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ABC DOMINGO 27 3 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY El nacionalismo violento vive hace muchos años imponiendo su fuerza. Es hora de que Vasconia deje de ser Dallas, la ciudad sin ley LA ENGAÑIFA ETARRA IENTRAS escribo estas líneas, los dieciséis magistrados de la Sala Especial del Tribunal Supremo se encuentran reunidos para decidir si esa máscara etarra denominada Aukera Guztiak puede participar o no en las elecciones autonómicas vascas. Supongo y espero que las pruebas presentadas ante los jueces por la Fiscalía y el Abogado del Estado resulten concluyentes para que los ilustres ropones rechacen la presentación de esa engañifa que los propios etarras han denominado listas blancas Si como es natural se demuestran las concomitancias del nuevo partido (AG) con la deslegalizada Batasuna y su carácter de organización subordinada a la banda etarra, y por tanto se impide su participación en la lucha electoral, podremos contemplar por primera vez en nuestra democracia un verdadero Parlamento democrático en el País Vasco. Lo ha dicho con esas mismas palabras María San Gil, y ese será mérito que debemos atribuir en justicia a José María Aznar, que llevó adelante la benemérita tarea de promover la ilegalización de Batasuna, representante político de ETA. Parece increíble que el PNV, considerado el nacionalismo moderado, soportase complacientemente el sarcasmo de que los recaderos políticos de la banda etarra tuviesen voz y voto en el Parlamento democrático y se presentasen a las elecciones ayudados por el argumento de las pistolas y la cloratita. Pero así era, y hay que reconocer con tristeza que el PNV ha hecho todo lo posible por impedir la expulsión de Batasuna de los escaños parlamentarios. Delante de los ojos tenemos el caso de Juan María Atucha, a quien el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco acaba de salvar piadosamente del delito de desobediencia, en el que incurrió al negarse a cumplir la orden del Tribunal Supremo para disolver el Grupo Sozialista Abertzaleak, heredero y trasunto de Batasuna. Produce vergüenza ajena recordar que gracias a la permanencia en el Parlamento de ese grupo de etarras sin pistola sacó adelante Juan José Ibarreche su famoso Plan soberanista y pudo presentarlo en el Congreso de los Diputados. Sin los tres votos etarras, el Plan no habría sido aprobado en el Parlamento vasco. Y a la vergüenza hay que añadir alguna carcajada al conocer la infantil estratagema para disimular esa indignidad nacionalista: pactar que de los seis votos etarras, tres votaran a favor del Plan y tres en contra. Esos criminales y sus cómplices deben considerarse muy listos en medio de una asamblea de gilipollas. Cuando Batasuna fue deslegalizada y quedó incluida en el censo internacional de organizaciones terroristas, los prelados vascos se apresuraron a advertir, con cierto dramatismo, que esa decisión legal traería sombrías consecuencias. Cabe preguntar a Sus Ilustrísimas Reverendísimas: ¿Más sombrías que los mil asesinatos y los miles de exiliados de su patria vasca? ¿Acaso los tres votos etarras no han traído ya la consecuencia sombría de la aprobación del Plan Ibarreche? El nacionalismo violento vive hace muchos años imponiendo su fuerza. Hora es ya de que la justicia use todos sus instrumentos para que el País Vasco no siga siendo Dallas, la ciudad sin ley M EL RECUADRO ANTONIO BURGOS Por muchas estatuas que derriben, Rodríguez cabalga sobre algo tan franquista como usar el segundo apellido: Zapatero. Llamarle Zapatero es un uso franquista de la lengua. Igual que su uso no sexista se impone su uso no franquista EL USO FRANQUISTA DE DOS APELLIDOS M UY pocos nos atrevemos en estos Reinos a llamar a ZP lo que verdaderamente