Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 21 3 2005 Espectáculos 49 CLÁSICA Los siglos de Oro Obras de Corselli, Conforto y Boccherini. Int. Europa Galante. Violín y dirección: Fabio Biondi. Lugar: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid. Fecha: 15- 03- 05 DE EXÁMENES ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE H Una escena de Roberto Zucco montaje de Lluís Pasqual en el María Guerrero TEATRO Roberto Zucco Autor: B. -M. Koltès. Dir. L. Pasqual. Escenografía y vestuario: F. Amat. Ilum. W. Zoubek. Vídeo: Á. Luna. Int. I. Hermes, A. Folch, C. Machi, P. Freytez, A. Medina, M. Sampietro, M. Asquerino, C. Bermejo, T. Lozano y W. Vidarte, entre otros. Lugar: T. María Guerrero. Madrid. EL LASTRE DE ÍCARO JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN omo un cometa fulgurante pasó por el teatro Bernard- Marie Koltès (1948- 1989) acunando sobre los escenarios su rara poética de reinvención del mito, su propuesta de renovación del lenguaje dramático en un acto de voluntad transgresora realizado desde el respeto a las normas clásicas. Sus argumentos se desarrollan con frecuencia en paisajes urbanos desolados, de tránsito, como paréntesis inhóspitos en la selva de las ciudades, atravesados por unos personajes ajenos a las convenciones morales. Roberto Zucco nació de la fascinación de Koltès por un asesino cuyo hermoso rostro se reproducía en unos pasquines que vio en el metro, un tipo que había matado, entre otras personas, a su padre y a su madre, y que había logrado escapar de su celda en dos ocasiones. El autor recabó información sobre Zucco y se sintió, más que identificado, poseído por el personaje. La periodista francesa Pascale Froment, que publicó un libro sobre el Roberto Succo real, coincidió con Koltès cuando ambos estaban en el proceso de acumulación de datos para sus respectivas obras, y ha contado- -según se repro- C duce en la edición de Roberto Zucco realizada en 1991 por el Centro de Documentación Teatral- -que al dramaturgo no le interesaba la realidad perversa del criminal, eso que hacía de él un asesino aparte, su total frialdad en los crímenes que cometió, la locura infernal que llegaba a dominarle, la encarnación del mal absoluto que representaba en el fondo, según Froment, le importaba muy poco que fuera un asesino. Estaba fascinado hasta la identificación En ese estado de comunión casi mística con el personaje, Koltès llevó a cabo un proceso de transfiguración sublimada de Succo a Zucco, convirtiéndolo en un ángel inverso sin la musculatura ejemplar del héroe ni poseedor de los valores alternativos del antihéroe, una suerte de Hamlet voluntariamente marginal y en perpetuo movimiento- -ambas obras comienzan con la ronda de unos guardianes- que, como no dispone de tiempo, no reflexiona como hace el dubitativo príncipe danés, sino que actúa. El único impulso que mueve a es- Pasqual ha concebido un montaje complejo, con profusión de elementos escénicos, entre ellos la proyección de imágenes, que utiliza muy bien El capítulo actoral es sobresaliente, con un Zucco asumido poderosamente por Iván Hermes, muy bien de presencia y de gesto te liquidador nihilista es la destrucción: está convencido de que el mundo es una cárcel en la que tras un muro se encuentra otro y luego, otro más, y así sucesivamente, por lo que en su búsqueda de la transparencia opta por huir hacia arriba, al encuentro con el Sol, convertido en un Ícaro perplejo y lastrado- -y al tiempo movido- -por la certeza de la única verdad es la de la muerte. No quiero morir. Voy a morir dice en un momento de la obra. Lluís Pasqual, que se enfrenta a Roberto Zucco por tercera vez, ha concebido un montaje complejo, con profusión de elementos escénicos, entre ellos la proyección de imágenes, que utiliza muy bien. La pieza, que fue la última escrita por Koltès, presenta, a mi juicio, diversos desequilibrios, y junto a escenas de rabiosa teatralidad hay otras desarrolladas bastante convencionalmente, entre el apunte naturalista y el brochazo truculento. Y eso pesa a veces en la función, que transcurre a diferentes velocidades y cambiantes temperaturas dramáticas, tal vez como corresponde a la peripecia zigzagueante del protagonista. El capítulo actoral es sobresaliente, con un Zucco asumido poderosamente por Iván Hermes, muy bien de presencia y de gesto, en la estela de la belleza hosca, torturada e inconformista de Marlon Brando. Mercedes Sampietro dota de elegante distancia su papel, y Carmen Machi, Patxi Freytez, María Asquerino, Celia Bermejo y Antonio Medina, por citar algunos nombres del amplio reperto, dan a sus personajes, como hacen el resto de sus compañeros, un punto de desgarramiento costumbrista en contraste con la ominosa e inquietante emanación poética que desprende el Zucco de Hermes. oy por hoy no sabemos si Fabio Biondi habría aprobado las oposiciones a la Real Capilla de Madrid. Si tenemos el convencimiento de que no son apuros los que pasa al interpretar las sonatas que Francisco Corselli (en origen Courcelle) escribió para que fueran leídas por los candidatos a ingresar en esa institución amparada entonces por un Borbón tan músico como Fernando VI. Quizá por ello, son obras largas, sin el vuelo creativo de lo dirigido al mero disfrute y sí sujetas a lo funcional mediante la acumulación de elementos suficientes como para poner a prueba las dotes técnicas y musicales de cualquier intérprete. Y Fabio Biondi lo es en un grado estimable por mucho que sus versiones se escucharan enmascaradas por un engordado continuo duplicado con la guitarra y demasiado empastado en el resonante salón de actos de Real Academia de Bellas Artes. Biondi y sus compañeros de Europa Galante ofrecieron cuatro sonatas de Corselli más preocupados por caminar juntos que por buscar refinamientos, aunque hubiera trazos de interés como los escuchados al solista al poco de iniciar la última sonata en re menor, justo antes de que se incorporara la gorda anchura del acompañamiento. Junto a Corselli estuvo la música de los madrileñizados Nicola Conforto y Luigi Boccherini, homenajeado de fondo en este año en el que celebramos el 200 aniversario de su fallecimiento. Ante el primero tomó protagonismo el mandolinista Giangiacomo Pinardi cuyas estupendas maneras hubieron de sortear las dificultades para el ajuste en el primer movimiento del Concierto en re mayor ofrecido en versión para trío, y la irregular afinación del instrumento en el andante Luego, con Boccherini fue el violonchelista Maurizio Naddeo el protagonista. Buen intérprete, seguro en el comprometido registro agudo del violonchelo y animoso ante las variaciones finales de la Sonata núm. 25 sello distintivo de un compositor que, después de la aparición del riguroso Corselli, vino a relajar y a endulzar la mirada de la música española y, también en algo, la extensión de este concierto centrado en el esfuerzos de quienes, como Biondi, hubieron de comprometerse con las obras de oposición a una de las más nobles capillas musicales de nuestro siglo XVIII.