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44 Sociedad LUNES 21 3 2005 ABC Medio Ambiente EL RECUERDO DE FÉLIX RODRÍGUEZ DE LA FUENTE JAVIER CASTROVIEJO Presidente del Comité Español del Programa Hombre y Biosfera- Red IberoMab, Unesco N o era una visita más, y luego diré por qué, la que realizaba aquella radiante mañana de finales de julio de 1957 a la gran robleda de las rías bajas gallegas. No, aunque las ceremonias de recepción con el graznido de los arrendajos, el relincho del pico carpintero, los gritos del mirlo, que vuela asustado, y la sensación indescriptible de frescor y agobio, de cobijo y desamparo que te envuelve en el bosque, fuese la familiar. Y aunque el canto de la oropéndola en las copas más altas, el tintineo de herrerillos y carboneros, el tamborileo del carpintero que busca comida, diera la sensación de que las cosas habían vuelto rápidamente a su sitio y de que la gran criatura viva con ritmos propios que susurra o gime según los pulsos de la naturaleza, que es el bosque, indicaba que te había admitido de la forma habitual. Y así, mientras con cuidado, deteniéndome a cada poco, recorría yo entre mozo y mozalbete la carballeira, se produce de pronto el profundo silencio, solamente interrumpido por los espasmódicos sonidos de máxima alarma de mirlos y petirrojos, que antecede a los grandes acontecimientos en el bosque. Y entonces una silueta fugaz de ave de cola larga y alas romas, que se desliza entre los troncos de los árboles, pasa muy cerca de mí, y tras una ascensión casi vertical se posa en una masa oscura que no distinguía bien y no era otra cosa que su nido. Se trataba de una gran hembra de gavilán que iba a revisar el estado de sus pollos. Ciertamente, como dije al principio, no era una visita cualquiera de las mu- AYUNTAMIENTO DE TORREJON DE ARDOZ CONTRATACIÓN 14 Y 15 2005 ANUNCIO Próximamente aparecerá publicado en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, convocatoria, mediante procedimiento abierto y concurso para los expedientes siguientes: -Expte. 14 2005: Ejecución Proyecto de Construcción de Ronda Norte de N- II desde el Limite del Termino a Calle Brasil de Torrejón de Ardoz, Fase 1 Tramo- 1 Conexión A- 2 con Calle Maestro Chapi. -Expte. 15 2005: Ejecución Proyecto de Construcción de Ronda Norte de N- II desde el Límite del Termino a Calle Brasil de Torrejón de Ardoz, Fase 1 Tramo- 2 con Calle Maestro Chapi, a Conexión con Calle Brasil. Por Importe de 671.698,93 e IVA INCLUIDO y 1.771.192,66 e IVA INCLUIDO, respectivamente, y si es de su interés, pueden presentar oferta económica, con un plazo de presentación de VEINTE DÍAS NATURALES a partir de su publicación en el Boletín indicado. Las Condiciones Económico- administrativas se encuentran en el Departamento de Contratación, y en www. pliegos- publicos. com. Los gastos de publicidad serán abonados por el adjudicatario. Torrejón de Ardoz, 15 de Marzo de 2005. Alcaldesa Presidenta. Fdo: Trinidad Rollán Sierra. chas que había hecho, y las otras muchas que por suerte pude hacer a los bosques atlánticos. En este caso me impulsaba el especial anhelo que había despertado en mí las cartas de un estudiante de medicina, de nombre Félix Rodríguez de la Fuente, y que entonces era un perfecto desconocido para la inmensa mayoría de los españoles. Mi padre, que había visto cazar a sus halcones y azores en Madrid, me había hablado del entusiasmo de Félix empeñado, contra viento y marea, en resucitar el noble arte de la cetrería, para lo cual se inspiraba en libros medievales y del renacimiento. Rodríguez de la Fuente se refería en las cartas que me remitía, ya entonces de excelente texto, a no sé cuántas cosas relativas a las aves de presa y la cetrería, y demostraba un enorme interés en los azores y gavilanes norteños que presumía mejor dotados para la caza. Esta correspondencia y mi pasión por las aves, es la que me llevó a explorar las robledas de mi tierra y lo que explica en buena medida intensos momentos que viví, cuando pude encontrar al fin, el primer nido del discreto gavilán. Pocos episodios han despertado más emoción en mi vida y todavía lo recuerdo perfectamente. Fue el arranque de una intensa y fructífera relación con Rodríguez de la Fuente, relación de amistad y respeto mutuo, que sólo interrumpió su muerte hace ahora 25 años. No tengo la pretensión, ni remotamente, de tratar ahora su obra, ni al impacto de ésta en España y el mundo, pero tampoco quiero que pase esta ocasión sin rendirle un sencillo homenaje a este gran hombre. Félix Rodríguez de la Fuente era vital y cálido en el trato, poseía un especial atractivo contagioso, y como todo el mundo sabe, una sorprendente facilidad de palabra y grandes dotes de comunicación. Pero yo no sé si con todo era más de admirar su estilo y su facilidad para escribir. Buen atleta, era un excelente especialista de 400 metros lisos, y con frecuencia él y yo íbamos corriendo desde la Ciudad Universitaria, donde ambos residíamos, hasta la Casa de Campo para alimentar a sus halcones. No fumaba, bebía algún vaso de buen vino y poseía una capacidad de trabajo asombrosa. Era un lector incansable con una envidiable facilidad para sintetizar lo esencial de lo que leía u oía, atento a los científicos u otros expertos con los que trataba. Así fue capaz de unir a sus