es: Rodríguez. ZP es completamente Rodríguez. Sonríe tanto y hace tantas tonterías porque tras el 11- M se quedó de Rodríguez en Madrid. Llamo simplemente Rodríguez a Rodríguez porque mentar a los políticos por sus dos apellidos es lo más franquista que se despacha y no hay derecho a que no derribemos esa estatua. Si a dictador muerto, gran lanzada, y quitan al difunto Franco del caballo (como acabarán bajando a la Virgen del Pilar de la columna del día de la Fiesta Nacional) también hay que derribar lo que el paisano y colega de Fidel Castro impuso: el uso innecesario de los dos apellidos para quienes son perfectamente identificables por el primero. Para Franco, Gual era Gual Villalbí; Lacalle, Lacalle Larraga; Iturmendi, Iturmendi Bañales; Girón, Girón de Velasco; Solís, Solís Ruiz; Baturone, Baturone Colombo. Y Fraga, por supuesto, Fraga Iribarne. Una de las mayores conquistas de la transición fue quitarle a Fraga el Iribarne. Franco le preguntaba al inaugurar cada parador: -Iribarne, ¿cuántos millones de turistas han venido gracias a nuestra paz y a nuestro glorioso Movimiento? Cuando AP, Fraga era bastante Iribarne, y así no podía la derecha ir a ninguna parte. El gran éxito del PP fue poner a Aznar al frente del partido, sin segundo apellido, sin el Iribarne del franquismo. Recuelos franquistas de los dos apellidos que quedan incomprensiblemente en el modo de nombrar a los árbitros de fútbol, como si fuéramos unos Matías Prats padres que nos supiésemos su media filiación y la dijéramos en el No- Do. No era explicable que a un señor que se llamaba algo ya de por sí tan rarito como Urízar le tuvieran que decir Urízar Azpitarte. El Azpitarte era tan superfluo que sólo tenía la explicación Iribarne del uso franquista de la lengua. Y menos me lo explico ahora, que persiste esa moda nominativa arbitral. A un señor que se llama Ru- binos, ¿por qué hay que decirle Rubinos Pérez, si como Rubinos y con el pito en la mano (con perdón) no tiene pérdida? ¿Por qué Daudén Ibáñez a un tío que se llama de una forma tan inconfundible como Daudén? A Turienzo el Álvarez del segundo apellido le sobra; Esquinas no necesita el Torres, ni Iturralde el González. Por muchas estatuas que derriben, Rodríguez cabalga sobre algo tan franquista como usar el segundo apellido: Zapatero. Llamarle Zapatero, por el segundo, por el segundo izquierda, claro, es un uso franquista de la lengua. Igual que su uso no sexista se impone su uso no franquista. No sé como no han caído en ello la Carapasa o el Caragarbanzo. Es una contradicción histórica que los progres Visa Oro llamen a Rodríguez como Franco a Fraga: por el Iribarne, digo, por el Zapatero. Dos apellidos para él y muchos de su equipo. Lo siento, pero lo de Pérez Rubalcaba me suena a árbitro de Segunda: Arbitró el colegiado señor Pérez Rubalcaba, que propició el juego violento Por el contrario, otros que necesitarían el segundo apellido como el comer, prescinden de él. Por ejemplo, Pepiño Blanco. Pepe Blanco me suena a Carmen Morell y a cocidito madrileño repicando en la buhardilla. El Zapatero con que mientan a Rodríguez es un evidente retroceso para la democracia española. ¡Derribemos esa estatua de Franco! Si Suárez era Suárez a secas y trajo ni más ni menos que las libertades; y si González era González a secas y trajo nada menos que el cambio (ay, cómo te echamos de menos, paisano, qué clarito tenías lo de España) y si Aznar siendo sólo Aznar o precisamente por eso dejó de ser Aznar, ¿por qué ignorar el democratiquísimo Rodríguez de Zapatero y lo montamos en el caballo franquista del segundo apellido? Sobre todo cuando ni Moratinos, ni Bono ni muchos ministros usan segundo apellido. Especialmente Carmen Calvo. Aunque me lo explico. Calvo sería Poyato. Con razón la llaman sólo Calvo. Claro.