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ABC VIERNES 25 3 2005 Cultura 49 Varios millares de turistas de cinco continentes se verán forzados a 24 horas de abstinencia visual: La Gioconda estará invisible en el Louvre el 4 de abril. La célebre obra de Leonardo regresa a la Sala de los Estados del museo parisino, donde permaneció desde 1950 hasta 2001 CLÁSICA Semana de M. R. de Cuenca Bach: Variaciones Goldberg Int. P. Hantaï. Lugar: Fundación Antonio Pérez Obras de Schütz, Vivaldi, Arriaga y Bach. Int: M. Almajano, R. Andueza, C. Mena, J. M. Zapata, J. A. López, Coro de Cámara del Palau, Jonde. Dir. F. Biondi. Lugar: Teatro Auditorio. La Gioconda se traslada TEXTO: JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL FOTO: ABC POSICIONES ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE PARÍS. Hace cuatro años, el Louvre tomó la histórica decisión de renovar, restaurar y modificar la exposición de algunos de los cuadros más contemplados del mundo. Tratándose de La Gioconda era una operación militar extremadamente compleja, arriesgada, imprevisible. De entrada, la operación costaba mucho dinero. Pero una gran empresa japonesa, la Nipon Television Network Corporation- -que ya financió la restauración de la Capilla Sixtina- anunció su disposición a pagar, a fondo perdido, los 3,8 millones que costará la remodelación de la sala que albergará a La Gioconda de Leonardo y Las bodas de Canaá de Veronés. La llamada Sala de los Estados albergó de 1950 a 2001 La Gioconda y la pintura veneciana. Un gran especialista internacional, Lorenzo Piqueras, recibió el encargo de preparar el marco y el cristal especial que protegerá Las bodas de Canaá y La Gioconda de las luces, los asaltos y la exposición extasiada, inmóvil, fascinada de millares de turistas. Menos visitadas, Las bodas... son invisibles desde primeros de enero. Volverán a estarlo a partir del 5 de abril. En el caso de la obra maestra de Leonardo, el fetichismo visual aconsejaba no alejar a la legendaria demasiado tiempo de un público sediento de emociones solitarias. Y, finalmente, se ha conseguido que La Gioconda apenas esté ausente de sus admiradores durante veinticuatro horas cortas. E La Gioconda de Leonardo, una de las obras de arte más visitadas del mundo La Mona Lisa más protegida Los trabajos de remodelación de su nuevo hogar han durado cuatro años. La Gioconda cambia de sala, cambia de exposición, cambia de escenario. Físicamente, la operación apenas supone un cambio de apenas cien metros. El visitante apenas deberá percibir ningún cambio sustancial. Pero, en definitiva, algo sustancial habrá cambiado. En su nuevo marco, La Gioconda estará menos sola y más acompañada de obras maestras. Y, sobre todo, estará mucho más protegida, físicamente. El célebre cuadro gozará de 200 metros cuadrados exclusivos al norte de la sala. Ya anciana, a pesar de su exaltante juventud eterna, La Gioconda se beneficiará de una hornacina única en su género, para cuidar que no le afecten las más mínimas agresiones invisibles de la luz, la temperatura, la humedad, incluso la proximidad cambiante de interminable hileras de admiradores. Todo ha sido concebido con el fin de preservar su inexpugnable virginidad. En su nuevo altar de cristal, La Gioconda estará más próxima e inaccesible que nunca, como las divinidades del altar grecolatino. n Cuenca, siempre nos quedará Bach... y Vivaldi. Al menos su Stabat Mater obra sobresaliente del primer concierto de la Jonde. Programa confeccionado por acumulación, en el que lo anacrónico se dejó sentir de la mano de una orquesta entregada, la flojera del Coro del Palau barcelonés, la asimetría de los solistas o la justa eficacia del maestro Fabio Biondi. Es más, decir Vivaldi es recordar a Carlos Mena, su serenidad, buen gusto, largura y belleza vocal. Él y la Jonde formaron un conjunto dispar en el timbre y en la diferente cercanía al estilo. Porque lo que para Mena es consustancial, para la Jonde fue novedad. También aquí Biondi respiraba aires más afines. Lo de Bach es otra dimensión, como lo son las hechuras del clavecinista Pierre Hantaï anunciado con las Variaciones Goldberg pero dispuesto a atiborrar de música fuera de programa el antes y el después del concierto. A algunos músicos solfeadores les molestó que Hantaï no diera el cien por cien de las notas en su sitio. Y es verdad que si fue así, por ejemplo en el canon a la quinta o en la variación 22 alla breve también lo es que le sobran dedos y que lo circunstancial no logró romper la naturaleza de una interpretación que tuvo vitalidad y aportó una expresión distinta a la severidad y distancia con la que otros grandes del clave han visto a este mastodóntico ejercicio musical. Hantaï, en horario de tarde, con la luz justa, colocado en el vértice de la sala de techo bajo que la Fundación Antonio Pérez a las arpilleras de Manuel Miralles imprimió orden, rigor en el acento, precisión métrica, contraste y sensatez analítica. En ese lugar que es música para la vista, también se gratificó al oído.