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ABC VIERNES 25 3 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Si Ibarreche intenta saltarse la ley, se debe usar la fuerza. Elemental, querido Watson frase más vieja que la vicepresidenta LAS LISTAS BLANCAS STÁ de moda lo blanco: listas blancas, dinero blanco, manos blancas y Pepiño Blanco. Las listas blancas del País Vasco son listas rojas, empapadas en sangre, que los etarras tratan de enmascarar como en la estratagema del lobo que engaña a los corderitos enharinándose la negra pata para enseñarla por debajo de la puerta. Nihil novum sub sole, que diría el latinistaAlfonso Guerra, y el truco de hacer blanco lo que es negro o lo que es rojo es viejo como el mundo. Vamos, eso es aún más viejo que los ancianitos del lugar, más viejo que María Teresa Fernández de la Vega, de quien Paco Umbral dice que pertenece a la generación de Shirley Temple, y más viejo que yo mismo, que soy, más o menos, de la generación de los hermanos Álvarez Quintero. O sea, que a los de las listas blancas deben excluirlos de las urnas, porque esos listillosse aprovechan de las libertades de la democracia para tratar de cargarse la democracia. Ya es bastante benevolencia dejar que se presenten los peneuvistas de tercera o cuarta generación, a la que podríamos llamar sin mentir generación de la Eta Está claro que las listas son de etarras disfrazados desde que los avala el propio Arzalluz. Donde ande por medio Arzalluz, ya se sabe: pacto de Lizarra, árbol meneado, nueces como cabezas agujereadas, la violencia como argumento y negociación con la pistola sobre la mesa. Lo que me tiene perplejo, por no decir estupefacto aunque haya motivo para ello, es la condescendencia del presidente del Gobierno con los etarras y proetarras de las listas blancas. Según Zapatero, se les podría legalizar y abrirles el camino hacia las urnas sólo con que pronunciaran tres palabras: Condenamos la violencia ¡Anda! eso también lo dicen los peneuvistas radicales y luego resulta que no hacen nada para librar al País Vasco de esa lepra, y además quieren disponer de la tregua o la paz como precio para obtener concesiones políticas innegociables. Mamá, que me toca Roque. Roque, tócame Otra cosa que es más vieja que mi respetada señora vicepresidenta. O sea, la Shirley Temple de Zapatero. Si se pudiera burlar la ley solamente con afirmar que se condena la infracción, menudo chollo para los delincuentes. Condenamos los delitos contra la propiedad y hala, todo el mundo a robar bancos y a desvalijar joyerías. Condenamos la violencia de género y por la noche, hala, azurrarle el perrengue a la parienta. Y así sucesivamente. Qué cosas dicen los políticos. Ibarreche acaba de afirmar que si el Gobierno quiere impedir que se celebre el referéndum ilegal en el País Vasco, tendrá que usar la fuerza. Hombre, claro. Naturaca. ¿Qué sería de la norma jurídica sin la fuerza coercitiva que garantiza su cumplimiento? Los códigos no se llamarían códigos. Al Código Penal le llamaríamos Cachondeo Penal, el Código Mercantil sería el Cachondeo Mercantil, y así. Si este estrafalario Ibarreche se empeña en hacer algo que esté fuera de la ley, hará bien el Gobierno en recurrir a la fuerza. Elemental, querido Watson frase tan vieja como mi admirada vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. Y ahora que lo escribo: ¿De qué me suena a mí ese apellido? E EL RECUADRO ANTONIO BURGOS Este interior vacío, sin el calor de la cofradía, tiene mucho de casa de donde se acaban de llevar para siempre, con los ojos cerrados, a alguien querido. Todo, como en la casa, es el memorial de una ausencia reciente INTERIOR DE CAPILLA SIN COFRADÍA ADIE ha podido ver nunca nacer un río desde las mismas entrañas de la sierra, desde dentro. Si subimos breñas y jarales, contemplaremos todo lo más cómo brota la blancura