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4 Opinión VIERNES 25 3 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil IGNACIO CAMACHO EUROPA A MEDIDA DEL EJE A Europa de los veinticinco va adquiriendo el perfil y la medida de quienes parecen decididos a imponer su firme voluntad a la hora de adaptar las necesidades continentales a sus intereses nacionales. La cumbre de Bruselas ha sido una buena muestra de ello. El eje francoalemán ha demostrado su capacidad de maniobra y presión: ha logrado consolidar un margen de influencia política sobre la nueva Europa surgida de la ampliación. De hecho, puede afirmarse que ha triunfado un modelo de Europa a la carta que controla sin límites ni contrapesos el tándem franco- alemán. El viejo principio del equilibrio se ha roto a favor de un desequilibrio abultado que favorece los intereses nacionales de Francia y Alemania. Por de pronto, Chirac y Schröder han sido los grandes triunfadores de la cumbre europea más breve de la historia. Como recordaba el primer ministro luxemburgués, Jean Claude Juncker, en tres horas de debate y dos de cena se han conseguido rebajar las pretensiones de la agenda de Lisboa de 2000 y, de paso, se ha reformado el Pacto de Estabilidad, buscando dar una solución a los reiterados incumplimientos franceses y alemanes. El sueño que planteó De Gaulle, cuando dijo que la vieja Comunidad Europea sería la fórmula a través de la que Francia recuperaría el liderazgo sobre el continente después de Waterloo, parecen cobrar así forma definitiva. La sutileza diplomática francesa va haciéndose sentir cada vez más intensamente sobre un continente que no es capaz de encontrar en su seno ningún contrapoder a la lógica geoestratégica de centralidad que, de consuno, ejercen franceses y alemanes. La Europa carolingia se ha impuesto sin réplica a la mediterránea o atlántica, sobre todo después de que España haya aceptado el papel de mera comparsa de un eje franco- alemán que ha L vuelto a olvidarse de la importancia que tiene para nuestro país una solución compensatoria a nuestra previsible exclusión de las perspectivas financieras. Al menos, el visto bueno español a las exigencias del eje franco- alemán debería traducirse en algún tipo de contrapartida. La presión ejercida por Chirac mediante la táctica de poner sobre la mesa los riesgos que, para la viabilidad futura de la Unión, tendría la victoria de los euroescépticos en el referéndum francés sobre el Tratado Constitucional ha dado sus primeros frutos. En este sentido, los defensores galos del no tendrán que reconocer que Bruselas esta vez no ha tratado mal a los intereses franceses. No sólo porque se haya arrojado al sueño de los justos la dinamizadora agenda lisboeta, sino porque se ha obtenido el compromiso de la Unión de que se reformará la directiva de liberalización de servicios que tanto irrita a los sindicatos y a los sectores conservadores de la sociedad francesa, que desean que el Estado de Bienestar permanezca inalterable dentro del diseño funcionarial dibujado en los años setenta. En realidad, aquí radica el principal problema que se desprende de la cumbre: que Europa haya decidido posponer el horizonte de reformas que habían sido trazadas en Lisboa. Sin este horizonte y los objetivos anudados a él, Europa parece decantarse por un aislamiento que ha decidido dar la espalda a un mundo altamente competitivo y dinámico, regido por una estructura global y deslocalizada. Con ser grave que no se aborden en la agenda cuestiones tan vidriosas como los presupuestos o las perspectivas, lo más preocupante del estado actual de cosas es que Europa haya decidido encerrar su futuro dentro de los sólidos muros de un mercado cerrado e inflexible. Malos augurios para una Europa envejecida y sin capacidad de reacción. EURO Y TIPOS DE INTERÉS L Banco Central Europeo mantiene los tipos de interés a niveles mínimos históricos, sin cambios desde mediados del año 2003, porque no aprecia síntomas evidentes de inflación, el crecimiento económico es insuficiente y la política fiscal no añade presiones excesivas de gasto. Además, la fortaleza del euro supone de por sí un endurecimiento autónomo de la política monetaria. Éste es el análisis que hacen en Fráncfort