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ABC MIÉRCOLES 23 3 2005 Cultura 55 Filadelfia, ombligo del universo daliniano La exposición vendió más de 70.000 entradas antes de abrir sus puertas b La retrospectiva de Dalí en Filadelfia, además de inspirar toda clase de geniales negocios, se convierte en cita obligada dentro de la agenda cultural de Estados Unidos PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL FILADELFIA. Aunque Dalí consideraba a la estación de ferrocarril de Perpiñán como el ombligo del universo y el lugar donde se le ocurrían las ideas más geniales de su genial vida, estos días el epicentro del surrealista universo daliniano hay que buscarlo en la enciclopédica retrospectiva que exhibe el Museo de Arte de Filadelfia. Se trata de una muestra que, siguiendo el superlativo ejemplo de auto- promoción sin reparos acuñado por el pintor catalán, se ha convertido en una de las citas obligadas en la agenda cultural de Estados Unidos. País donde a la postre Salvador Dalí se convirtió en Salvador Dalí, ejerciendo como pionero del Pop Art con ayuda de Hollywood. El centro de Filadelfia- -la histórica ciudad estadounidense situada entre Nueva York y Washington- -se presenta a los visitantes decorado para la ocasión con centenares de copias del retrato de Dalí que realizó en 1942 el legendario fotógrafo Philippe Halsman. Los ojos desorbitados del artista y sus bigotes tan estilizados como enhiestos sirven como icono callejero para esta exhibición antológica que reúne más de doscientos dibujos, cuadros y esculturas. La imagen recuerda cómo Salvador Dalí fue uno de los grandes artistas del siglo XX con la habilidad de convertir su rostro, vida y obra en objeto de cotizado márketing. CLÁSICA Temporada OCNE Obras de Schoenberg, Webern, Berg y Bach. Int. S. Teslia, violín. R. Rosique, soprano. L. Casariego, mezzos. A. Prunell- Friend, tenor. J. A. López, bajo. Coro Comunidad de Madrid. ONE. Dir. I. Volkov Obras de Mahler y R. Strauss. Int. S. Keenlyside. Joven Orq. Gustav Mahler. Dir. F. WelserMöst. Auditorio Nacional. Madrid. 18- 03- 05 DIMENSIONES ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Un famoso retrato de Dalí, en las escaleras del Museo de Filadelfia AP Colas interminables Antes de que la muestra, procedente del Palazzo Grassi de Venecia, abriera sus puestas en Filadelfia el pasado 16 de febrero, 70.000 entradas ya habían sido vendidas por teléfono e Internet. A pesar de un precio medio de veinte dólares por adulto (unos quince euros al cambio) a primer hora de la mañana de este domingo la taquilla del museo ya tenía colgado el cartel de no hay entradas Y en el interior, colas interminables pese a que los pases están organizados por bloques horarios. Aunque los paneles explicativos de la muestra fallan a veces a la hora de poner en contexto a Salvador Dalí, no cabe duda de que la industria turística de Filadelfia ha tenido claro cómo rentabilizar una megaexposición de este tipo. Los grandes hoteles de la ciudad ofrecen paquetes especiales con entradas VIP very important person que permiten entrar a la muestra de Dalí de manera expeditiva y sin restricciones de hora. Todo este alarde de comercialización también queda demostrado en la tienda ad hoc organizada por el Museo de Arte de Filadelfia y donde es posible adquirir toda clase de artefactos, publicaciones y reproducciones. Desde el sofá inspirado por los carnosos Teléfono langosta una de las obras surrealistas más célebres de Dalí El chef ejecutivo del museo ha organizado cenas de degustación con cuatro platos, más aperitivos y cava Los grandes hoteles de la ciudad ofrecen paquetes especiales con entradas VIP para visitar la muestra labios de Mae West hasta un surrealista teléfono que tiene una langosta por auricular. Los lujosos catálogos de seiscientas páginas se venden como si fueran periódicos del día. Y para los presupuestos más pequeños, o gustos más dudosos, siempre cabe la posibilidad de comprarse unos bigotes de plástico o un llavero con forma de reloj blando. Pero el montaje de Filadelfia no termina con estas evidentes tentaciones consumistas, en las que también se puede caer a través de Internet. Tras abrir el apetito contemplando la obra de Dalí, se venden exóticos bocadillos de chorizo o queso manchego además de sangría con vino tinto o blanco. Oferta comestible nada habitual en las cafeterías de los museos e instituciones culturales de Estados Unidos. El alarde culinario inspirado por el genio de Salvador Dalí no se agota tampoco en estas menudencias. Tracey Hopkins, chef ejecutivo del Museo de Arte de Filadelfia, ha organizado una serie de cenas de degustación con cuatro platos, más aperitivos y cava. Estas citas gastronómicas interactivas y glosadas, mucho más agradables que las enlatadas sopas de Andy Warhol, están al alcance de todo el que quiera pagar 127 euros. a frase es de Richard Strauss: lo sublime ha de ser siempre grande, lo bello pequeño Viernes tarde noche. Doble cita musical. De un lado el esfuerzo mastodóntico de la Sinfonía alpina a cargo de 140 instrumentistas de la Joven Orquesta Gustav Mahler, salpimentada de españoles y llena de entusiasmo. El dato no es anecdótico. Acaba de saberse que también se incorporarán otros 17 músicos de nuestro país a la Joven Orquesta de la Comunidad Europea. Será que algo funciona, para descrédito de los agoreros. En el otro extremo musical ha estado la Orquesta Nacional de España ofreciendo un programa de sutileza caligráfica con Bach iluminando la obra de Schönberg, Webern y Berg. Aquí la juventud venía de la mano del director Ilan Volkov, 29 años, un portento de sensatez musical y aguante. Seguro que es capaz de dar más de lo que ofreció. Pero el medio impone. Dentro y fuera del escenario. Controló y ordenó coherentemente el discurso (es de rigor exigir siempre un poco más) situándolo a la altura del sonido armado, bellamente timbrado y recogido del violinista Serguei Teslia, solista en el concierto de Alban Berg. Mientras, todo se adornaba con los nerviosos espasmos respiratorios de los amantes de ésta y de la música de Webern. La acústica, empeñada en estudiar una materia dada a misteriosos comportamientos, ha demostrado que un pañuelo en la boca en el momento de toser rebaja considerablemente el nivel de decibelios. Sólo hay que tener la voluntad de usarlo y cierto amor por el oído del prójimo. Al menos con Bach llegó la calma. Su cantata 78 pivotó entre el tirón del concertino Massimo Spadano, el anhelo estilístico de la orquesta, la grave tersura del Coro de la Comunidad y el notable dúo de Ruth Rosique y Lola Casariego. Todo eso antes de que, en la inmediata sesión, los jóvenes de la Gustav Mahler se iniciaran con un grupo de lieder del propio Mahler, no siempre bien situados en la hermosa y contenida voz del barítono Simon Keenlyside. Pero la Alpina borró desequilibrios en su claro ascenso. Alguna belleza desprendida se había recogido en el concierto de la ONE. En este otro casi se llega a lo sublime gracias a la grandeza straussiana de una orquesta semejante. L