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50 LUNES 21 3 2005 ABC Toros FERIA DE FALLAS Glorioso Encabo con un vivo victorino Plaza de toros de Valencia. Domingo, 20 de marzo de 2005. Última corrida. Prácticamente lleno. Toros de Victorino Martín, de diferente presencia, mas con trapío y fibrosos, a excepción del 6 desiguales y con movilidad en la muleta, destacó el encastado y descolgado 2 premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Luis Francisco Esplá, de azul marino y oro. Dos pinchazos y estocada atravesada (silencio) En el cuarto, estocada atravesada y descabello (silencio) Luis Miguel Encabo, de blanco y plata. Metisaca y estocada (oreja) En el quinto, estocada trasera y tres descabellos (petición y vuelta) Antonio Ferrera, de grana y oro. Dos pinchazos y estocada (saludos en los medios) En el sexto, tres pinchazos y bajonazo (fuerte ovación) ZABALA DE LA SERNA VALENCIA. Luis Miguel Encabo, con su cara de niño bueno, es un torerazo de pies a cabeza. Ayer lo demostró con un victorino vivo como su dueño, que metió en el bolsillo a la plaza entera, al gentío que obvió las seis o siete veces que escarbó, entre ellas una antes del segundo de los dos puyazos que tomó sin celo y pereza, con deseos de fuga. De hecho quedó entero, casi sin sangrar. De ahí el trepidante ritmo que impuso en el tercio de muerte, la velocidad a la que repitió con el hocico por el suelo, cómo reponía en la muleta de Encabo, que siempre ligaba presto, dispuesto, con la figura plantada y la mano adelantada y muy baja. El público se encantó con la vivacidad del encastado toro, olvidando el juego en el caballo o la de veces que hoyó la arena, a la hora de solicitar la vuelta al ruedo en el arrastre. Y, sin embargo, lo que es la vida, la faena más intensa de toda la feria se quedó sin puerta grande. Encabo lanceó con primor a la verónica en el saludo, especialmente por el izquierdo; entró en lid de quites con Ferrera, lo bordó por delantales y se apretó por chicuelinas; ofreció espectáculo con los Pletórico derechazo de Luis Miguel Encabo con el victorino de la injusta vuelta al ruedo en el arrastre palos junto a sus compañeros; toreó con autenticidad y muy largo por los palos fundamentales de derechazos y naturales; pero es que además improvisó con torería multitud de adornos, un prólogo de calada belleza para un libro de poemas de Brines, una trincherilla, un farol, el de la firma. Todo gallardo, salvo que en la suerte suprema o hubo un metisaca involuntario o el acero pegó en un palo y resbaló, y el personal, que intuyó lo primero- -yo también, lo confieso- se guardó los pañuelos tras la estocada definitiva y la concesión de la oreja. Un trofeo que vale el doble de todos los individuales que se han otorgado. Casi lo completa con el quinto, cinqueño como otros cuatro victorinos, serio y degollado, al que también recibió con una larga cambiada. Le cogió el aire en redondos que esperaban el tiempo necesario para que metiese la cara al paso y guiarlo luego con gusto. Como había experimentado anteriormente que por el pitón izquierdo todavía andaba más y se desplazaba menos, no volvió al toreo al natural. El descabello redujo el premio a una vuelta al ruedo. Pero Valencia, como diría Juncal, tomó nota de Encabo, de su forma de torear y de su manera de estar (constantemente pendiente de la lidia, en el son de Esplá) Hecho un tío anduvo Antonio Ferrera con un pavo, el más cuajado y armado de la desigual e íntegra corrida, que ROBERTO SOLSONA se las traía desde el capote, con las manos por delante y los pitones por arriba. No se arredró nunca el extremeño, recuperado de viejos baches, y se arrimó y le buscó el fondo en una emotiva faena sin tregua que se truncó por la espada. El sexto fue un gato, también hay que decirlo, que no humilló y flojeó más de la cuenta. Ferrera batalló de nuevo sin volver nunca la cara. Esplá sorteó el peor lote. Uno manso y distraído que se quedaba por debajo con guasa y otro mirón y gazapón que jamás rompió hacia adelante. Como pasa siempre con Victorino, la gente no se aburrió un segundo, aunque lo regular se vio mejor de lo que fue y lo bueno, superlativo. Salvador Cortés cuaja una buena faena y abre la puerta grande en Alicante BLAS DE PEÑAS ALICANTE. Salvador Cortés fue el triunfador de la novillada inaugural de la temporada en la plaza de toros de Alicante. Le cortó las dos orejas a su segundo enemigo de La Guadamilla, el mejor de la tarde, al que entendió perfectamente. Al natural cuajó tres series que fueron de menos a más, como también fueron de menos a más dos tandas con la derecha, cuidando al novillo para aprovechar bien las embestidas. Mató de estocada hasta la cruceta, perdiendo la muleta en el encuentro, y se le pidieron con fuerza las dos orejas, que paseó por el anillo. En su primero, que no humilló nunca, estuvo aseado pero sin llegar a los tendidos. Mató de estocada contraria y ladeada y fue ovacionado. Ambel Posada se encontró con el peor lote de la tarde. Evidenció oficio y buenas maneras, pero no pudo hacer faena porque el novillo estuvo siempre a la defensiva. Mató de estocada defectuosa y dio la vuelta al ruedo. El mismo premio consiguió con su segundo novillo, que se rajó pronto. El debutante Eugenio Pérez no tuvo suerte con su primer novillo, el peor del conjunto. Paseó el anillo tras una templada faena. En su segundo realizó una faena con mucho mérito, en la que conectó pronto con los tendidos con dos series al natural de mucha calidad. Su toreo con la derecha fue lo mejor de la tarde, así como los adornos con los que cerró la faena. Oreja y fuerte petición de la segunda. La plaza registró casi media entrada. Cortés sale a hombros en la inauguración de la temporada alicantina ANTONIO VIGUERAS