y que comparte la mayoría de los agentes financieros, por lo que el consenso del mercado no espera subidas en los tipos de interés hasta, como pronto, después del verano. Pero ese consenso está empezando a cambiar. En primer lugar, si bien la inflación parece contenida en torno al objetivo del 2 por ciento, también es cierto que hay señales preocupantes sobre el precio del petróleo, que amenazan con mantenerlo en los cincuenta dólares barril durante gran parte del año. A esos niveles, nadie puede esperar que el BCE se mantenga al margen y no adopte medidas para evitar una espiral inflacionista ya conocida. La mayoría de los analistas considera que una subida permanente de diez dólares en el precio del petróleo supone al menos seis décimas de inflación. La relajación del Pacto de Estabilidad decidida esta semana en la Cumbre de Luxemburgo es una invitación a políticas fiscales más expansivas, que de hecho ya se están produciendo, y sólo puede anticipar las inevitables subidas de tipos, como se ha encargado de recordar el BCE al insistir en sus eventuales consecuencias. Si además el ciclo del dólar débil puede estar tocando a su fin, dada la recuperación del crecimiento americano y el tono más agresivo exhibido por la Reserva Federal en su último comunicado, Europa ha de empezar a preparase para un endurecimiento progresivo de la política monetaria. Probablemente no será tan intenso ni tan gradual con el impulsado por Greenspan, que ha subido un cuarto de punto los tipos de interés por séptima vez consecutiva desde junio del año pasado hasta situar el tipo de intervención en el 2,75 por ciento. Pero tipos del 2 por ciento, inalterados desde que la economía europea estaba en recesión, parecen ya hoy incompatibles con una cierta recuperación del crecimiento que, aunque modesta, puede estar incluso cercana al potencial. Más aún cuando las esperanzas de una apuesta europea por la competitividad y la productividad han caído ante el empuje irresistible de las presiones electorales en los dos países centrales. Harían bien los hipotecados españoles en considerar la posibilidad de que la subida de tipos se produzca antes de lo esperado. Sobre todo si desde Bruselas siguen llegando señales difíciles de compatibilizar con la necesaria ortodoxia económica. E INJURIAS IMPUNES L A sentencia absolutoria de Arnaldo Otegi por el delito de injurias al Rey es respetable pero incomprensible. El Tribunal Superior de Justicia vasco ha absuelto al dirigente proetarra pese a que calificó a Don Juan Carlos como responsable de los torturadores y le acusó de imponer su régimen monárquico a nuestro pueblo mediante la tortura y la violencia No es suficiente que a los jueces que han dictado la absolución tales afirmaciones les parezcan ofensivas, impropias, injustas, oprobiosas y ajenas a la realidad Si esto es lo que les parece la intervención de Otegi, éste debió ser condenado, más aún porque sus palabras no estaban cubiertas por la inviolabilidad parlamentaria, privilegio que salvó de la condena a otro proetarra, Jon Salaberría, diputado batasuno que en la Cámara vasca legitimó el terrorismo de ETA. Lo más grave es que el fundamento de la absolución es que las expresiones injuriosas se realizaron en un ámbito de carácter público Evidente- mente, porque lo que quería Otegi era darles la máxima difusión y, por eso, las formuló en rueda de prensa. Su propósito era que el mayor número de ciudadanos escucharan sus insultos al Rey. Sin embargo, lo público ha resultado servir tanto para agravar los efectos de la injuria como para excusar a su autor. También se refieren los jueces a la libertad de expresión ¿Y qué? Toda libertad tiene límites y en el contexto de una agresión terrorista continua al Estado, más estrictos si cabe. Bien está que esa libertad ampare el debate parlamentario, las descalificaciones recíprocas entre políticos o la opinión periodística, en general. Pero hasta ahora era razonable pensar que la libertad de expresión no tenía espacio para el insulto directo a la persona del Rey. Además, seamos coherentes: si la no condena del terrorismo está siendo utilizada como un indicio judicial de vinculación a ETA, no tiene sentido disculpar injurias de este calibre contra el Rey.