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26 Internacional VIERNES 25 3 2005 ABC CARMEN DE CARLOS Los ex desaparecidos Carlos García (izquierda) y Enrique Fuckman Dos ex detenidos desaparecidos argentinos hacen el tour de la Escuela Mecánica de la Armada (Esma) el principal escenario de las torturas y la muerte de la última dictadura militar La ruta del mayor centro de torturas TEXTO: CARMEN DE CARLOS CORRESPONSAL Una silueta que representa a un desaparecido, colocada en la verja de la Esma pués de la reforma en este sector. Los marinos elevaron el piso para borrar huellas, cualquier rastro de lo que sucedió, pero llegaron a entrar con una moto y pasar por encima de los cuerpos de los compañeros La reforma a la que se refieren se hizo para engañar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que visitó las instalaciones en 1979, mientras los desaparecidos fueron trasladados. Una escalera diferente conduce a la planta baja, esos huecos son de dos ascensores donde subían a los que ya no podían caminar o bajaban a los que estaban drogados con el pentonaval para llevarlos a los vuelos de la muerte (eran arrojados desde aviones al mar) Arriba, ya en la primera planta, se encuentran los dormitorios con tarima de madera. Son los camarotes donde dormían los oficiales. Scilingo (marino detenido en Madrid) dice que nunca oyó nada, pero subíamos por la escalera, de piedra, con los grilletes a rastras. Era imposible no sentirnos El borde de los peldaños está arañado y en algunos casos roto. García y Fuck- AFP BUENOS AIRES. Es la primera vez que la prensa internacional entra en la Esma. El mayor centro clandestino de detención y tortura de la dictadura militar (1976- 83) tiene dos guías especiales para la visita: Carlos García y Enrique Fuckman, antiguos inquilinos de sus mazmorras. La contraseña era Selenio (un mineral) Una vez dicha se abrían los portones y pasaba el coche. Habitualmente era un Ford Falcon, superaba el edificio principal y llegaba al Casino de Oficiales. Marcha atrás se colocaba en esta puerta y nos arrojaban por la escalera del sótano. Esta era la primera parada García y Fuckman conocen bien todas las escalas de la ruta de la Esma, las 17 hectáreas que se extienden en pleno barrio de Núñez, a pocos metros del estadio de fútbol de River Plate. En este cinturón de cemento se levantan, como vigas oxidadas por el tiempo, 34 edificios entre escuelas, institutos y otras dependencias navales. Pero fue entre los muros del Casino de Oficiales y en los cuerpos de estos dos ex guerrilleros montoneros donde quedó impreso el recuerdo de la muerte y los suplicios. Es su turno y ahora disfrutan, de algún modo, el sabor de la venganza porque a fin de año, se cumplirá el calendario de entrega del predio para transformarlo, por orden del presidente Néstor Kirchner, en un Espacio para la Memoria, Promoción y Defensa de los Derechos Humanos, no un museo, porque el término tiene connotaciones de libro cerrado y esta historia sigue abierta puntualizan. Los guías han bajado los peldaños que conducen al sótano. Estamos en un típico subsuelo vacío y, dado su deterioro, abandonado tiempo atrás. Estaba compartimentado con planchas de conglomerado- -detallan. Acá estaba la sala de torturas. Los suplicios eran siempre los mismos, la picana (descargas eléctricas) sobre un somier, el submarino húmedo (cabeza en un cubo de líquidos) el submarino seco (asfixia con una bolsa de plástico) quemaduras... A mí me llenaron el cuerpo de llagas de apagarme cigarrillos- -comenta Fuckman- Me acuerdo que en la picana me echaban agua para que tuviera más impulso (las descargas) Pero con Teresa (desaparecida) estaban obsesionados. La violaban cada vez que iba al baño. Si era una, una, si eran dos, dos, las que fuera man lo atribuyen al roce de cadenas. Un piso más arriba estaba la siguiente escala de los desaparecidos. Aquí cayeron unas cinco mil personas pero más de doscientas lograron el perdón de sus verdugos. A la izquierda, -continúan- Capucha, nuestro segundo destino. Llegábamos tabicados (rostro cubierto) con pies y manos encadenados. Nos tendían sobre una colchoneta separados por paneles. Eramos unos 150. Las opciones eran: traslado (el vuelo) o trabajar. A los que trasladaban venía antes el cura y les daba su bendición Asesinos y ladrones Cerca de un rincón que señalan al fondo, estuvieron como alma en pena las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, cuyo secuestro en 1977 se atribuye al ex capitán de fragata Alfredo Astiz, condenado en rebeldía en Francia a cadena perpetua. En el lado opuesto de Capucha, funcionaba el pañol, un depósito donde se almacenaban las propiedades de los desaparecidos. Había de todo, neveras, ropas... Porque estos tipos- -observan- además de asesinos, eran ladrones Seguido de una urna de cristal que hoy tampoco existe, estaba la pecera, donde nos obligaban a hacer el trabajo esclavo. El que sabía idiomas traducía periódicos... Hacíamos de todo Del almirante cero o negro como se conocía a Emilio Eduardo Massera, hoy en estado casi vegetativo, fue la idea de recuperar con el trabajo a algunos. En la recta final de la visita, a mitad del corredor, entre Capucha y el Pañol, dos habitáculos hacían de paritorio, en la maternidad nacieron unos 400 bebés que entregaron a militares estériles o parejas afines al régimen Falsificadores Allá estaba documentación- -continúan- al fondo el laboratorio de fotografía... Hicimos más de 10.000 pasaportes, uruguayos, españoles... Falsificábamos todo tipo de documentación, incluso moneda chilena, por orden de los marinos La descripción no está cargada de emociones. Hay un recuerdo a Víctor Basterra, otro ex desaparecido que guardó en el escondite más íntimo del cuerpo de un hombre, cápsulas con los retratos de decenas y decenas de represores, que sirvieron como prueba en el juicio a las juntas militares de 1985. En el sótano, sabíamos cuándo nos iba a tocar la tortura porque ese día nos daban mejor comida, tipo la última cena, con una sonrisa. Entonces, se producían apagones intermitentes por la picana. La situación era una mezcla de alivio y desesperación. Implorabas para que dejaran al compañero pero, al mismo tiempo, sabías que cuando eso sucediera vos eras el siguiente El recorrido continúa, cuidado con la puerta, la dejaron así de corta des- Los marinos llegaron a entrar con una moto y pasar por encima de los cuerpos de los compañeros Con Teresa (desaparecida) estaban obsesionados. La violaban cada vez que iba al baño