primera de sus aguas, criatura que apenas nacida ya sabe andar en derechura a la mar. Pero en estos días nos es dado el raro milagro de contemplar el nacimiento de un río desde dentro de la tierra que lo alumbra. Los templos de donde salen cofradías son montañas huecas desde donde puedes ir viendo el nacimiento de ese río. Río de luz de cera, de sombras de capirotes, insignias de terciopelo, varas de plata, canastillas de caoba, palios dorados. Si te pones en un rinconcito de la capilla del barrio puedes ver el nacimiento de ese río, como desde dentro de una sierra hueca. La ciudad está sosegada y en calma. Roma da la hora sexta en La Caridad. Del Aljarafe le llega al barrio un sol torero, un sol de muelle de la Carrera de Indias. De pronto se abren las puertas de la capilla. En el momento exacto, ni más ni menos, esfera del pelucón de Valdés Leal, va saliendo a la vida la Pasión y Muerte. Casi se da de cara con los balcones con geranios y recuerdos de Tarila, de Galerín, de los Contreras, de los viejos almacenes de efectos navales. El Arenal rompió aguas, y, como si fuese la vez primera que ocurriera, la hermandad nace como cofradía en la calle. Tiene algo de parto la salida. Meses de gestación dan este fruto de amor. Esfuerzo en los cuellos, en las cinturas fajadas: ¡Más a tierra esa trasera! Ves zarpar este barco de caoba como un viejo consignatario de coloniales buques de sueños y recuerdos. Ya se obró un año más el milagro de lo imposible en la salida del paso. ¿Lo saca un capataz o el práctico del muelle? La capilla, tramo a tramo, insignia a insignia, se ha ido quedando vacía. Alma sin cuerpo de nazarenos de Cristo. Ya salen los de Virgen. Y como una metáfora de la vida, ya, ¿ya? cuando te das cuenta está en la puerta lo que anuncia el principio del final: el estandarte. Bacalati con toma- N ti, dice Cabriolas en el mostrador de Ventura, junto al azulejo de la Virgen del Mayor Dolor que fríe el tiempo en la pescadería de Isabelita. Y pensando en la brevedad de la vida o de la salida de la cofradía estás, yayayai de saeta de este ya, cuando oyes los tres golpes de llamador. Ya está el palio armonioso, romántico como la cofradía toda, cuadrado con la puerta. Se igualan el silencio de la calle y de la capilla vacía, cuando la voz del capataz resuena por igual en retablos y azoteas: ¡Más a tierra esa trasera! Suenan fuera las palmas y la Marcha Real. Y con la misma exactitud con que se abrieron, in ictu oculi, se cierran las puertas por donde salió la cofradía. Por donde El Arenal la parió, alumbró de cera a la Luz misma. Has visto antes, cerca de aquí, en tu misma casa quizá, este interior de capilla vacía cuando acaba de salir la cofradía. ¿Acaba de salir o se la acaban de llevar? La caoba de la canastilla yéndose tiene mucho de caja mortuoria que se llevan. Las garras de bronce se aferran con los zancos al tiempo que queremos detener. Este interior vacío, sin el calor de la cofradía, tiene mucho de casa de donde se acaban de llevar para siempre, con los ojos cerrados, a alguien querido. Todo, como en la casa, es el memorial de una ausencia reciente. Aquí estuvo el altar de insignias en la gloria de la mañana. Aquí, en estos mármoles, los dos pasos con los mejores recuerdos de tantas familias del barrio. Hace la eternidad de un instante estaba la cofradía aquí, entera, llena de vida y ahora... Suena fuera, lejos, la marcha de palio, con un aire funeral por Toneleros, por la Esquina del Negro, cerradas las puertas de la capilla vacía. Alguien muy querido se le ha ido al barrio: la cofradía. Nunca para siempre. Metáfora de la fe, a la noche vendrá la resurrección, cuando todo en esta capilla ahora vacía vuelva a la vida tras la Pasión y Muerte, con la cofradía que entra, saetas que se nos clavan, yayayai que sangra en la luminosa herida del tiempo. Hasta el año que viene si Tú quieres.