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ABC JUEVES 24 3 2005 45 Sociedad El Papa, algo mejor pero aún débil y dolorido, se asoma a la ventana y bendice en silencio a los fieles El Vaticano vive entre rumores que apuntan al relevo del número dos, el cardenal Sodano durante 50 segundos, pero su presencia cambió el clima de la plaza de San Pedro y tranquilizó a millones de personas en todo el mundo JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. Juan Pablo II logró mantener ayer su nueva costumbre de bendecir en silencio los miércoles, que sustituye a la audiencia general, asomándose durante 50 segundos a su ventana para saludar a un millar de peregrinos. Estaba algo mejor que el pasado domingo, pero todavía muy débil y dolorido. La breve comparecencia sirvió para experimentar nuevos formatos de comunicación televisiva con los fieles y para tranquilizar a parte de la Curia, que empieza a dar muestras de nerviosismo. Un rumor sin confirmar apuntaba al relevo del cardenal Angelo Sodano, el número dos del Vaticano. Puede tratarse de una maniobra contra el secretario de Estado pero también a su favor, si lo que pretende es una confirmación de que seguirá en el cargo. Aunque continúa demacrado, el Santo Padre mostraba ayer su color normal, en lugar de la palidez del domingo, y un aspecto más sereno que a veces permitía atisbar una breve sonrisa entre gestos de dolor y de emoción ante el cariño de los fieles, a los que bendijo varias veces en la breve comparecencia. Su mano izquierda sigue muy hinchada, y el enorme moretón que comenzó en los nudillos hace unos diez días, ha avanzado hacia los dedos, extendiéndose por el meñique y anular ya hasta las uñas. Su mano derecha llevaba esta vez una venda mucho más grande que la del domingo, destinada a proteger la entrada del gotero intravenoso utilizado para suministrar medicinas y complementos de alimentación. Según diversas fuentes, la dificultad de Juan Pablo II para deglutir ha llevado a una situación de anemia, complicada por una reacción al sumib Juan Pablo II se asomó sólo El cardenal Sodano, junto al Papa hace algunas semanas en el hospital Gemelli a realizar la traqueotomía el 24 de febrero. Aun así, Juan Pablo II pasa parte del día en el sillón, alternando momentos de mucha incomodidad con otros de alivio, en los que son posibles comparecencias brevísimas como la de ayer, que constituyo para el Vaticano otro nuevo experimento en el modo de transmitir su imagen. A diferencia de los dos miércoles anteriores, en que no hubo preaviso, esta vez se encendieron con mucho adelanto las grandes pantallas de vídeo de la Plaza de San Pedro que, a partir de las 10.40, difundían un texto escrito: El Santo Padre se asomara a la ventana de su estudio a las 11 para bendecir a los fieles Por algún motivo, la comparecencia se retrasó, pero el Papa lograba asomarse a la ventana a las once y cuarto, en medio de un gran aplauso. Su presencia duro sólo 50 segundos, pero cambió por completo el clima entre los fieles de la Plaza de San Pedro y tranquilizó a millones de personas en todo el mundo. AP El cardenal Ruini llevará la cruz en nombre del Papa El cardenal Camilo Ruini, vicario del Papa para la diócesis de Roma, será el encargado de llevar la cruz en la primera y última estación del Vía Crucis de Viernes Santo en el Coliseo de Roma en nombre de Juan Pablo II. Según informaron fuentes vaticanas, el cardenal Ruini, que es también el presidente de la Conferencia Episcopal italiana, sustituirá al Pontífice en ese rito tan querido por él, que este año no podrá presidir por primera vez en 26 años debido a su delicado estado de salud. Junto a Ruini, llevarán la cruz en el resto de las estaciones dos franciscanos de la Custodia de Tierra Santa. Bendición de Juan Pablo II desde la ventana de su apartamento AP nistro de hierro. Han aparecido también dificultades para hablar. Aunque la alarma del pasado lunes y martes desapareció en cuanto el doctor Rodolfo Proietti manifestó que no estaba preparando un regreso al Gemelli, el Papa sigue sufriendo altibajos notorios. En los últimos días, algunos problemas secundarios han añadido dolores intensos al cuadro de Parkinson y crisis respiratoria que obligaron