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ABC VIERNES 25 3 2005 La Tercera ESTE VIERNES NO TIENE TARDE E l descanso de Dios no tiene tarde diría San Agustín refiriéndose a la permanente vigilancia de Dios por el honor y cuidado de sus hijos. Bach, en el coro final de la pasión según San Mateo, quiere que las lágrimas acompañen el reposo de tan querido Señor, y que el sepulcro sea cojín para el descanso y para el alma asilo La tarde del Viernes Santo ha de vivirse en el mismo corazón de Cristo y metidos por la herida de su costado, pues solamente en el silencio de tan santo refugio se pueden llegar a vislumbrar las anchuras de un misterio tan inconmensurable e imposible de comprender. No por lo oculto sino por lo inabarcable. En Cristo crucificado, la dificultad en el reconocer la Verdad, no viene del ocultamiento del rostro de lo divino tras las heridas y debilidades de su cuerpo, sino de la sordera del hombre a sus palabras, pues la fe llega por el oído y se vive en la aceptación. Sin oír y acatar la voz del que es la Palabra, nada es posible en un espacio donde la fe es la razón última de todo. Andan preocupados sociólogos y educadores buscando raíces y motivaciones que expliquen la presencia generalizada de uno de los peores males de nuestro tiempo: la desgana indiferente. Nada interesa nada. Y no hay que molestarse en hacer una escala de valores, simplemente porque no se está dispuesto a subir por ella. Por este camino del vivir sin vida es un tanto pretencioso pensar en un descanso para un trabajo sin hacer. Como el corazón del hombre es saco sin fondo de aspiraciones y deseos, el vacío se hace más grande cuando se pretende llenarlo de un grano para el que no está fabricada esta saca. Nos hiciste para ti, Señor, y nuestro corazón camina aturdido hasta que te encuentre También es éste un pensamiento agustiniano. Por una parte, hay santos deseos de saciar, pero se sigue, con no poca frecuencia, un camino equivocado, pensando que una sed de aguas tan limpias y abundantes, de los valores más genuinos y grandes, va a calmarse con las copas vacías del secularismo, arrancando raíces y haciendo podas de ramas que pueden dar buenos y necesarios frutos. No se puede, por ejemplo, renunciar a una cultura asentada en lo cristiano. Muy doloroso puede ser el morir de sed, pero mucho más teniendo los manantiales del agua salvadora tan cerca. Sincero y lícito es el empeño de buscar y satisfacer las ansias del verdadero conocimiento y de la autorealización como persona con inteligencia y razón, pero la dirección marcada desde una férrea ideología que excluye en principio a cualquier propuesta de lo trascendente, resta la libertad de ser uno mismo para convertirse en un remedo de lo que se pretendía ser. Más que buscar el ser uno mismo, se impone un modelo prefabricado conforme a los intereses del grupo dominante. Empecinado en ver y palpar con una evidencia casi física, el hombre queda atrapado por un sensitivismo que hace murallas a Como hondo es el vacío que el desamor del pecado ha dejado en el hombre, trata de llenarse con afectos desmedidos, en los que no se mide el grado moral de la conducta, sino el gusto que proporciona. Y se abre una cascada de despropósitos, pues el egoísmo ha vencido definitivamente a la ética la misma ciencia. Son conocidas las palabras de Ramón y Cajal: al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia Y aunque el sabio investigador se refería a los fundados conocimientos positivos, bien podríamos ampliar el concepto de ciencia, y no excluir en su campo de trabajo hipótesis alguna, pues buena e imprescindible cualidad del auténtico científico es la de no apagar cualquier luz, también la del conocimiento teológico, que pueda acercar a la Verdad. Juez severo acaba siendo una sociedad en la que sólo se aplaude lo que gusta y apetece. Si no le das la razón, te margina y excluye. Si le hablas necio para darle gusto cometes injusticia. La claudicación y el prevaricar secuestran la noble tarea del obrar con auténti- ca libertad. La justicia y el derecho no se conceden y otorgan, simplemente se reconocen en quiénes son sujetos de estos títulos. Ni la justicia se puede regatear ante las presiones sociales, ni el derecho es posible sin el apoyo de la verdad. Si por el agradar o el molestar se hace dejación de la conciencia, mal camino es para alcanzar el consuelo de la rectitud. Como hondo es el vacío que el desamor del pecado ha dejado en el hombre, trata de llenarse con afectos desmedidos, en los que no se mide el grado moral de la conducta, sino el gusto que proporciona. Y se abre una cascada de despropósitos, pues el egoísmo ha vencido definitivamente a la ética. Es criterio de madurez, el saber estar y conducirse en un medio hostil, y buscar la salida a la libertad deseada, no por la puerta falsa de las componendas, sino con razones para una mayor garantía de la propia realización. A la Iglesia, a la comunidad de los que aceptan y siguen a Jesucristo, le ocurre un tanto de lo mismo. Ante la dificultad, la solución no es la huida, sino el ofrecimiento claro de un testimonio consecuente con la fe que se profesa. Esta manera de actuar no ha podido aprenderse sino en la escuela del Señor crucificado del Viernes Santo. Ni victimalismos pretenciosos, ni sentimiento de inferioridad e inoperancia, pues, más que lecciones de humildad, lo serían de arrogancia y apocamiento. ¡Que Dios me libre de presumir de nada, dice San Pablo, si no es en la cruz de Cristo! Si piensas en cristiano, no pretendas estar a una altura más elevada que la de la cruz de tu Señor. Y, por otra parte, por muchos y malos que sean los vientos para la navegación, el buen timonel que es Jesús, nunca se bajará de la barca. ¡Qué buenas razones son las que nos ofrece el Papa para vivir en nuestros días en fidelidad al Señor del Viernes Santo! Habrá que asumir como propios los grandes desafíos de la humanidad: la vida, el pan, la paz y la libertad. Que es tanto como la valoración y tutela de cuanto se refiera a la persona y a la familia, como irreemplazables cimientos de la felicidad y el bienestar social. Si se ha de tener el pan en la mesa de todos los pueblos, habrá que responder a un serio compromiso por la justicia, la solidaridad y la caridad fraterna. La paz condiciona la consecución de esos bienes. Y la libertad es luz que permite elegir responsablemente caminos y metas a conseguir. Y la libertad religiosa, que está en lo más esencial del hombre y de su relación con Dios. Muchos son los silencios de racionalismo y capricho los que hay que hacer en la tarde del Viernes Santo, si es que se quiere tener ese descanso que proporciona la Verdad. Como el descanso de Dios no tiene tarde en la del Viernes Santo su trabajo ha sido el de llevarnos a la hendidura de su pecho y hacer allí cátedra de unas lecciones inolvidables. CARLOS AMIGO VALLEJO Cardenal Arzobispo de Sevilla