cualidades de comunicador un mensaje de enorme interés científico que actualizaba continuamente. Hizo que los que se expresaban en español se familiarizasen con las pirámides tróficas, los ecosistemas, los hábitats, la diversidad, la variación geográfica, las dinámicas poblacionales, y otra serie de conceptos básicos de la Ecología y también de la Etología, al explicarles lo que era la jerarquía, la territoriali- Los investigadores de la naturaleza tienen una enorme deuda con Félix Rodríguez de la Fuente. A él se debe el respeto que hoy se les tiene dad, la agresividad o el troquelado. Supo captar y transmitir lo que era la evolución biológica y su significado a nivel de especie, comunidad y ecosistema como captó también el papel del hombre en la naturaleza y cómo los humanos, que habían evolucionado adaptándose a su medio, intentaban ahora adaptarlo a sus caprichos, desencadenando la crisis ambiental por todos conocida. Creo que le había tomado bien la medida a nuestra especie. Esto hizo que Rodríguez de la Fuente fuese un divulgador científico extraordinario que contribuyó él solo, más que todas las cátedras universitarias e institutos de investigación del país juntos, a que el gran público conociese los aspectos básicos de la Ecología y Biología. Esta labor y el haber resucitado literalmente el arte de la cetrería, trajo como consecuencia el rescate y la introducción al castellano actual de un gran número de vocablos olvidados, bien por el paso del tiempo, o bien por ser tecnicismos, que han contribuido al enriquecimiento de nuestro idioma y a que el español cuente a nivel mundial en el campo de la conservación, dada la enorme difusión de su obra. Al divulgar especies, sistemas naturales, usos tradicionales de España o Hispanoamérica, únicos, originales y de enorme importancia que hasta entonces eran desconocidos por el gran público, promocionó nuestras culturas y proyectó positivamente nuestra imagen en el mundo. La Real Academia Española de la Lengua hubiese ganado no poco si hubiese incluido entre sus miembros a Félix Rodríguez de la Fuente, quien por otra parte se lo merecía sobradamente. Los investigadores de la naturaleza tienen una enorme deuda con Rodríguez de la Fuente, porque dignificó y por así decirlo, presentó en sociedad su indispensable profesión. El uniforme del científico dejó de ser la bata blanca, y en buena medida, a él se debe el respeto que hoy se tiene hacia los que investigan desde un todoterreno o con una mochila al hombro y unos prismáticos al cuello. En el área de la conservación, la labor de Rodríguez de la Fuente es sencillamente inabarcable. Consiguió que en la España del ave de paso estacazo y ave que vuela a la cazuela en el que las muy oficiales Juntas de Extinción de Alimañas remuneraban con fondos públicos a quien presentase la garra de un águila imperial, la cola y la orejas de un lince o la cabeza de un lobo, se protegiese por ley a las aves de presa, se declarase especie cinegética al lobo, se prohibiese el uso de los venenos y sintiese como algo propio a sus buitres, sus comadrejas, sus humedales o sus avutardas. Y esto no lo logró sólo con sus artículos, charlas de radio o programas de televisión. Soy testigo de los muchos esfuerzos callados y discretos que hizo entre bastidores ante las personas que podían influir de verdad en la política, las finanzas, los medios de comunicación o la administración. Lo conseguido fue mucho, pero sus afanes no siempre fueron coronados por el éxito, como sucedió en la campaña para salvar la Albufera de Valencia y el Saler o la Mancha húmeda, donde influyó muy directamente en la creación del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. Contribuyó de forma importante a que los españoles comprendiesen que la conservación no podía ceñirse a fronteras políticas o administrativas y gracias a sus trabajos en los parques de África Oriental y Suramérica, nuestra sociedad comenzó a percibir que había otros mundos que investigar o proteger. Sus trabajos en los Llanos del Orinoco contribuyeron a la creación de la Estación Biológica El Frío. Félix también era un convencido defensor del desarrollo integrado y siempre consideró que no era posible una conservación duradera sin el uso racional de los bienes naturales. En resumidas cuentas, el Dr. Rodríguez de la Fuente no fue solo un adelantado a su tiempo, sino que consiguió que la sociedad española diese un enorme salto hacia delante y España se situase al nivel de los países más avanzados. En mi modesta opinión, la cuestión no está en constatar el profundo cambio que se produjo en la relación entre la naturaleza y los españoles en la década de los años setenta, sino en que se reconozca que este asombroso giro se debió a la obra de Félix Rodríguez de la Fuente. Creo que es un acto de justicia y seguro que la recién creada Fundación Félix Rodríguez de la Fuente que dirige su hija Odile, asumirá este reto. En cualquier caso, siempre nos preguntaremos incrédulos cómo un muchacho de un pueblo de Burgos (Pozo de la Sal, aislado en aquella España cerrada) que tuvo el coraje de olvidarse de su título de médico y su especialidad de estomatología para iniciar su andadura en un mundo desconocido, consiguió tales resultados. La deuda de gratitud que con él tenemos es sencillamente impagable.