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60 Tribuna VIERNES 25 3 2005 ABC I profesora de portugués nos decía, para explicarnos el significado de la expresión tudo beleza que se trata de una respuesta habitual que en Brasil vale casi para cualquier situación. Si a alguien, que por desgracia hubiese perdido al padre o la madre, un amigo le preguntase come vai podría responder con toda naturalidad: tudo beleza Es sólo una expresión, sí, una respuesta convencional ante una pregunta también convencional, pero refleja igualmente una visión de la vida entre resignada y feliz, por lo que se tiene sin tenerlo del todo. Es una forma más, paradójica y, quizás por ello muy significativa, a través de la cual asoma la singularidad de la cultura y la sociedad brasileñas, que siempre provocan sentimientos encontrados de admiración y de envidia pero también de decepcionada incomprensión. Brasil es una belleza, ¿quién puede decir lo contrario? pero no todo es una belleza en ese gran y complejo país. Esa actitud positiva, tan envidiable como, a veces, difícil de comprender, ante las circunstancias de la vida, no debería convertirse en un escudo o en velo que oculta las equivocaciones, las zonas oscuras, que siempre las hay y que en Brasil son todavía muchas y muy preocupantes. Al final de año pasado año, con los buenos datos económicos y los aceptables resultados de las encuestas, parecería que todo va bien para Lula, para su Gobierno y para el país. Y nada parece empañar esas buenas noticias. La economía ha entrado en plena euforia: más exportaciones, más empleo, más producción y, naturalmente más gasto: el consumo familiar ha sido el más alto desde 1997. Y hace unos meses, en una conversación con Palocci, Lula recibió, son sus propias palabras, un bello regalo de Navidad Dicen que comenzó a cantar alborozado en su residencia de Planalto y que dijo, enigmático y feliz, a sus más allegados colaboradores: mañana se sabrá una cosa maravillosa Esa maravilla era que el aumento del PIB en 2005 podría llegar al 5,2 por ciento, algo que superaba las previsiones más optimistas. Antes, incluso, de conocerse esta importante noticia, las encuestas ya mostraban una recuperación en la valoración del gobierno, que subía M TUDO BELEZA ANTONIO SÁENZ DE MIERA Escritor del 38 al 41 por ciento y sobre todo en la confianza que inspiraba el liderazgo del presidente, que pasaba, entre septiembre y diciembre, del 58 al 63 por ciento. Eran los mejores resultados del 2004, y se comprende que hayan supuesto para el PT y para Lula una buena inyección de moral, tras el mal sabor de boca de la segunda vuelta de las elecciones municipales. Sin embargo, vistas las cosas con detenimiento, el optimismo debería matizarse; los resultados de hace un año, por ejemplo, Al día de hoy, no hay señales significativas de que en estos dos primeros años haya mejorado la distribución de la renta en el país sin euforia económica, fueron mejores. Pero no agüemos la fiesta al presidente. Como ha dicho, con toda espontaneidad, el senador Bezerra, portavoz del gobierno en el Congreso: lo que el pueblo entiende es lo que se nota en la cartera Carteras más llenas, gente más contenta, buena nota al gobierno. Lo que es más difícil de entender es que haya sido la política social la mejor valorada. Eso sí que no se lo podía esperar nadie. Ni la oposición, que presume con razón de haber logrado más avances en la lucha contra la pobreza en la época de Cardoso, ni el propio Lula, que ha cambiado ya en cuatro ocasiones a los titulares de los ministerios sociales y está a punto, según se dice, de prescindir del actual. No debemos descartar la influencia del marketing y de las políticas meramente asistencialistas en esos resultados y ello no sería bueno; pero sería aun peor que reflejaran una opinión generalizada de que las iniciativas so- ciales del gobierno van por buen camino. Lula no llegó al poder con mensajes populistas. Todo no se podía resolver de golpe, y la economía merecía, sin duda, una atención prioritaria. Pero en la situación de Brasil el arreglo de la economía era una condición, necesaria, sí, pero absolutamente insuficiente. Porque, al mismo tiempo, mientras tanto, y con más intensidad aún, era necesario que gobierno y sociedad civil se concertasen para tratar de salir de ese laberinto de lo social en el que está empantanado este gran país desde hace muchos años sin que parezca existir solución. Precisamente la esperanza de un gran cambio social, razonable y equilibrado, fue lo que llevó a muchos brasileños a votar a Lula. Y es ahí donde, algo más de dos años después, las cosas no van bien. Si todo quedara en producir buenos datos económicos, con ser estos importantes, insisto, se podría considerar que Cardoso lo hubiera podido hacer mejor. Pero había algo, pensaban muchos, que sólo un partido obrero y sindical con amplio respaldo en las elecciones podría conseguir, algo tan importante como el inicio de un proceso de cambios paulatinos e irreversibles que dieran solidez al crecimiento económico y garantizaran la estabilidad política y democrática