hundimiento del túnel del Metro en el Carmelo parece que no han hecho más que empezar. Señales ignoradas El desconcierto de las primeras horas- cuando pasó lo que nadie podía prever que pasaría en palabras de Nadal, y se ordenó un segundo desalojo cuando ya se había autorizado a parte de los vecinos a volver- -era sólo el anticipo de lo que sucedería durante los dos meses siguientes, y el fatal desenlace en el devenir de los meses anteriores, durante el transcurso de unos trabajos en los que ya se detectaron motivos de alarma fatalmente ignorados. En estos dos meses transcurridos, la deriva política del hundimiento- -centrada en el cobro de comisiones a cuenta de las obras públicas y en delimitar