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56 Espectáculos VIERNES 25 3 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO EL MEJOR CINE CON ABC Duelo entre Newman y Hanks Camino a la perdición fue estrenada en 2002 y es la segunda película dirigida por Sam Mendes, que había logrado el Oscar al mejor director en 1999 por su opera prima, American Beauty con la que había sorprendido a propios y extraños. El filme es una adaptación del cómic Road to Perdition escrita por Max Allan Collins e ilustrada por Richard Piers- Rayner. El rodaje se inició en Chicago el 5 de marzo de 2001. Sólo obtuvo un Oscar de los seis a que aspiraba: el de la mejor fotografía, que firmaba Conrad L. Hall; fue su último trabajo antes de morir. Paul Newman fue candidato como mejor actor secundario (le ganó John C. Reilly por Chicago Sam Mendes jugó en el título con un doble significado para la palabra Perdición que era tanto un lugar geográfico como la situación a la que se ve abocada la historia. Tom Hanks interpreta a Michael Sullivan, una matón asalariado que debe huir para intentar salvar su vida y la de su hijo La banda sonora es de Thomas Newman, que ya compuso también la música de American Beauty y que optó igualmente al Oscar. Anthony LaPaglia interpretó en la película a Capone, pero en el montaje final se decidió dejar al personaje fuera de plano, con lo cual LaPaglia no aparecía en la película, aunque era el primer nombre en la lista de agradecimientos. El propio director hace un breve cameo en la película; es uno de los guardaespaldas de John Rooney (Paul Newman) en una de las escenas finales. Rooney hacia Sullivan. Rooney debe matarlo, sin contemplaciones, sin miramientos, porque ha desafiado lo más sagrado, el poder del jefe, y ha mancillado el dudoso honor de Connor. No hay salida para Sullivan. Lejos de la protección de la gran familia mafiosa hace mucho frío y no hay fronteras que puedan traspasarse. Sullivan debe morir. Los lectores podrán adquirir el DVD de esta extraordinaria película de Sam Mendes, protagonizada por Tom Hanks y Paul Newman, el próximo viernes al precio de 5,95 euros adjuntando el cupón que aparecerá ese día Camino a la perdición una historia de padres e hijos TEXTO: FERNANDO R. LAFUENTE Sam Mendes, el oscarizado director británico de American Beauty (1999) logra demostrar en su segunda película, Camino a la perdición (2002) que segundas partes siempre pueden ser mejores. Esta historia tradicional de gangsters, basada en una peculiarísima adaptación de Road to Perdition un cómic de Collins y Piers- Rayner publicado en 1998, se convierte en un poderoso relato de amor, venganza, muerte y redención. Lo de siempre, pero contado de otra manera. ¿Cuál manera? Aquella que muestra cómo el amor filial se trueca en odio y cómo la huida forma parte de lo mejor que se puede hacer en la vida si de lo que se trata es de salvar el pellejo. Tom Hanks es Michael Sullivan, un pistolero a las órdenes de un magistral mafioso irlandés, no todos van a ser italianos- -en el cine, magistral y mafioso es compatible- Paul Newman (John Rooney) que se ha enseñoreado de un territorio próximo a Chicago. El tal Rooney (Newman) es, nadie pretende ser perfecto, ni siquiera los gángsters, padre de un impresentable hijo, Connor Rooney (Daniel Craig) violento y presumible sucesor del próspero gang. El bueno de Hanks (Sullivan en la película) está felizmente casado, así es la vida, hasta los gángsters pueden ser felices, con una espléndida Jennifer Jason Leigh (Annie en el filme) y es padre de dos buenos chicos, Peter, el pequeño (Lian Aiken) y Michael Jr. (Tyler Hoechlin) Nada es gratuito Michael Jr. será quien cuente la historia, quien narre el doble camino a Perdición. La equivocada traducción española se come esa doble dirección, porque Perdición es, a la vez, lo que su nombre indica y, también, el lugar, el pueblo adonde padre e hijo se dirigirán con la intención de salvarse y redimir su pasado. En Sam Mendes nada es gratuito. Todo en esta poderosa película es de doble dirección. Las relaciones entre Michael Sullivan y su primogénito, Michael Jr. y entre Sullivan y el decrépito jefe de la mafia, Rooney. Cine americano y de gangsters, de primera, rodado por un inglés, nadie puede dar más. Rooney quiere, como al hijo que hubiera deseado tener, a Sullivan. Porque lo cierto es que Connor, como en los relatos bíblicos, y ahora en los cómics, es violento, inútil, pendenciero y cobarde; Sullivan es honesto- -a pesar de su condición de matón asalariado- buen padre, y leal a su padre adoptivo Rooney. Ya está el drama en el escenario, el odio de Connor hacia Sullivan, y la envidia ancestral hacia el bueno de Sullivan generarán la trama, la acción y el desenlace, al que se unirá, mediado el filme, un magistral Jude Law en el papel, impagable, de asesino a sueldo, sin miramientos, un personaje frío, cerebral, que deberá eliminar al pobre Sullivan camino a la perdición y a Perdición, esa pequeña e enigmatica población en la que debe dejar a su hijo Michael Jr. tras el asesinato de su mujer y su hijo pequeño, por parte de esbirros de Connor. La película cuenta un desgarro: el de Ambientación impecable e implacable En medio, las apariciones de un Frank Nitti esporádico y contenido (Stanley Tucci) y las guerras entre mafias, con una ambientación impecable, e implacable, que culmina en la llegada de padre e hijo a Perdición y la muerte romántica del primero. Una soberbia película de las de antes, contada con el minimalismo de ahora. Una historia melancólica que sucedió ayer y sucederá mañana, si no está ocurriedo mientras uno escribe estas líneas, aunque no estemos ni en Chicago ni en los raros años 30 del siglo pasado. Tal como la vida misma, como lo es el cine, el de verdad. Por eso emociona y conmueve.