del país. Y esa tarea histórica sigue pendiente. Es más, se observan signos que nos pueden hacer pensar que el Gobierno de Lula ha perdido el norte en el plano social, y, lo que sería más preocupante, que parece actuar como si no lo hubiera perdido. A veces, la ignorada realidad del ejercicio del poder político, con sus limitaciones, desbarata o diluye los mejores programas; a veces, el ejercicio de ese poder refleja de una forma transparente el perfil real de quien lo ostenta, esa distancia, más estrecha o más amplia, que vamos viendo entre capacidad, esfuerzo y objeti- vos. Algunos consideran que el PT se está dejando llevar, quién lo hubiera podido pensar, por la senda de un liberal- darwinismo que podría llevar a un peligroso callejón sin salida. Puede ser preocupante que, como ha escrito el alcalde de Río, el equipo económico de Lula esté más a la derecha que el de Bush, pero más grave sería que el presidente brasileño no aplicase su buen olfato político y social a las recomendaciones de sus asesores, y cayese en la trampa de pensar que sólo con economía se pueden resolver los problemas sociales. Al día de hoy, no hay señales significativas de que en estos dos primeros años haya mejorado la distribución de la renta en el país, una de las más injustas del planeta. Y esta falta de resultados tangibles es inquietante. Es verdad que se anuncian ahora medidas para que en el futuro los cambios sean más profundos y, sobre todo, más rápidos y ha surgido un nuevo lema crecimiento económico con inclusión social con el que Lula respondió a Chávez en la Cumbre de los países de América del Sur en Cuzco. Para el presidente venezolano las reformas sociales tienen que ir por delante de la economía. Es que você e muito ansioso le dijo Lula con razón. En esa suave respuesta quedaba clara la distancia entre un modelo y otro de cambio social. Lula no es Chávez, afortunadamente. Representa el cambio fiable, posible, en Brasil y en América Latina. Por esta razón sería especialmente grave que la confianza en él depositada acabara resquebrajándose por impericia, por exceso de pragmatismo, por autocomplacencia. Seguramente Lula sabe, mejor que nadie, que no todo son buenas noticias, que no es tudo beleza en Brasil, a pesar del optimismo actual. Que sigue habiendo demasiados ricos y demasiados pobres; que los sin tierra siguen ocupando fincas; que quedan pendientes la reforma laboral, la política y la sindical; que se ha creado un nuevo partido a la izquierda del PT; que han aumentado los índices de violencia en las grandes ciudades hasta límites insoportables... Y que la belleza inigualable de Brasil, de sus ciudadanos, de su cultura, de su paisaje, merece la determinación y la constancia de una gran política. EBATEN en Internet la decadencia de las tunas, y plantean varios motivos. El más votado, hasta ahora, con un 40 por ciento, comenta que los futuros novatos, llamados pardillos están desinformados de la Tuna. No sabemos si la lenta desaparición de las bandas universitarias se debe a la indolencia juvenil en todo lo que huele a colectivo. La fiesta multitudinaria de hoy, gira en torno al botellón, nos declaramos con sms, y a decir verdad, tampoco hace falta vestir de siglo XIII para ligar con suecas, porque ya vienen a España bastante avisadas, y más dispuestas a devorar paella, sol y precios baratos, que a inmortalizarse con el Abre la muralla Desaparecen las tunas y desaparecen el resto de cosas que conformaron un día la España clásica, torera, de la que D TUNAS EN EXTINCIÓN DANIEL BARREDO Escritor ya nadie se acuerda, porque aparte de falta de memoria, se lee bastante poco. La Tuna se clasifica en la estantería de lo hortera, lo demodé, de lo que no se puede ser y mucho menos hablar, del mismo modo que los mesones barrocos adornados con cabezas disecadas y refranes en las baldosas, del tipo: A la mujer y a la cabra, soga larga Los jovencitos posh, alternativos, triunfales y confusos, escupen sobre la Tuna, y re- servan mesa en una de tantas sacristías pop, donde a un botón le llaman manjar, y donde David Beckham, tiene categoría de dios. Los viejos tunos, como faunos, armados de perillas quevedescas, de bandurrias, de sed y hambres históricas, de Góngoras memorizados, cada vez en menor número, continúan cantando Clavelitos con voces desafinadas, canción reconvertida en himno, que rompe las uñas falsas del metrosexual. Los estudiantes golfos de ayer teníamos vocación de tuno, y andábamos con los ruiseñores, palomitas, corazones doloridos y suspirillos así, porque ligar era cosa de sobar reja, llevar carpeta, y gastar zapatos. Recordamos la Tuna en blanco y negro, y nos da pena que, lentamente, vayan desapareciendo las bandas universitarias. El asociacionismo, la banda sonora del donjuanismo, la amistad, el coro de los primeros borrachos, la dulzura novelesca, lo tradicional en lo moderno, en fin, todas esas reliquias, van siendo manoteadas por el niño depredador, ecléctico, alternativo, y un poco desquiciado, que tiraniza en las televisiones de plasma, y que utiliza el móvil como llave de cerrajero.