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ABC VIERNES 25 3 2005 Espectáculos 55 Adaptación de una novela José Corbacho y Federico Luppi Ben Affleck debutará como director El actor Ben Affleck debutará como director con su adaptación de la novela Gone, baby, gone según ha informado la revista Variety Affleck escribirá y dirigirá la adaptación de la novela, escrita por Dennis Lehane, autor de Mystic River y que narra la historia de dos detectives que han de buscar a una niña secuestrada. Affleck, que ya adaptó junto a Matt Damon El indomable Will Hunting por la que obtuvo un Oscar, no actuará en la película, que comenzará a rodarse en Boston en otoño. Primerizos en el festival de cine español de Málaga Tapas de José Corbacho y Juan Cruz; Pasos de Federico Luppi; Heroína de Gerardo Herrero; El Calentito de Chus Gutiérrez, y Morir en San Hilario de Laura Mañá, son algunos de los largometrajes que competirán por la Biznaga de Oro en la sección oficial del octavo Festival de cine español de Málaga, que se celebrará entre los días 22 y 30 de abril. Ha vuelto a las pantallas, coincidiendo con la Semana Santa, una de las películas más polémicas de los últimos años, La Pasión de Cristo dirigida por Mel Gibson, y que narra con una crudeza insólita los últimos días de Jesucristo No renieguen por segunda vez E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Se podrá ser más ingenioso, pero no más oportuno: La Pasión de Cristo llega en tiempo real, casi televisivamente, como un telediario, en el día adecuado y tal vez en el momento justo. Ahora hace un año de su estreno, que fue saludado con salvas y salves por la crítica. La polémica se desvió un punto de la diana: a muchos les pareció una película demasiado fuerte y de imágenes muy agresivas y realistas... Aunque eso, en este tiempo en el que a cualquiera le sangran las retinas de ver majaderías y brutalidades vacuas, era más un ejercicio de cinismo que de razón; aún más chocante cuando la crítica venía sujeta por entusiastas del cine gore y similares, generalmente vacío de sujeto y objeto. La película de Mel Gibson es, ciertamente, una mirada muy cercana (tocando casi el suceso con la punta del vaho de la nariz) a la pasión, tortura y sacrificio de Jesús de Nazaret, y se queda pasmada y concentrada en su sufrimiento físico y en su fuerza espiritual... Hace su trabajo Mel Gibson con músculo de creyente, con pericia y sentimiento de gran cineasta y con absoluta fijeza en la fuente que le inspira, los Evangelios, en especial el de San Lucas y el de San Juan. Se subrayaron entonces mucho las escenas más impactantes, los latigazos (todos, sin ese recurso tan cinematográfico y eficaz de la elipsis) el martirio y la crucifixión, con algún plano en el que se puede saborear el óxido de los clavos y el salitre de la sangre, y donde se pierden los límites del dolor, y de la crueldad, y del amor o de la entrega... Se subrayó menos la altura poética y la profundidad emocional de algunos momentos de la película, en la que algunos personajes se ataban entre ellos con hilos de seda emotiva y con un peso y una congoja que limpiaban las heridas: como esa escena en flash- back del Niño caído que nutre de aire y limpieza la relación entre María y Jesús, sublimada hasta más allá de lo espiritual en ese momento en el que ambos se presienten a través de los muros de la mazmorra. Y se subrayaron mezquinamente no sé cuántas cosas referidas Jim Caviezel interpreta a Jesús en La Pasión de Cristo No ha incurrido ni una sola vez en la escena prevista, en la composición fácil, en el tópico visual o en la postal hecha... a su director, sus creencias y sus pertenencias a aquí y allá. Y ése fue y es el principal problema de La Pasión de Cristo que su director, Mel Gibson, quedó ya hace mucho tiempo marcado a fuego como reaccionario por los que manejan la marca y el hierro, y a partir de entonces ya pue- de ese actor guapito y machistorro llamado Gibson hacer maravillas porque da igual: se le señala su marca, y se acabó. No importa que en esta película se vea sólo a un gran cineasta que, a pesar de lo tratado y retratado del tema, no ha incurrido ni una sola vez en la escena prevista, en la composición fácil, en el tópico visual o en la postal hecha... Ni siquiera en el impacto de un instante del que tanto bebió el arte (las artes) como el de la Piedad, ni siquiera para mostrar ese íntimo y doloroso golpe de recogimiento y lloro de la Virgen con el Cuerpo de Cristo ha recurrido Mel Gibson a otra cosa que a su propia y singular visión. Sólo un gran cineasta puede inventar y superar sobre lo ya inventado e insuperado. Acaso no es un síntoma de genio el obcecarse en el trabajo molesto y anticomercial, pero único, de trabar su historia con sus lenguajes originales, el arameo, el hebreo y el latín. O acaso no hay algo magnífico en el modo en que el actor James Caviezel se desocupó por completo de sí mismo hasta crujir en el intento de contener lo incontenible, de ser a la vez el jarrón roto y el agua fresca que contiene... Acaso no tiene mérito esa retadora jugada de dados que arroja sobre la pantalla con Mónica Bellucci en el papel de María Magdalena y Maia Morgenstern en el de la Virgen María, o ese peculiar sentido operístico con el que delata los pasos sutiles del Maligno, interpretado por la peculiar presencia física de Rosalinda Celentano... Sin duda, Mel Gibson es un director enorme, gigantesco, con un gran sentido cinematográfico para provocar la emoción y el desgarro, capaz de atrapar en vuelo la respiración de sus personajes y de su historia, de mirar lo tantas veces mirado y mostrárnoslo tan lejano a lo visto anteriormente por Hollywood o aledaños; y sin improvisar a lo Kazantzakis, sin pasolinizarse ni caer en lo prosaico. Se diga lo que se diga, La Pasión de Cristo tal y como la ve y nos enseña Mel Gibson, es, además de dolorosamente física y profundamente espiritual, única.