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22 JUEVES 24 3 2005 ABC Internacional La UE intentará por segunda vez no volver a perder el tren de la modernización Francia y Alemania logran imponer sus tesis para suavizar la presión antieuropeísta en sus países b Una cumbre expeditiva para ratificar los acuerdos ya alcanzados en materia de relajación de Pacto de Estabilidad y revisión de la polémica directiva de servicios ENRIQUE SERBETO. CORRESPONSAL BRUSELAS. En marzo de 2000, la Unión Europea se propuso relanzar su sistema socioeconómico y hacer de sus entonces 15 países miembros el espacio más dinámico y competitivo del mundo Cinco años después, los ahora 25 se han vuelto a reunir para intentar darse una segunda oportunidad, lo que constituye la constatación más evidente de que aquellos propósitos se los ha llevado el viento. Lamentablemente las condiciones para que esta vez los planes de modernización puedan ir en serio no parecen ser mejores. Esta ha sido la cumbre más corta de la historia y ni el incombustible primer ministro luxemburguñés Jean Claude Juncker recordaba una tan breve como la que terminó ayer con sólo tres horas de debate y dos horas de cena para ponerse de acuerdo en la estrategia con la que pretenden igualarse económicamente con Estados Unidos, resolver los problemas demográficos que hipotecan el futuro de Europa y enfocar la liberalización del mercado de servicios. Los elogios a Juncker porque ha sabido manejar las áridas discusiones dejan la esperanza de que tal vez sea capaz de poner- los de acuerdo antes del verano sobre el próximo paquete el de las perspectivas financieras. los próximos presupuestos comunitarios, pero como ha pasado en esta ocasión, nada garantiza que el acuerdo no se acabe haciendo a medida de unos pocos. De hecho, para la crónica política, el resultado más evidente ha sido que el presidente francés Jacques Chirac se ha salido con la suya en todas sus exigencias: ha logrado la reforma del pacto de estabilidad a la medida de sus incumplimientos y ha hecho firmar a los otros 24 el compromiso de que reformarán la directiva de liberalización de servicios con la amenaza de que de otro modo los electores franceses podrían seguir deslizándose hacia las trincheras del no a la Constiución Europea. El referéndum francés Aunque Chirac dijo que ni contemplo la posibilidad de perder el referéndum sobre la ratificación del tratado constitucional, lo cierto es que todos los demás países sí que han tenido muy en cuenta las catastróficas consecuencias que tendría y han preferido no llevar muy lejos sus exigencias, para evitar que se inflamen los sentimientos euroescépticos en la campaña electoral gala. Pero eso no quiere decir que hayan abandonado sus posiciones. La mayoría de los nuevos países miembros, que lo único que conocen es un periodo de efervescencia económica liberal después de los años de pe- Schröder y Chirac bromean en un receso de la cumbre nurias y oscuridad bajo las dictaduras comunistas, ahora no quieren volver a las recetas de control y ayudas estatales a las que muchos países, especialmente Francia y Alemania, se han hecho adictos. Frente a ello, en su resumen de la cumbre, el presidente Chirac mencionó no menos de 30 veces la necesidad de preservar el modelo social europeo y cuando le preguntaron si no sería esa obsesión la causa de la falta de vigor en el crecimiento económico europeo, respondió echándole la culpa al rigor presupuestario. Para algunos, lo que han hecho los líderes europeos no ha sido más que debilitar el concepto de equilibrio en las cuentas públicas, retrasar la liberalización de los servicios, el sector más dinámico de todas las economías nacionales, y recortar las metas de competitividad de la agenda de Lisboa. Aprobada la revisión a la baja de la Agenda de Lisboa dados los escasos logros alcanzados M. NÚÑEZ. ENVIADA ESPECIAL BRUSELAS. Uno de los acuerdos que alcanzaron ayer los líderes de la Unión Europea fue la revisión intermedia de la Agenda de Lisboa a la luz de los escasos logros alcanzados hasta el momento. El objetivo principal de esta agenda, aprobada en la Cumbre de Primavera de 2000 en la ciudad que le dió nombre al proyecto, era crecer más que Estados Unidos para lo que se iban a poner en marcha reformas económicas y estructurales en este sentido y lograr ser la economía más competitiva del mundo en el año 2010. La realidad, cinco años después, es que la Unión Europea, por ejemplo en materia de empleo, se encuentra cuatro puntos por debajo del objetivo marcado como tasa de empleo para 2005 y a más de siete para el objetivo marcado para 2010 siendo sólo cuatro de los 25 países los que alcanzan dicho objetivo, según datos de la propia Comisión. Ante esta situación, el Consejo europeo decidió ayer hacer versiones nacionales de la Agenda de Lisboa, en lo que viene a ser una interpretación local de un compendio de buenas intenciones y de escasos resultados que era la Agenda original. En el caso de España el presidente del Gobierno anunció ayer que el actual director de la oficina económica de la Presidencia del Gobierno, Miguel Sebastián, será quién se encargue de la coordinación y de conseguir los que se logren los objetivos. España dedicará especial ímpetu a la inversión en I+ D +i. Los sindicatos cantan victoria Frente a la reacción eufórica de la Confederación Europea de sindicatos que daba ayer por muerta la directiva de servicios, la asociación de las cámaras de comercio emitió un dictamen demoledor sobre la reunión de Bruselas: a pesar de la crisis económica rampante que afecta a Europa, esta cumbre de primavera queda reducida a una nueva oportunidad perdida y a una serie suplementaria de promesas inconstantes y de malos compromisos