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ABC MARTES 22 3 2005 Nacional CRISIS DEL CARMELO LA DEMOLICIÓN DE LOS EDIFICIOS AFECTADOS 13 Comienza el laborioso derribo. Los técnicos aseguran que ninguna otra finca irá al suelo; los vecinos recelan al saberse que los pisos están peor de lo esperado La deconstrucción del barrio TEXTO: ÀLEX GUBERN A media mañana comenzó el derribo de las viviendas afectadas ELENA CARRERAS Un operario, durante los trabajos EFE Con el criterio de la UE, la empresa del fundador de CDC no habría ganado un concurso en Blanes La experiencia de las empresas en la administración era un baremo demasiado importante sot, ayer a las 9.55 horas de la mañana entró en el edificio de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, Antonio Giménez Segura, arquitecto técnico de Adigsa. El técnico acudió, según explicó a este diario una portavoz del departamento de Medio Ambiente de la Generalitat, a petición de la Fiscalía y prestó declaración largo tiempo. Como ocurrió el pasado viernes, fuera del horario de registro de entrada abierto al público, en torno a las 14.20 horas, llegó en coche oficial a la Fiscalía un ordenanza que entregó un segundo dosier, esta vez con información complementaria que, según la misma fuente, fue imposible pasar ante notario y hacer llegar con la primera entrega. Se trata de documentos acerca de las obras por las que el empresario Juan Antonio Salguero acusa a Adigsa de haber exigido comisiones, además de información sobre José María Penín, el presunto intermediario que operaba en las comisiones del tres por ciento así como sobre la misma Adigsa, para conocer exactamente el organigrama interno actual y el de años anteriores. En el caso de Antonio Giménez Segura, si bien entró por la puerta que da a acceso a las dependencias donde se toma declaración, salió de incógnito a hora desconocida, mientras que el segundo trabajador no permaneció más de veinte minutos en el despacho donde se le atendió y acto seguido salió por la misma puerta, aunque negándose en rotundo a hacer declaraciones, siquiera a confirmar que había acudido por la petición de la Fiscalía en referencia a Adigsa. BARCELONA. Algo así como un gigantesco juego de palillos, donde las piezas hay que retirarlas evitando que el resto se mueva. De esta forma, tocho a tocho, casi con pinzas, comenzó ayer en el Carmelo el derribo de las tres viviendas que tras el hundimiento del túnel del Metro resultaron tan dañadas que su rehabilitación se consideró inviable. Es un paso más hacia la recuperación de la normalidad en un barrio que vive prácticamente en estado de sitio desde que hace ahora casi dos meses la geología impusiera su ley y se llevara por delante las obras del Metro, dos fincas y, por elevación, la serenidad del panorama político catalán. Cuando a media mañana la brigada de operarios comenzó la deconstrucción de las tres viviendas- -contiguas al lugar del hundimiento- -apenas una decena de afectados presenciaba los trabajos a pie de calle, y lo cierto es que los ánimos estaban algo encendidos. Unos se quejaban de que nadie les advirtió de que los trabajos comenzaban ayer, otros, de que a fecha de hoy, y pese a que hay un acuerdo básico, el documento en el que se recogen las indemnizaciones para quienes pierden su piso todavía no está rubricado. Más lejos parece el acuerdo entre la administración y el resto de afectados, que pese a no perder su vivienda, también exigen indemnizaciones por daños morales. Hasta que no haya acuerdo, el regreso a los pisos se mantiene bloqueado. Esta tarde, de nuevo, habrá otra reunión entre los abogados de los vecinos y la Generalitat. los, se preguntaba cómo explicar a mis alumnos la historia de estos dos meses en el Carmelo. No es fácil. Ajenos al disgusto de los vecinos, los técnicos seguían ayer con su trabajo; el arquitecto responsable, Carles Buixadé, insistía en que las tres casas que ahora se derribarán serán las últimas, y que en medio año, cuando todos los trabajos de reparación hayan concluido, el Carmelo habrá recuperado totalmente la normalidad. Tampoco será fácil. Mayor complejidad Problemas en los despachos, y también problemas en las obras. Ayer, por ejemplo, se conoció que debido a que las tres fincas sentenciadas están en peor estado del que se creía, los trabajos pueden durar más que las cuatro semanas previstas, algo que el resto de afectados ve con recelo. El proceso es laborioso, casi manual, con objeto de que las fincas adyacentes- -apuntaladas por orden judicial ante el plante de los vecinos- -no sufran daños. Así, hoy está previsto que una grúa eleve y deje suspendido un contenedor que, a la altura de la última planta, servirá para retirar los cascotes y evitar que su caída no arrastre otros elementos. Alguno de los vecinos comentaba tras el cordón policial que si en el túnel del Metro se hubiese invertido un mínimo porcentaje- -bastaba con el 3 por ciento- -del cuidado con el que se trabaja ahora se habrían evitado muchos problemas. Más allá, Pilar Pérez, maestra de profesión, y vecina de uno de los edificios que se han salvado por los pe-